epelpad

El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Encontrarse en la radio

Un día en mi programa propuse un tema difícil de abordar: ¿de qué manera matarías a tu hijo? Era un juego... y había que jugar.

Por Fernando Peña.



Es mi costumbre comentar, en mi programa de radio, hasta las cosas más pequeñas que me suceden. Ése es el encanto de la radio. La radio es que alguien te hable al oído para no escucharte, o sea la gente escucha radio porque el silencio ayuda a escuchar nuestros propios pensamientos. Y pocos queremos escucharlos. La radio es sencilla, es cotidiana, es instantánea y espontánea. La radio es andar en pantuflas por tu casa… porque no se ve y no te ven. La tele produce una sensación más intimidante, es casi como que sentimos el deber de vestirnos de gala.

Un programa de radio es muy diferente a uno de televisión. Un programa de televisión debe empezar arriba, con todo, con los tapones de punta; en cambio un programa de radio se puede dar el lujo de esperar a sus consumidores. El programa de televisión debe estar hiperproducido de antemano, el de radio no necesariamente. El éxito, o por lo menos la garantía de que un programa de radio funcione es justamente lo contrario al de uno de televisión… para que un programa de radio funcione necesita sí o sí naturalidad. La naturalidad se basa en poder hablar de las cosas más pequeñas a doscientas mil o trescientas mil personas, y ahí es donde la radio gana en intimidad. El comentario más ínfimo y más cualunque puede detonar un debate estrepitoso y feroz en la audiencia. Ahora bien, se puede oír la radio de fondo o se puede escuchar atentamente. Y en ese punto se establece la diferencia de quien opina a sabiendas y a conciencia o de quien balbucea tonterías.

Un día en mi programa de radio propuse un tema muy difícil de abordar. La pregunta era: ¿de qué manera matarías a tu hijo? Aclaré que no valía contestar que nunca matarías a tu hijo, era un juego, un juego difícil, pero un juego… y había que jugar. La pregunta detonó incomodidad en los oyentes, hubo muchísima gente que llamó y dejó mensajes horribles. Me puteaban, me condenaban, me maldecían. Me llamaban monstruo por haber propuesto una pregunta de ese tipo. Hubo un grupo que se animó a jugar a hacer de cuenta que y a hacer valer la utopía, lo espantoso… lo casi imposible de pensar. El programa de radio siempre tiene un punto caramelo, un pico de tensión en donde los que hacemos radio sabemos que los oyentes picaron, mordieron y las líneas explotan, y el que no puede comunicarse es capaz de venir a la radio personalmente para expresar su opinión. Es el momento en el cual empiezan a bajar cientos de mails, las líneas no dan abasto. Ahí el conductor sabe que dio en el clavo. Es muy importante en ese momento tan difícil, saber mantener y sostener. Mantuve y sostuve. Me puteaban, todo colapsaba. Daba ocupado. La computadora se enojó. El sistema se cayó. Yo mantenía y sostenía. Fueron 45 o 50 minutos de tensión absoluta, de rabia, de reacción, de despabilarse, de despertarse. Fue como si de pronto la gente hubiese parado la oreja y casi al unísono se preguntaban todos: ¿Pero que dice este bestia? Y yo repetía la pregunta: ¿De que manera matarías a tu hijo?... mantenía y sostenía. La gente se encontraba, se desencontraba, me odiaban, se odiaban… querían poder y no podían. La pregunta era horrible, cruel… inhumana. Si no lo mando a la mierda no soy humano, pensaría la gente… y me mandaban a la mierda segundo a segundo. Yo estaba angustiado y también sabía que tenía al ratón por la cola, sabía que habían mordido, o se habían dejado morder. Es lo mismo, “ladran Sancho”. Los directores artísticos ponían la ñata contra el vidrio y con las cejas arqueadas pedían auxilio. Todo era muy difícil, era pedir demasiado. Me iba a salir mal… había tirado demasiado de la soga.

Pensaba que era mi último día en la radio. Todos me miraban con ojos negros, ojos de cuervos, ojos de incredulidad, ojos de inquisición. Pensé que me iban a quemar como a Juana de Arco. Si… estaba todo perdido, era una pregunta muy fuerte para la Argentina. Nadie sabría seguirme el juego… me echaban… afuera… chau… adiós Peña… jodete por pasarte de vivo… sentía la sangre en el dedo gordo del pie… se acababa mi carrera radial… había sido un soplo… por una pregunta inconveniente, quizás a destiempo.

La línea estaba abierta, contestaba el teléfono al aire sin filtro, me puteaban, se enojaban, se perdían, no sabían qué contestar… se acababa mi carrera radial… y de pronto llegó el oyente que percibía que iba a llegar. "Hola Fernando –dijo ella llorando–, al principio no entendía tu pregunta y te odié, pero el pánico de odiarte tanto a tal punto de no escucharte nunca más en mi vida, hizo que recapacitara y relajara… entonces decidí jugar; yo mataría a mi hijo si tuviera que hacerlo abrazándolo fuerte, fuerte, fuerte, muy fuerte, muy fuerte, muy fuerte, pero muy fuerte. Hasta dejarlo sin respiración y que muriera en mis brazos".

Fuente

5 comentarios - Encontrarse en la radio

jmabrigo8
jojojo re loco fernando peña, una masa...
maxims
dejen de fumar...
cttrepan2
Hola,tengo un programa de radio aqui en uruguay,trabajo en la misma emisora hace 10 años,y los oyentes hoy estàn,mañana no...peña es un fenomeno,realmente se divierte con lo acido,aqui los oyentes no te siguen el tren,...
Brainwasher
gracias por haberlo subido, no está más diario Critica y su archivo.
Solo los oyentes apreciamos estas cosas