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De la redención





DE LA REDENCIÓN.
Friedrich Nietzsche


Un día en que Zaratustra estaba atravesando el gran puente le rodearon los lisiados y los mendigos, y un jorobado le habló así:

“¡Mira Zaratustra! También el pueblo aprende de ti, y comienza a creer en tu doctrina: mas para que acabe de creerte del todo se necesita aún una cosa – ¡tienes que convencernos primero a nosotros los lisiados! ¡Aquí tienes ahora una hermosa colección, y, en verdad, una ocasión que se puede agarra por más de un pelo! Puedes curar a ciegos y hacer corre a paralíticos; y a quien lleva demasiado sobre su espalda podrías sin duda también quitarle un poco: – ¡este pienso yo, sería el modo idóneo de hacer creer a los lisiados en Zaratustra!”.

Mas Zaratustra replicó así al que había hablado. “Si al jorobado se le quita su joroba se le quita su espíritu -así enseña el pueblo. Y si al ciego se le dan sus ojos verá demasiadas cosas malas en la tierra: de modo que maldecirá a quien le curó. Y el que haga correr al paralítico le causa el mayor de todos los perjuicios: pues apenas pueda correr, sus vicios, desbocados, lo arrastran consigo – así enseña el pueblo a propósito de los lisiados. ¿Y por qué no iba Zaratustra a aprender también del pueblo, si el pueblo aprende de Zaratustra?

Mas, desde que estoy entre los hombres, para mí lo de menos es ver: ‘A éste la falta un ojo, y a aquél una oreja, y a aquél tercero la pierna y otros hay que han perdido la lengua o la nariz o la cabeza’.

Yo veo y he visto cosas peores, y hay algunas tan horribles que no quisiera hablar de todas, y de otras ni aun callar quisiera: a saber, seres humanos a quienes les falta todo, excepto una cosa de la que tienen demasiado -seres humanos que no son más que un gran ojo, o un gran hocico, o un gran estómago, o alguna otra cosa grande, – lisiados al revés los llamo yo.

Y cuando yo venía de mi soledad y por vez primera atravesaba este puente: no quería dar crédito a mis ojos, miraba y miraba una y otra vez y acabé por decir: ‘¡Esto es una oreja!, ¡una sola oreja tan grande como un hombre!’. Miré mejor: y, realmente, debajo de la oreja se movía aún algo que era pequeño y mísero, y débil hasta el punto de provocar lástima. Y verdaderamente la monstruosa oreja se asentaba sobre una pequeña varilla delgada ¡y la varilla era un hombre! Quien mirase con una lente podría haber reconocido aún un pequeño rostro envidioso; y también que en la varilla se balanceaba una abultada almita. Y el pueblo me decía que la gran oreja era no sólo u hombre, sino un gran hombre, un genio. Mas yo jamás he creído al pueblo cuando ha hablado de grandes hombres y mantuve mi creencia de que era un lisiado al revés, que tenía muy poco de todo, y demasiado de una sola cosa”.

Cuando Zaratustra hubo dicho esto al jorobado y a aquellos de quienes éste era portavoz y abogado volvióse con profundo mal humor hacia sus discípulos y dijo:

“En verdad, amigos míos, yo camino entre los hombres como entre fragmentos y miembros de hombres!

Para mis ojos lo más terrible es encontrar al hombre destrozado y esparcido como sobre un campo de batalla y de matanza.

Y si mis ojos huyen desde el ahora hacia el pasado: siempre encuentran lo mismo: fragmentos y miembros y espantosos azares – ¡pero no hombres!

El ahora y el pasado en la tierra – ¡ay!, amigos míos – son para mí lo más insoportable; y no sabría vivir si no fuera yo además un vidente de lo que tiene que venir.

Un vidente, un volente, un creador, un futuro también y un puente hacia el futuro – y, ay incluso, por así decirlo, un lisiado junto a ese puente: todo eso es Zaratustra.

Y también vosotros os habéis preguntado con frecuencia: ‘¿quién es para nosotros Zaratustra? ¿Cómo le llamaremos?’ Y lo mismo que yo, vosotros os habéis dado preguntas por respuesta.

¿Es uno que hace promesas? ¿O uno que las cumple? ¿Un conquistador? ¿O un heredero? ¿Un otoño? ¿O la reja de un arado? ¿Un médico? ¿O un convaleciente?.

¿Es un poeta? ¿O un hombre veraz? ¿Un libertador? ¿O un domador? ¿Un bueno? ¿O un malvado?.

Yo camino entre los hombres como entre los fragmentos del futuro: de aquel futuro que yo contemplo.

Y todos mis pensamientos y deseos tienden a pensar y reunir en unidad lo que es fragmento y enigma y espantoso azar.

¡Y cómo soportaría yo ser hombre si el hombre no fuese también poeta y adivinador de enigmas y el redentor del azar!.

Redimir a los que han pasado, y trasformar todo ‘fue’ en un ‘así lo quise’ – ¡sólo eso sería para mí redención!.

Voluntad – así se llama el libertador y el portador de alegría; esto es lo que yo he enseñado, amigos míos! Y ahora aprended también esto: la voluntad misma es todavía un prisionero.

El querer hace libres: pero ¿cómo se llama aquello que mantiene todavía encadenado al libertador?.

‘Fue’: así se llama el rechinar de dientes y la más solitaria tribulación de la voluntad. Impotente contra lo que está hecho – es la voluntad un malvado espectador para todo lo pasado.

La voluntad no puede querer hacia atrás: el que no pueda quebrantar el tiempo ni la voracidad del tiempo – ésa es la más solitaria tribulación de la voluntad.

El querer hace libres: ¿qué imagina el querer mismo para liberarse de su tribulación y burlarse de su prisión?

¡Ay, un necio hácese todo prisionero! Neciamente se redime también a sí misma la voluntad prisionera.

Que el tiempo no camine hacia atrás es su secreta rabia. ‘Lo que fue, fue’ – así se llama la piedra que ella no puede remover.

Y así ella remueve piedras por rabia y por mal humor, y se venga en aquello que no siente, igual que ella, rabia y mal humor.

Así la voluntad, el libertador, se ha convertido en un causante de dolor: y en todo lo que puede sufrir véngase de no poder ella querer hacia atrás.

Esto, sí esto solo es la venganza misma: la aversión de la voluntad contra el tiempo y su ‘fue’.

En verdad, una gran necedad habita en nuestra voluntad; ¡y el que esa necedad aprendiese a tener espíritu se ha convertido en maldición para todo lo humano!.

El espíritu de la venganza: amigos míos, sobre esto es sobre lo que mejor han reflexionado los hombres hasta ahora; y donde había sufrimiento, allí debía haber siempre castigo.

‘Castigo’ se llama a sí misma, en efecto la venganza: con una palabra embustera se finge hipócritamente una buena conciencia.

Y como en el volente hay el sufrimiento de no poder querer hacia atrás, – por ello el querer mismo y toda vida debían – ¡ser castigo!

Y ahora se ha acumulado nube tras nube sobre el espíritu: hasta que por fin la demencia predicó: ‘¡Todo perece, por ello todo es digno de perecer!’.

‘Y la justicia misma consiste en aquella ley del tiempo según la cual éste tiene que devorar a sus propios hijos’: así predicó la demencia.

‘Las cosas están reguladas éticamente sobre la base del derecho y del castigo. Oh, ¿dónde está la redención del río de las cosas y del castigo llamado ‘existencia’? Así predicó la demencia.

‘¿Puede haber redención si existe un derecho eterno? ¡Ay, irremovible es la piedra ‘fue’: eternos tienen que ser también todos los castigos!’ Así predicó la demencia.

‘Ninguna acción puede ser aniquilada: ¡cómo podría ser anulada por el castigo! Lo eterno en el castigo llamado ‘existencia’ consiste en esto, ¡en que también la existencia tiene que volver a ser eternamente acción y culpa!.

A no ser que la voluntad se redima al fin a sí misma y el querer se convierta en no-querer’ – : ¡pero vosotros conocéis, hermanos míos, esta canción de fábula de la demencia!.

Yo os aparte de todas estas canciones de fábula cuando os enseñe: ‘La voluntad es un creador’.

Todo ‘fue’ es un fragmento, un enigma, un espantoso azar – hasta que la voluntad creadora añada: ‘¡pero yo lo quise así!’.

- Hasta que la voluntad creadora añada: ‘¡Pero yo lo quiero así! ¡Yo lo querré así!’

¿Ha hablado ya ella de ese modo? ¿Y cuándo lo hará? ¿Se ha desuncido ya la voluntad del yugo de su propia tontería?

¿Se ha convertido ya la voluntad para sí misma en un libertador y en un portador de alegría? ¿Ha olvidado el espíritu de venganza y todo rechinar de dientes?.

¿Y quién le ha enseñado a ella la reconciliación con el tiempo, y algo que es superior a toda reconciliación?.

Algo superior a toda reconciliación tiene que querer la voluntad que es voluntad de poder – : sin embargo, ¿cómo le ocurre esto? ¿Quién le ha enseñado incluso el querer hacia atrás?.

- En ese momento de su discurso ocurrió que Zaratustra se detuvo de repente y semejaba del todo alguien que estuviese aterrorizado al máximo. Con ojos horrorizados miró a sus discípulos; sus ojos perforaban como flechas los pensamientos de éstos e incluso los trasfondos de tales pensamientos. Mas pasado un poco de tiempo volvió ya a reír y dijo con voz calmada:

“Es difícil vivir con hombre, debido a que callar es tan difícil. Sobre todo para un hablador”.

Así habló Zaratustra. El jorobado había escuchado la conversación y había cubierto su rostro al hacerlo; mas cuando oyó reír a Zaratustra alzó los ojos rojos con curiosidad y dijo lentamente:

“¿Por qué Zaratustra nos habla a nosotros de modo distinto que a sus discípulos?”.

Zaratustra respondió: “¡Qué tiene de extraño! ¡Con jorobados es lícito hablar de manera jorobada!”.

“Bien, dijo el jorobado; y con discípulos es lícito charlar de manera discipular.

Mas ¿por qué Zaratustra habla a sus discípulos de manera distinta que a si mismo?”

Así habló Zaratustra.

2 comentarios - De la redención

zaaloo


Son tan lindos de pequeños...
AlexCh33
Es uno de los textos mas increibles que he leido, la redencion de zaratustra la he leido tantas veces...

ha inspirado peliculas, canciones, operas, obras de arte... literalmente era un libro para todos y para nadie, fijate que en 4 años soy el primero que lo comenta jaaa