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Crítica contra Noam Chomsky



En esta serie de posts con links a las principales críticas individualistas contra autores antilibertarios, voy a incluir ahora a un autoproclamado "libertario de izquierda", "socialista libertario" o "anarcosocialista". Su nombre: Noam Chomsky, un lingüista transformado en retórico propagandista político del anticapitalismo moderno, y ya un gurú de los antiglobalistas.
Pasemos a resumir someramente su pensamiento económico como anarquista que dice ser.
Para él, como para la vulgar izquierda post-postmoderna (esencialmente una mixtura entre la paranoia clasista de izquierdas marginales, anarquizantes y antisociales del "Primer Mundo", y el populismo tercermundista de movimientos totalitarios de "liberación nacional", a diferencia de la izquierda clásica marxista, la explotación no sería fruto de una forma de relación social dentro de un proceso histórico, sino del "poder" que darían las grandes fortunas de los más importantes empresarios y de las corporaciones (sociedades anónimas).

Acepta Chomsky al individualismo como el orden social de un liberalismo genuino, pero -aclara- para la vida anterior a la Revolución Industrial, vida en la cual las desigualdades económicas eran -supuestamente- pequeñas, y describe finalmente al liberalismo clásico como la lucha contra toda forma de poder y desigualdad (cosa falsa como veremos).

Siendo que para Chomsky todo poder siempre significaría una desigualdad de derechos, el poder económico no representaría sino el mismo tipo de desigualdad. Las diferencias en los resultados, aunque nazcan de derechos iguales a la propiedad privada, llevarían a la desigualación del acceso a esos mismos derechos (confundiendo el derecho a lo propio con el derecho a poseer lo mismo). Se cambia así la teoría de la explotación marxista basada en la teoría del valor-trabajo no remunerado (que se aplicaría a capitales de cualquier tamaño) por una teoría de la explotación difusa entre ricos y pobres basada en las necesidades económicas -en el sentido vulgar del término- generadas por la mayor desigualdad de ingresos (que se puede aplicar así a grandes empresarios delimitados arbitrariamente, no por funciones sociales, sino por diferencias en la liquidez y tamaño de la inversión de capitales).

Es así que, paso siguiente, Chomsky nos ofrece una visión ficticia y deforme del verdadero significado del "classical liberalism" (recuérdese que en Estados Unidos, el nombre "liberalism" -a secas- se utiliza desde comienzos del siglo veinte para definir al "Estado Benefactor" y a la socialdemocracia keynesiana, a diferencia del liberalismo originario basado en el republicanismo, que fue el motor del desarrollo capitalista, el consumo y el bienestar de la sociedad de aquel país). Para Noam el pilar del liberalismo clásico era la lucha contra la desigualdad, a pesar de que históricamente las mayores desigualdades de ingresos se daban entre los burgueses libres, los cuales reclamaban derechos para el llamado "tercer estado": romper con el control económico del gremialismo medieval sobre el libre mercado, la desregulación en nombre de la propiedad privada (desde el inicio desigual), enfrentar al clero y a la nobleza por su acceso privilegiado a ciertas formas de propiedad privada (pero no por la "concentración de la riqueza" ya que eran estos mismos grandes comerciantes e industriales los que llegaban a tener más dinero que los propios reyes, al punto de otorgarles préstamos).

Los liberales también combatían las cargas en impuestos que representaban las exigencias arbitrarias del erario público. Pero, principalmente, el liberalismo fue una lucha anticolectivista contra el estatismo, tanto del absolutismo monárquico como del absolutismo democrático. Sobre las críticas a este último basta con leer a John Locke, Benjamin Constant, Edmund Burke, Alexis de Tocqueville, Benjamin Franklin, Juan Bautista Alberdi o Frederic Bastiat. El liberalismo tampoco era una crítica de la autoridad sino del poder como inicio de la fuerza. Las revoluciones liberales fueron desde un principio revoluciones conservadoras (en el sentido clásico de la palabra, defensoras del orden natural: La Revolución Americana y la Revolución Gloriosa en Inglaterra). Otras naciones, sin necesidad de revoluciones, aceptaron legislaciones más liberales que hicieran posible el desarrollo económico de sus mercados y continuaron manteniendo en mayor o menor medida el poder monárquico.

El origen del pensamiento liberal en favor de la propiedad privada se remonta a Aristóteles y pasa a través de la primer declaración de derechos en la Carta Magna británica de 1215, hasta parte del pensamiento económico de Santo Tomás de Aquino, dividiéndose luego, a través de Richard Cantillon y Adam Smith en las escuelas austríaca y escocesa. Doctrinalmente comenzó como un análisis del mercado como un fenómeno ahistórico que surgía donde el poder público menos restringía los derechos individuales. Jamás el liberalismo usó el argumento de que la propiedad privada de los medios de producción podía llegar a todos igualitariamente, ni que los grandes empresarios que el mercado formaría serían mayoría, sino que hizo su defemsa bajo la idea de la expansión de los beneficios de la división del trabajo (naturalmente desigual), para todos los que operaban en el mercado a través del aumento progresivo del consumo.

En la mitología chomskiana el liberalismo tradicional se fundamentaba, sin embargo, en la lucha contra la desigualdad y en el descuido para con la propiedad privada. Esas grandes desigualdades contra las que luchaba el liberalismo mítico de Chomsky eran de carácter político y militar, siendo estos los únicos grupos de poder concentrado -segun él- de aquel tiempo. Le es fácil a Chomsky sostener hoy día esta falacia gracias a diversos mitos marxistas popularizados bajo otros nombres: la concentración del capital en forma horizontal y vertical, la tasa decreciente de beneficios y el subconsumismo, y principalmente el mito de que la clase alta nació de la clase media cuando en realidad fue a la inversa, siendo la enorme inclusión de grandes masas de población a la categoría de "pequeños burgueses" característica de las sociedades capitalistas desarrolladas (otro mito es la creación del proletariado por pauperización de la pequeña burguesía comerciante e industrial, cuando en realidad el crecimiento de aquel se dió a la par de la creación de los nuevos pequeños negocios industriales, ya que la mayor calidad de vida posibilitó el crecimiento de la población mediante el trabajo asalariado de los obreros industriales). En la revolución industrial Chomsky ve, en cambio, una desnaturalización de la población tradicional de pequeños propietarios (pequeños hombres de negocios, industriales, campesinos, artesanos y comerciantes), acusando a la creciente división entre las funciones empresariales y las obreras, del origen de la desigualdad económica y malinterpretando esta desigualdad como causa del empobrecimiento y no del aburguesamiento de estas últimas. Esta nueva desigualdad "económica" habría creado un nuevo factor de poder concentrado: el "poder económico". Las "corporaciones" (término sonoro de fácil uso para la izquierda panfletaria), que nosotros denominamos "sociedades anónimas", son un producto del capitalismo industrial desarrollado para optimizar la eficiencia de las empresas y sus ganancias (dependientes de mejorar el servicio a los consumidores), se transforman para Chomsky en la forma más monstruosa de la concentración del poder, al punto de cínicamente igualar su "poder" con el poder del totalitarismo de estados socialistas completamente intrusivos de la vida privada, omitiendo las verdaderas hambrunas masivas que en aquellos países ocurren por imposibilidad de sostener los racionamientos igualitarios, militancias políticas forzadas, control total de la opinión pública, campos de reeducación ideológica, lideres despóticos, élites de partido y oligarquías públicas de burocracias enormes, regímenes de culto a la personalidad, manipulación directa de la población -tanto psicológica como física-, torturas pavlovianas para la fabricación de evangelistas ideológicos, deportaciones y ejecuciones en masa.

Para Chomsky el individualismo (la desregulación económica, el libre mercado) de aquel liberalismo clásico ya no sería la respuesta contra los grandes poderes públicos, porque afianzaría a estos nuevos grandes poderes privados. Las fórmulas del anarquismo de mercado ("libertarianism" en Estados Unidos) aunque para él mayormente bien intencionadas (y aún cuando sirvieran para que muchas corporaciones perdieran privilegios mercantilistas otorgados por el Estado) favorecerían el desarrollo y el regreso a un capitalismo genuino, pero que por esto mismo sería salvaje y desorganizado, además de que -segun la mentalidad asistencialista de Chomsky- debilitaría a un poder público que ahora sería el único soporte para el bienestar de esas clases obreras (clases cuya exigencia de igualdad de derechos no tomaría ya una forma individualista sino colectivista).

La continuación del liberalismo clásico sería hoy -para Chomsky- el anarcosocialismo, dado que hoy los mismos fines requerirían de diferentes medios. La aplicación de las mismas fórmulas liberales clásicas en la actualidad significaría la negación de los supuestos fines de aquel liberalismo, a diferencia del liberalismo actual (el "neoliberalismo" cuyos fines serían supuestamente diferentes ¡precisamente por usar los mismos medios que el antiguo!
Si fuera cierta su creencia de que casi todas las grandes empresas usarían el poder político para obstaculizar una reforma de libre mercado total, entonces eso es precisamente lo que debería defender para "agudizar las contradicciones sociales" como lo haría un marxista coherente (si tal cosa existe).

Su idea es, entonces, que el intervencionismo socializante no sólo se usaría para sostener privilegios mercantilistas -en lo cual dice coincidir con el anarcocapitalismo-, sino porque las mismas corporaciones involucradas preferirían verse autolimitadas por el Estado, ya que, en caso contrario -argumenta-, si se defendiera su total libertad de comercio no podrían evitar provocar un "consecuente" empobrecimiento masivo y la autodestrucción de todo el capitalismo... pero entonces ¿por qué no defiende Chomsky el libre mercado y pone a prueba su tesis de que el mercantilismo y el keynesianismo protege la sobrevivencia de ese mismo mercado? Al fin y al cabo ¿no es un anarcosocialista y quiere abolir el capitalismo?

El sujeto sabe perfectamente que la demanda ante el poder político de la defensa de la propiedad privada por parte de muchos -en nuestro país pocos- hombres de negocios es un reclamo legítimo y no requiere del uso del Estado salvo para la defensa contra la violencia. Con igual claridad se da cuenta que los malos empresarios que reclaman lo contrario no lo hacen para salvar la sociedad existente del colapso, sino que lo hacen precisamente para utilizar el poder político en contra del capitalismo, deformando las reglas de juego y haciéndolas parcialmente arbitrarias. Es así que el "anarquista" Chomsky termina defendiendo el burocratismo intervencionista contra el verdadero liberalismo clásico, con el triste fin de debilitar la modernización económica y social que las reformas genuinamente liberales han logrado en decenas de países. Este odio contra la modernidad burguesa no lo perdió desde la época en que defendía al comunismo heroico de Pol Pot de las garras de imperialismo yanqui.

Para Chomsky, entonces, un ilusorio "anarcosocialismo" estaría más cerca del ideario liberal clásico, y sería la supresión simultánea de los factores de coerción del poder público (abolir el Estado) y del "poder económico" (abolir la propiedad privada y el mercado libre). La fórmula chomskiana sería un socialismo no coercitivo, anarquista, que requeriría una descentralización en unidades de propiedad pública reducidas.

Y el mismo Chomsky se una a la "Nueva Izquierda" en su propuesta difusa de un socialismo autogestionario (entiéndase por gestión la administración pública, política y sin criterios de ganancia, siendo así la autogestión exactamente lo mismo, pero sin burocracias intermedias y con un control comunal más cercano y asfixiante). Pero Chomsky admite, implícitamente, que esta propiedad pública sindical-obrera no podría funcionar sin la desmodernización de una economía de comunas. Él mismo termina proponiendo -esto explícitamente- abolir la división del trabajo y el dinero, lo cual transforma a la sociedad en comunidad y por ende al socialismo en comunismo. Pero a diferencia del período comunista al que aspiran llegar los regímenes marxistas, este comunismo anarquista consistiría en un colectivismo regional voluntario, cosa que personalmente me resulta bastante dudosa en sus intenciones, además de ser -gracias a Dios- un proyecto impracticable a escala nacional (ni digamos internacional).

El comunismo marxista llegó a esta etapa pero en forma coercitiva: el experimento de las comunas en la China de Mao Tse Tung, y en forma total en la Camboya de los Khemeres Rojos de Pol Pot, quien ejecutó a casi la mitad de la población, genocidio que, dicho sea de paso, el mismo Chomsky llegó a apoyar. Saliendo por un momento del tema, me gustaría mencionar que las hazañas de Chomsky tienen imitadores. De la misma forma el fenómeno mediático de Michael Moore (el Chomsky versión populachera que tuvo apoyo económico de la OLP para publicitar su última película en el Medio Oriente) no hace mucho llegó a decir, en un mensaje dirigido al presidente Bush, que los insurgentes fundamentalistas de Fallujah en Irak -mientras realizaban sus ejecuciones públicas de civiles en secuestros televisados-, no eran terroristas, y los describió como la "resistencia", los "luchadores de la libertad".
La complicidad criminal de Chomsky sin embargo lo supera con creces, incluyendo la militancia activa en favor de dictaduras socialistas y/o marxistas alrededor del mundo como ser Camboya, Vietnam, Nicaragua, Irak, Libia, Siria, Cuba, China, etc., además de grupos radicalizados y terroristas dentro y fuera de Estados Unidos.

Para refutar las propuestas "anarco"-comunistas de Chomsky (que servirá a quienes se interesen por las débiles propuestas de organización social y económica de los movimientos anti-globalización), y de paso desenmascarar las realidades tras su falaz propaganda antioccidental, recomiendo estos links:



Chomsky's Economics - Mises Institute (análisis general de las propuestas económicas y sociales de Chomsky)

Who’s Afraid of Noam Chomsky? (observaciones desde el anarquismo libertario no colectivista)

The hypocrisy of Noam Chomsky

Chomsky's Statism: An Anarchism for the Next Millennium?

Noam Chomsky: Unrepentant Stalinist

The Coercive Anarchism of Noam Chomsky

Noam Chomsky - Liberalismo.org
(un compendio de las denuncias al colaboracionismo intelectual de Chomsky y su complicidad con los crímenes, falsificaciones ideológicas y hasta genocidios perpetrados por diversas guerrillas y estados terroristas de izquierda)

The Anti-Chomsky Reader
(una biografía política -por no decir una radiografía- de Chomsky, de la pluma de Peter Collier y David Horowitz)

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