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Historia de la Guitarra

Guitarra, historia

Historia de la Guitarra

El Polifemo de oro

La música, el “bien combinar los sonidos en el tiempo”, es una de las artes más difundidas y estimadas a lo largo de la historia. El presente no es la excepción, los sonidos musicales inundan nuestro ambiente: en la radio, el cine, la televisión, el teléfono, los centros comerciales, las fiestas, los teatros, el carro de la nieve…el mundo está lleno de música.
Para ser (esto es: ser audible) la música ocupa un generador que la concrete: una de ellos, el natural, es la voz humana; otro, de carácter artificial, es el instrumento musical. A estos instrumentos músicos, numerosos al extremo, se les tiene que clasificar por afinidades, según diversos criterios, así, por su elemento productor de sonido, se les cataloga como metales (por ser el metal el material del que están hechos –por caso. La trompeta, elaborada en latón-), las maderas…; se les agrupa por la manera en que se hacen sonar, como, por ejemplo, los alientos (porque se soplan), las percusiones (porque se golpean, se percuten)…; se les clasifica por su capacidad para producir o no varios sonidos a la vez, así hablaremos de instrumentos monódicos, en el primer caso, o polifónicos, en el segundo. Aún hay otra clasificación según el sonido sea producido de forma natural, como todos los ejemplos anteriores, o artificial o sintética, si la onda sonora se genera gracias a dispositivos electrónicos, como en el caso de la innumerable variedad de teclados modernos. La guitarra, atendiendo a estas clasificaciones, se define como un cordófono (instrumento de cuerda) de la familia del laúd (instrumento antiguo del cual hablaremos adelante); que se puntea (por la forma de tocarlo con los dedos); de capacidad polifónica (puede sonar dos o más notas musicales al mismo tiempo); y de sonido natural (en oposición al sonido sintético o artificial).
Refiere Glev Anfilov2 que los antepasados de la guitarra se originaron en Asiria y Babilonia hace cerca de cinco mil años, cuando estos pueblos combinaron algunas invenciones preliminares. Así la primitiva arpa (en su origen, reza una hipótesis sobre su creación, un arco de caza con una –después varias- cuerdas, de origen animal entonces, tendidas sobre él); la caja de resonancia (un artificio que amplificará el volumen usando para ello madera ahuecada, calabazas huecas, cráneos y conchas de animales, y finalmente de planchas de madera pegadas entre sí); el mástil o mango (pieza recta sobre la que se tienden las cuerdas y que, graduado por divisiones –antes de tripa, luego de hueso y hoy de metal-, permite que cada cuerda pueda producir diferentes sonidos según la mano izquierda la “pise” o “corte”), y las clavijas (piezas necesarias para ajustar las cuerdas a la tensión deseada -primero de madera; después en un mecanismo metálico-). Todos estos preliminares se integran en un instrumento que los árabes denominarían Laúd (Al´ud, la madera).

musica

Con el tiempo, nuestro instrumento se extiende por oriente (Persia, India y China); para el siglo XV antes de nuestra era lo vemos en Egipto, y 22 siglos después cruza el Mediterráneo, durante la invasión de los moros, para conquistar Europa entera. Del laúd nacen variantes. Una de ellas es la vihuela, favorita de España, país que se resiste al avasallamiento del laúd. De esta última derivará la guitarra.
-El poeta andaluz Federico García Lorca, dentro de su producción literaria, llama a nuestro instrumento músico “El Polifemo –monstruo mitológico de un solo ojo- de oro –por su color usualmente amarillo-“.


El número de órdenes (pares de cuerdas afinadas igual) de este desaparecido laúd y de sus descendientes varía con una tendencia al aumento que va desde cinco o seis y llega a su clímax, en el siglo XVIII, con los laúdes de ¡hasta catorce pares de cuerdas!4 El tamaño del instrumento también experimentará variaciones –habrá laúdes minúsculos y enormes Chitarrones (ilustración)- llegando a su dimensión actual con la guitarra de Antonio de Torres en la segunda mitad del siglo XIX. El número de cuerdas también se estabiliza en seis, salvo excepciones que abordaremos más adelante.
Actualmente se realizan importantes esfuerzos para devolver a antiguos instrumentos su esplendor perdido. En el rescate del laúd están comprometidos importantes instrumentistas y han logrado significativos resultados.
Tania Vicente León. Análisis semiótico sobre las tablaturas para laúd, en http://www.vinv.ucr.ac.cr/latindex/kanina-29-2/327-leon.pdf

guitarra

Además de ser un privilegio cortesano (Siglos XVI y XVII), la guitarra siempre tuvo cálida acogida en el pueblo. Este la convirtió en acompañante de canciones, en compañera del “tablao” (guitarra de flamenco) y, en tiempos modernos, en instrumento propio de la orquesta de jazz –como guitarra eléctrica-, y en sus modalidades folklóricas, como requinto (tan caro a nuestros tríos románticos), jarana (en la Huasteca), tres (en Cuba), colombiana, etc.
En la ilustración: Guitarras eléctricas 1 y 2; requinto y jaranas.

Desde siempre, hubo hombres deseosos de que la guitarra retomara, independientemente de su uso popular, su papel “serio”, formal, su capacidad de instrumento “de concierto”. Francisco Tárrega (España, 1852-1909) fue uno de ellos; con su virtuosismo obligó al público de su tiempo a apreciar las capacidades del instrumento que nos ocupa (es autor de la célebre pieza Recuerdos de la Alhambra). Antes de que Tárrega resucitara a la guitarra del ingrato olvido al que la había llevado el embate del piano y del violín, nuestro instrumento gozó del favor del público en varias épocas: los compositores –que a su vez, como el anterior y el resto de los citados en este párrafo, eran ejecutantes- Luís –o luys- de Milán, Luís de Narváez y otros cultivadores lo hicieron con la vihuela española del XVI -antecesor y pariente de la guitarra actual, de menor tamaño y con seis cuerdas dobles-; también John Dowland –en Inglaterra- y el propio Bach –en Alemania-, dotaron al laúd (otro antecesor, ya citado) de repertorio perenne; Gaspar Sanz hizo lo propio con una pequeña guitarra llamada barroca; Fernando Sor –español, de nuevo-y Mauro Giuliani –de la Italia pródiga en música operística-, se convertirían en los clásicos del instrumento, hecho este ya guitarra. Kaspar Mertz, en Alemania y Julio Regondi, en Italia, comparten sus tiempos de gloria con el célebre Tárrega, ya mencionado.

clasica

En el siglo XX el promotor sin rival de la guitarra fue, indudablemente, el andaluz Andrés Segovia. Este singular virtuoso supo unir dotes de excelso artista; de paciente y profundo investigador -rescató del olvido a no poca música-; de “conquistador” de compositores no guitarristas. Para él escribieron páginas imperecederas el mexicano Manuel Ponce (autor de la conocidísima canción “Estrellita”), Federico Moreno-Torroba, y Joaquín Rodrigo (creador del concierto de Aranjuez), entre otros; Segovia también fue un formador de talentos interpretativos. Algunos ejemplos: el australiano John Williams (homónimo del compositor de música para cine), Alirio Díaz (quien a su vez detonó el movimiento formativo de talentos guitarrísticos en su natal Venezuela) y Julian Bream, guitarrista inglés de prestigio mundial, fueron sus discípulos.
En América, en el recientemente pasado siglo XX, lo compositores Heitor Villalobos (de Brasil), Antonio Lauro (de Venezuela) y sobre todo el mexicano Ponce –ya citado-, y el cubano Léo Brouwer, han dado a la guitarra un importante posicionamiento mundial.
En la actualidad, siendo ya guitarra, el número usual de cuerdas es de seis, con las excepciones que suponen instrumentos (de experimentación por lo general) de siete (“séptima”, de fines del siglo XIX), ocho (“Octacordio” de Soberanes5), diez (modelo de Narciso Yepes6) y hasta once cuerdas (modelo que el norteamericano James Kline promueve7).
Una copia del “octacordio” (bautizado así por Aldo Rodríguez) se encuentra en el Centro de Ciencias de Sinaloa, Mexico.
Narciso Yepes creó la guitarra de 10 cuerdas con dos intenciones: acercarse a las posibilidades del laúd, y hacerse de las cuatro cuerdas adicionales en calidad de resonadores.
Actualmente, la guitarra de concierto, llamada clásica o académica, superadas las etapas de olvidos recurrentes –cedió, en su momento, ante los embates del Pianoforte, el actual piano-, goza de cabal salud: en el mundo entero se le cultiva; los virtuosos del instrumento se cuentan por cientos; se celebran festivales de la especialidad en los cuatro confines; su enseñanza en universidades y conservatorios es sobreentendida, los conciertos son cotidianos; se compone para ella en gran cantidad... El afortunado diagnostico es que, a la vista de su historia y de su momento actual, gozará de larga y sana existencia en el futuro.


GRACIAS POR VISITAR EL POST!

1 comentario - Historia de la Guitarra

hesoyam11
faltaron imagenes pero buen post +3