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La Odisea - Parte IX - Escila y Caribdis

Aunque ya habían superado el peligro de las sirenas ilesos, Ulises estaba profundamente alterado, pues sabía que pronto se vería forzado a dirigir su trayectoria entre dos terribles monstruos, Escila y Caribdis, las cuales permanecían tan cerca entre ellas que, intentando evitar una, era casi imposible no caer fácilmente presa de la otra.



La guarida de Caribdis estaba bajo una roca coronada con una sola higuera silvestre; tres veces diarias tragaba las aguas circundantes, arrastrando incluso grandes galeras dentro de sus enormes fauces.

Escila también vivía en una cueva, de donde sobresalían sus seis feas cabezas para devorar cualquier presa que se pusiera a su alcance.

"Ningún marinero puede alardear
de haber pasado ileso al lado de Escila con una
tripulación; él coge y se lleva desde la cubierta
a un hombre vivo en cada horrible boca".

Homero.


Escila, que había sido en una ocasión una bella doncella, se había ganado el corazón del dios marino Glauco, pero ella le atormentó de forma coqueta, hasta que éste rogó a Circe que le diera una poción de amor lo suficientemente fuerte como para hacer inevitable su amor.

Circe, que había fomentado una pasión secreta por Glauco durante mucho tiempo, se enfureció con él y, celosa de su rival, le entregó una repugnante poción en vez de la poción de amor, ordenándole que la derramara sobre las aguas donde Escila solía bañarse. Glauco hizo fielmente lo que ella le mandó, pero cuando Escila se sumergió en el agua, su cuerpo, y no sus sentimientos, cambiaron, transformándose en un horrible monstruo, terror de dioses y hombres.

Cuando divisó la higuera, Ulises, ataviado con su armadura, permaneció en la proa para atacar a Escila cuando ella intentara llevarse a uno de sus hombres. El sonido de las aguas que se agitaban alrededor de Caribdis hizo que toda la tripulación se estremeciera de miedo; el piloto giró el timón, causando que el barco se acercara aún más a la terrible madriguera de Escila.

De repente se oyó un grito penetrante, pues el monstruo agarró a seis de los hombres y los devoró. El resto logró pasar ileso; desde entonces, cuando se habla de peligros contradictorios, se ha hecho habitual el usar la expresión: "escapar de Caribdis para ir a parar ante Escila".

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