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Malvinas; Parte 22: La opción nuclear.

Capítulo 22


4 de Mayo, Base Aérea Río Grande.
Es una mañana gris aunque con buena visibilidad, en el sur argentino.
La pista está algo húmeda aún por el rocío de la mañana. Se escucha cantar a los teros que picotean entre las hierbas. De fondo se oye, similar al trueno continuado de una tormenta lejana, los motores de dos aviones a reacción que aceleran detrás de la curvatura que hace la pista.
La voz del general Crespo resuena en el recuerdo de la estrategia.
- “A las 0945 hs saldrán de la Base de Río Grande, los Super Etendard; cargados con un misil cada uno y tres tanques de combustible suplementarios”.
La silueta de ambos reactores surge sobre la curvatura acercándose a gran velocidad, desarrollando toda su potencia; para despegar en medio de un estruendo ensordecedor.
- “En las coordenadas 50º 30' S y 65º 30' W, los esperará para repostar un Hércules C-130. Indicativo “Rata”.”
Dos caza interceptores M-5 Dagger escoltan al Hércules mientras éste extiende sus mangueras desde las alas, para que los Super Etendard puedan comenzar con la maniobra de repostaje.
Un jet civil de observación, corrige su vuelo hacia la derecha siguiendo las coordenadas de ruta.
- “Mientras tanto, un Lear Jet LR-35, con indicativo “Dardo” volará en misión de “diversión” (distracción), anticipándose a las alertas de los Harriers ingleses.”
El Neptune que había detectado al “Hermes”, vuela a la cabeza de toda la maniobra. De pronto aparecen dos M-5 Dagger que lo igualan, para protegerlo durante la travesía.
- “Otros dos Daggers, indicativo “Talo”, escoltarán al Neptune. Ésta mantendrá al objetivo en pantalla, para guiar a los Etendard al objetivo hasta que ellos lo “enganchen” con sus radares”.
Horas después, los Super Etendard vuelan rasantes sobre el océano, entre metro y medio y dos metros, levantando detrás de sí un estela de agua como si fueran dos cuchillas cortando el mar a velocidad supersónica.
El comandante de la escuadra hace contacto visual con el Neptune, y le señala al otro piloto. Ambos se preparan para comunicarse con el avión de observación.
Desde el Neptune el radarista digita las coordenadas de su radar al tiempo que se las confirma por radio.
- “Duende”, rumbo 52º 35' S y 57º 33' W.
-Copiado -le confirman ambos pilotos. El Neptune maniobra hacia la izquierda junto con sus aviones de escolta, y pone rumbo al continente.
Ambos Etendard toman un poco de altura para realizar la maniobra de disparo. El Piloto digita las coordenadas, y la pantalla del radar ilumina cuatro objetivos, resaltando el mayor, haciendo un pitido. El objetivo ha sido “enganchado”.
Entonces digita nuevamente para ingresar los datos en el ordenador del misil. Otro pitido con una luz verde parpadeante, y el piloto gatilla. Pasan tres segundos interminables debido al procesador del cohete, hasta que por fin sale disparado.
El otro piloto hace lo propio; luego de esos tres segundos el Exocet se suelta, y a tres metros del caza enciende sus propulsores escupiendo una lengua de fuego, volando en dirección a su objetivo.
Ambos cazas viran, vuelven a pegarse al mar, y se alejan lo más rápido que pueden.
El portaaviones “Hermes” navega escoltado de cerca por dos buques, y un tercero más alejado hacia el Este. Desde su puente de mandos, un oficial visualiza dos puntos blancos que se dirigen hacia ellos. Pero en la sala de radar ya los han detectado, encienden las alarmas y gritan órdenes sobresaltados, intentando salvar al buque del impacto.
-¡Activen las contramedidas!
Digitan desesperadamente las contramedidas electrónicas, pero en el radar los misiles siguen acercándose.
-¡Disparen el chaff!
En el exterior del portaaviones, los cañones de chaff disparan el aluminio para confundir el radar de los misiles. Uno de los misiles se desvía, pero el otro estalla en el aire. El que se ha desviado pasa entre dos buques y se dirige a toda velocidad hacia el destructor Sheffield; el tercer barco que estaba lejos del grupo naval. Impacta de lleno en el centro de
la nave y explota.


5 de Mayo, Buenos Aires.
Manuel conduce su taxi escuchando la radio, mientras lleva un pasajero hasta el Aeroparque Jorge Newbery.
- “El gobierno británico confirma que ayer fue efectuado un ataque contra su flota con misiles Exocets, por parte de aviones de la Armada Argentina. El buque afectado es el acorazado tipo-42, “HMS Sheffield”, en el que se estima un saldo de 87 víctimas entre muertos, desaparecidos y heridos”.
Manuel se detiene en un semáforo en rojo, detrás de un Ford Falcon de la policía.
- “En el día de hoy arribaron al puerto de Ushuaia seiscientos sobrevivientes del crucero “Belgrano”, hundido en la pasada jornada del 2 de Mayo. Fueron rescatados por los buques de nuestra armada, “Gurruchaga”, “Bouchard” y “Piedrabuena” .”
El semáforo se pone en verde, y el taxi retoma la marcha detrás de la patrulla.
- “En respuesta al amenazante movimiento de tropas que realizó Chile, al sur con nuestra frontera, el gobierno peruano ha movilizado a su infantería mecanizada y cohetes hacia la frontera chilena. El Portavoz de Defensa de Perú anunció que si el país andino participa en el conflicto de Malvinas, ellos responderán defendiendo a sus hermanos argentinos”.


6 de Mayo. Aeropuerto de Heathrow, Londres.
Totalmente ajeno a una guerra lejana, la actividad intensa del aeropuerto es tan normal como en tiempos de paz. Aterrizan y despegan los aviones separados por breves espacios de tiempo, el personal de tierra transporta el equipaje, encomiendas y cargan combustible como si las prioridades reales del país fueran otras -y tal vez lo eran-. El más reciente en descargar su equipaje y pasajeros es un vuelo de American Airlines, estacionado junto a la manga de embarque. Entre sus pasajeros, quien acaba de arribar es David O'Neil, que camina entre el tumulto acompañado por su amigo el coronel de la Marina Real, Stephen Fox, que ha ido a recibirle.
-¿Qué tal tu vuelo en un avión civil? -le pregunta Fox, con sorna.
-Pilotan mejor que los de la CIA, te diré.
-Lo dices porque no te incluyen en sus presupuestos. Si trabajaras para nosotros, volarías en nuestros Gulfstream.
-Seguramente... -le responde irónico.


Chequers, residencia del gobierno británico.
En torno al edificio campestre están aparcados decenas de coches de los ministros y mandos militares que han asistido a la reunión más urgente, desde que comenzó el conflicto. Sobre los techos y en el perímetro, vigilan agentes de policía y el ejército. Bastaría una bomba del IRA para que Inglaterra tenga que ir a elecciones anticipadas.
De pie en una enorme sala vitoriana, Stephen Fox presenta formalmente a David O'Neil ante una mesa coronada por la propia Margaret Thatcher. El agente de la CIA se sorprende al notar que no es tan pequeña como se la imaginaba, y su expresión pétrea le resulta algo intimidante.
-La Sra. Primera Ministra...
-Mis respetos, Primera Ministra.
-El señor Ministro de Exteriores Francys Pym, el señor Minsitro de Defensa John Nott... -y así sucesivamente hasta que por fin toma asiento. Continuando con el papel de anfitrión, Fox pasa a explicarle sobre la importancia del encuentro, en un tono casi protocolar que seguramente ambos repudian, pero sonaba antojadizo de la Primera Ministra.
-Como comprenderás David, a esta reunión ni siquiera han asistido nuestros secretarios personales. Eres el primer agente de la CIA que asiste a una Juunta Ministerial de nuestro gobierno.
-Lo entiendo -asiente con la cabeza.
Margaret Thatcher continúa.
-Quiero expresarle mi agradecimiento por la información tan útil que nos están transmitiendo en el desarrollo de esta contienda, señor O'Neil.
-Se lo transmitiré personalmente a nuestra Agencia y al Pentágono, Señora Ministra -entonces mira al resto del grupo. -De hecho, quiero agradecerles que nos permitan comunicarnos con nuestro agente en Falklands a través de su enlace en Punta Arenas, Chile; lo que hace una comunicación más segura para él.
-Me alegra saberlo. En la semana enviaremos más equipos desde la Isla de Pascua, que encriptarán mejor las comunicaciones -le comunica Anthony Acland.
-Hemos intentado mejorar la seguridad de la conexión desde el satélite, pero no hemos tenido mucho éxito la verdad. Se ha arriesgado a tal punto que fue interrogado por la Policía Militar argentina.
Los mandos se sorprenden; pues acaban de enterarse.
-¿Lo... torturaron? -pregunta Thatcher.
-No, no. En absoluto; pero sí dudaron de su doble identidad.
Sir John Fieldhouse, pregunta afirmativamente.
-No corre peligro su vida, entonces.
-No -responde rotundamente. -De momento seguimos contando con el SAS británico para una extracción, ¿verdad? -refiriéndose al cuerpo de operaciones especiales de la marina.
-Así es -responde Fieldhouse.
El Ministro de Defensa le extiende un expediente.
-Estos son los daños ocasionados por los Exocets.
David abre la carpeta y empieza a observar las fotos del Sheffield: el impacto en el centro del buque, los daños extendidos por el fuego; pero de pronto encuentra otra de un puente de mandos que no reconoce. Se ven los cristales rotos, antenas dañadas, e impactos de metralla.
-¿Este también es el Sheffield? Pareciera el puentes de un portaaviones –le pregunta extrañado al Ministro.
-Es un portaaviones –responde parco. –El “Hermes”, señor O’Neil.
David queda desconcertado.
-Pero si en el cable confidencial sólo menciona al Sheffield…
El Ministro asiente.
-Por eso estamos reunidos aquí –enseñándole las palmas de las manos –y aquí es donde se lo decimos.
-Si sale a la luz que un país del tercer mundo es capaz de golpear los portaaviones de la OTAN, o dos buques al mismo tiempo; los comunistas nos perderían el respeto, y tal vez no se lo pensarían mucho el día que quieran atacarnos –le confiesa el coronel Fox.
-Los dos misiles iban dirigidos al “HMS Hermes”. Gracias a las contramedidas electrónicas y a los cañones de chaff, uno se desvió hacia el “Sheffield”, pero el otro explotó a 20 metros del portaaviones debido a una espoleta de aproximación que llevan los Exocets. La deflagración afectó seriamente al primer y segundo puente de mandos- le explica John Nott, y luego sonríe resignado. –Casi queda a la deriva… Por no hablar de las 90 víctimas del “Sheffield”.
-Entiendo… es un desastre. ¿Cuáles son las alternativas para el almirante Woodward, ahora?
-Las medidas que ha tomado de momento son, alejar los portaaviones al sureste, y está llevando al “Hermes” a las Georgias del Sur para reparar los principales daños –le responde Fieldhouse. –Hizo bien en recuperarlas ni bien llegó a la zona. Intensificó los bombardeos nocturnos para acelerar el desgaste de las tropas argentinas. Estamos en contacto permanente diseñando estrategias para dominar el cielo y el mar lo más pronto posible, y acabar on esto. No queremos que se prolongue más tiempo… Primero, por el eterioro que están sufriendo los barcos. Y segundo, ya emos que los exocets pueden traernos más problemas.
-¿Francia no les ha entregado los códigos de desactivación?
-Nos costó mucho –responde Francys Pym. –No querían quedar como un proveedor poco fiable ante los países compradores.
Anthony Acland le extiende un dossier que David empieza a hojear.
-Necesitamos que los desactiven vía satélite –le indica Acland.
-Con el clima que hay en aquella zona, lo tendremos difícil…-murmura David. Entonces mira a Pym.
-¿Cómo consiguieron los códigos?
-Le dijimos a Mitterrand que si Aerospaciale, que es la fábrica, no colaboraba, llevaríamos el caso ante la OTAN para rescindir los contratos a los países miembros.
O’Neil asiente arqueando las cejas admirando la determinación de Francys Pym, mientras éste continúa.
-También retrasaron la entrega de misiles a Perú, porque la Inteligencia francesa descubrió que están desviando armamento comprado a ellos, como a Alemania e Israel.
-Exacto, y nos han dado el paradero del emisario que envió la Junta Militar a Europa en busca de misiles exocets -agrega Acland, y abre un expediente para ayudarse a recordar los detalles. –Es el capitán de corbeta Carlos Corti. Lleva desde principios de Abril en París, intentando hacer todo tipo de gestiones para conseguir más exocets –Y comparte con David el expediente para seguir detallándole.
-Ocurre que la empresa Aerospaciale aún le debe a Argentina unos 10 Super Etendard con sus kits de misiles. En la siguiente página figura el teléfono de su despacho en París. Nosotros hemos…
-¿Es este de aquí, el 553-7945? –lo interrumpe David.
-Sí, ese mismo. Como le decía… hemos diseñado una tapadera de falsos traficantes de armas, en base a las escuchas telefónicas que le hemos hecho con ayuda de la Inteligencia francesa. Queremos hacer que deposite dinero en diferentes cuentas bancarias, sin obtener ningún resultado, y así desalentarlo económicamente.
-Sabemos que planea robar 30 unidades de los depósitos de Aeroespaciale –interviene Margaret Thatcher fríamente.
O’Neil cree que es el momento propicio para soltar la bomba sobre la mesa, y abre lentamente su maletín, sacando los expedientes y carpetas que preparó para la reunión. Mira directamente a Thatcher y le dice con expresión de pesar.
-Argentina ya compró sus exocets, Señora Ministra.
Todos quedan perplejos.
-¿Qué dice, señor O’Neil? –le pregunta ella, molesta.
-Eso es imposible…-comenta el coronel Fox.
-Lamentablemente no –le replica O’Neil. –Y la responsabilidad recae en nosotros, la CIA, ya que la Junta Militar no se limitó a buscarlos en Europa. También en Oriente Medio y en Latinoamérica. Pero mi división ha estado tan centrados en la lucha anti-guerrillas de América del Sur, que se nos pasó por alto la operación que llevaron a cabo en Panamá.
-¿Panamá…? –pregunta John Nott.
-El Ministerio de defensa panameño no figura en el listado de compradores de Aeroespaciale –le dice Thatcher. -¿Está queriéndonos decir que la Francia realizó una venta encubierta?
-No por favor, no… Ni siquiera ha sido el gobierno de Panamá quien se los revendió –y hace un gesto con las manos intentando ordenar la información en su cabeza. –Voy a intentar exponer esto lo más simple posible.
O’Neil mira a todo el grupo.
-A ver… tememos que en la operación participaron dos empresas privadas con filiales en todo el mundo –y comienza a separar folios del expediente. –Bellatrix S.A. , perteneciente al Banco Ambrosiano, y el propio banco. El dinero fue depositado en dos cuentas de Panamá.
Y les desliza los listados a los presentes, como si fueran cartas de naipes.
-Ahora bien; la operación pudo ser realizada por una de las empresas accionistas del Ambrosiano y quedar perfectamente en el anonimato, por lo siguiente: el banco fue un aliado financiero nuestro cuando necesitábamos lavar dinero de la Contra Nicaragüense. En aquel entonces nunca nos importó su funcionamiento, y tampoco nos convenía saberlo.
Por un momento reina el silencio en la enorme sala.
-¿Existe alguna manera de detener el proceso, sin llegar a bombardear las bases en Argentina, o ya es demasiado tarde? –pregunta Acland.
O’Neil niega con la cabeza, y luego se explaya.
-Sabemos que el contacto partió de la sucursal que tiene el Ambrosiano en Perú. Los misiles deben estar camino a Lima.
Fieldhouse se echa hacia delante inquiriendo a O’Neil.
-Pero vamos a ver… ¿el propio banco que era su aliado en la lucha contra los comunistas en Sudamérica, hizo de vendedor y comprador?
Y aquí reitero, ¿su aliado, quiere que nosotros perdamos la guerra contra los argentinos?
Este razonamiento cae como un cubo de agua fría sobre los presentes.
-¿Con qué gentuza tratan ustedes, señor O’Neil? –insiste molesto, pero sin alzar la voz.
-Le insisto que no sabemos cuál de las empresas accionistas inició la operación a parte de Bellatrix.
Acland se ríe incrédulo acomodándose en la silla.
-¿Y qué hacemos? ¿Bombardeamos Perú?
-O’Neil; le explico la situación: tenemos al MI6 desplegado en Francia, en el sur de Chile, y no podemos descuidar la frontera con Alemania Oriental porque nos la pegan los soviéticos. Para serle sincero, estamos desbordados. Necesitamos que ustedes se impliquen más, así nosotros nos enfocamos en el desembarco para acabar cuanto antes con la ocupación argentina.
-Nos encargaremos de dar con esas empresas –asiente David, intentando despreocuparlo.
-Eliminarán esos proveedores –le pregunta Acland.
-Es posible.
La Primera Ministra hace entonces quizás una muestra de por qué la llamaban “la dama de hierro”, quienes la temían u odiaban.
-Verá señor O’Neil… Nuestra flota podrá aguantar poco más de dos meses, en el estado que se encuentra. Luego tendrá que regresar a puerto si no queremos que los barcos se desarmen solos. Pues entre las operaciones para la OTAN y ésto, llevan mucho tiempo sin mantenimiento.
Con lo cual le quiero decir, que antes de ese margen de tiempo, las islas tienen que estás liberadas. Por ello, si veo que en ese plazo no estamos ganando la guerra… recurriré a un ataque nuclear con los misiles Trident que acabamos de comprarles.
Ante la expresión contenida de estupefacción de David, ella continúa.
-Hemos analizado los posibles blancos, y concluido que el que menos afectaría a la región, sería la provincia de Córdoba.
Ambos sabemos cómo quedará la imagen de nuestros países si dicho ataque se hace efectivo… Por ello le pido la máxima celeridad para que esos exocets queden neutralizados –y lo mira fijamente a los ojos al tiempo que suaviza el tono –Porque estoy dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias, si Argentina sigue hundiendo mis barcos.
David permanece en silencio en medio de una atmósfera que se ha tornado densa e irrespirable. La OTAN aprobaba el porte de armas nucleares sólo para persuasión, a no ser que hubiera una amenaza real por parte de un enemigo con igual arsenal; pero este no era el caso, y sí era un chantaje en toda regla.
-Primera Ministra, no quiero faltarle el respeto pero… eso le traería a su país unas consecuencias inimaginables.
-No, perdóneme: a su país también. Estoy haciendo, señor O’Neil, que usted y su gobierno entiendan que no se puede apoyar a medias a un aliado como Inglaterra. Los dos estamos en el mismo barco, y eso nos lleva a terminar la travesía juntos, o nos hundimos con él.

Continuará.


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Fuente: La obra es de mi autoría.

1 comentario - Malvinas; Parte 22: La opción nuclear.

Giian97
Las malvinas siempre fueron argentinas...♪♪
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