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buscando justicia en el narcosocialismo santafesino

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Domingo, 14 de abril de 201301:00 | Policiales

Sobreseyeron a dos jóvenes tras 17 meses de penar una causa "inventada"

Habían sido detenidos por averiguación de antecedentes y, tras ser conducidos a la seccional 11ª, los imputaron por amenazas coactivas a una sargento de policía.

justicia
libres. Eliel Fernández y Alejandro Pretti contaron los detalles de su caso.

Los dos muchachos están enojados pero no gritan. Sólo muestran el documento judicial que los declara inocentes de un delito que jamás cometieron. Eliel Fernández y Alejandro Pretti fueron detenidos en un oscuro operativo y acusados de amenazas coactivas por Graciela Suárez, una sargento de la policía provincial que en noviembre de 2011 se desempeñaba en la seccional 11ª y a quien ellos acusan como parte de una red de complicidades. Diecisiete meses después, y luego de recorrer todos los pasillos de los Tribunales y soportar largas esperas, el juzgado de Instrucción número 11 los exculpó. Pero a ellos no les alcanza y dicen que van a ir hasta el final. "Nos armaron una causa que no existió y no puede ser que los policías que lo hicieron no asuman sus responsabilidades y estén trabajando e impunes", contaron al unísono a La Capital. En ese sentido acotaron que "demandarán a quien sea" en busca de Justicia.

Los hechos fueron sencillos, los avatares para llegar a la verdad complicados. Todo sucedió cuando cerca de la medianoche del 30 de noviembre de 2011 los muchachos circulaban por Ayacucho al 6300 en un Fiat Uno de la empresa Kuma Internacional, contratista de Direct TV, para la que trabajaban. "Ibamos en el auto de la empresa, identificado y con logos azul y amarillo", contaron. Entonces los interceptó un patrullero del cual bajaron tres policías. Tras una charla muy cortante los llevaron demorados a la seccional 11ª por averiguación de antecedentes.

De víctimas a victimarios. Una vez en la 11ª los muchachos fueron ubicados en un "pasillo central, pasando la guardia". Y 10 minutos después "apareció una señora vestida de civil, con un jean y una remera de color azul que se dirigió amenazante a Eliel. «Vos fuiste el cara de verga que me amenazó", le dijo la mujer policía. Tras ello "sacó un arma de fuego de la cintura y me apuntó", recordó Fernández.

En tanto, Pretti atravesaba un ataque de pánico. La sargento ingresó al despacho del subcomisario que estaba a cargo de la seccional: "Claudio Centurión", dijo Fernández. Momentos después ingresó también "el sumariante Garay" y se dirigió a Pretti, a quien le espetó: "Pendejo, decile a tu viejo que deje de llamar por teléfono, que no lo voy a atender porque ustedes están acá por las cagadas que se mandó tu viejo". En ese sentido, Alejandro expresó que su padre es sargento policial en actividad y que al ser demorado pudo comunicarse con él para comentarle la situación.

Una hora después, el subcomisario Centurión salió de su despacho y "ordenó al oficial de guardia que preparara dos juegos de fichas" dactiloscópicas, contaron los muchachos. Tras ello el oficial se fue de la comisaría y Eliel y Alejandro terminaron fichados. "Les preguntamos por qué nos hacían eso y sólo nos dijeron que eran órdenes del jefe", recordaron. Dos horas después de haber ingresado y tras firmar una declaración que ni siquiera pudieron leer, los muchachos fueron liberados.

Acusados. Pero la vida de los jóvenes iba a rotar 180 grados en los siguientes 17 meses. Tenían una causa abierta, estaban "sucios" y con varios temas para aclarar y muchas demandas para hacer a la Justicia. Lo primero fue sentar una denuncia en Asuntos Internos por abuso de autoridad y exponiendo a los policías Suárez, Centurión y Garay por lo que consideraron "abusos y apremios ilegales".

"Nos movimos por todos lados. Solos, sin abogados pagos y solamente planteando nuestros derechos", contó Fernández, quien tiene una activa vida social y política en la zona sur de Rosario.

Por su parte Pretti, hijo de un suboficial de policía, sostuvo que al salir de la seccional un oficial les dijo: "Ustedes saben lo que tienen que hacer". Y lo hicieron a partir de su conocimiento de cargos, nombres y lugares en los que parece moverse cómodo en esa maraña de uniformes y expedientes.

"¿Por qué teníamos que tener una causa abierta? ¿Qué habíamos hecho?", se preguntó Pretti. "Sabíamos que la pelea era contra algo inmenso: los que encubrieron a quienes nos amenazaron". Y enumeró los pasos segudidos en el derrotero. "Fuimos a la Defensoría del Pueblo. Ahí nos pusieron una defensora oficial, Mirtha LLonch. Y cuando le dijimos cómo era el tema nos aseguró que íbamos a ser sobreseídos y así fue", dijo Pretti orgulloso.

A Pretti le dijeron que la "bronca" era con su padre y el muchacho cuenta orgulloso que su papá es "más que decente, un buen policía". Y acotó que "cuando nos armaron esa causa la sargento Suárez ni sabía el color del auto en el que íbamos. En su denuncia puso que era blanco cuando en realidad estaba pintado con los colores de la empresa. Se confundía todo y así armaron este embrollo ", dijo nervioso.

"En el año que pasó pudimos ver a dos jefes de la policía de Rosario y le mandamos cartas a todo el mundo", asegura Pretti. Y mostró una misiva en respeusta a la que ellos mandaron a la presidencia de la Nación y en la que aseguran que el caso pasó al Ministerio de Justicia. Tiene acumulados unos cuatro expedientes iniciados en distintas reparticiones y varias horas de espera en las oficinas judiciales.

"Tuvimos miedo, pero sabíamos que no habíamos hecho nada y queríamos Justicia. ¿Por qué arrastrar esta causa por el resto de nuestras vidas?", dijeron. Sin embargo, y pese a su postura ética y la fuerte convicción que los moviliza, aseguran que "no vamos a demandar a la provincia porque es como enjuiciarnos a nosotros mismo. Si ganamos un hipotético juicio nos lo van a pagar con con la plata que se recauda mes a mes de los mismos impuestos que nosotros pagamos", dicen. Y parece que hablara la voz de la implacable lógica ciudadana.

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