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¿Es posible retirarse a los 30 años?


¿Y si lográsemos el balance perfecto entre un trabajo satisfactorio y una vida sencilla?

¿A quién no le gustaría cumplir los 30 y, en el cénit de la juventud, dejar de trabajar? No más lunes, ni tareas engorrosas, ni reuniones, ni horas extras, ni jefes… ¡la libertad! Sin embargo, la mayoría cree que laborar hasta los sesenta y tantos es el destino inevitable, salvo para los nacidos en cuna de oro.

Los seguidores del movimiento por el retiro temprano disienten de esa visión fatalista. Estos jóvenes retan el sentido común de la sociedad de consumo. Más allá de los consejos para manejar las finanzas personales, la propuesta de Mr. Money Mustache, Go Curry Cracker! y Frugalwoods –tres de los blogs representantes de esta tendencia—cuestiona profundamente nuestra relación con el trabajo y el dinero.


¿Cómo alcanzar la independencia financiera?

En esencia la fórmula resulta sencilla: gastar menos e invertir lo ahorrado. En lugar de conformarse con el 10 por ciento de los ingresos que suelen recomendar los asesores financieros, incrementar las economías hasta 60 o 70 por ciento de lo devengado. Una cifra astronómica si consideramos, por ejemplo, que los estadounidenses apenan reservan alrededor del seis por ciento de su salario.

Y un gran reto. Porque en palabras parece fácil poner todo ese dinero a buen resguardo, pero en la práctica ese cambio desafía el consumismo que caracteriza a la sociedad moderna. ¿Es posible conformarse con auto de segunda mano, o mejor, con una bicicleta y el transporte público? ¿Renunciar al sueño de una casa grande (y una hipoteca aún mayor)? ¿O dejar de comer en restaurantes para convertirse en chef del hogar? ¿No comprar ropa nueva, un teléfono más inteligente, cancelar el servicio de televisión por cable…?

Al final el ejercicio excede las matemáticas. Se trata de una transformación de la mentalidad, un “terremoto” cultural que estremece uno de los lugares comunes de la economía doméstica: el endeudamiento.

En general los mexicanos destinan alrededor del 15 por ciento de sus ingresos a pagos de deudas; una familia de trabajadores argentinos –en el sector formal público o privado—debe como promedio cerca de 28.000 pesos, lo cual equivale a un tercio del ingreso anual en un hogar de clase media típica; en Estados Unidos, solo las deudas de tarjeta de crédito suman más de 7,400 dólares por cada familia.

La segunda parte de la ecuación nos adentra en el mundo de las inversiones. Mr. Money Mustache resume su estrategia a la compra de fondos indexados. Otros mencionan, como complemento, la adquisición de propiedades inmobiliarias para rentar. Aunque una formación básica en finanzas personales constituya un paso inevitable, no es necesario convertirse en un experto para sacar provecho al ahorro.



Menos de un tercio de los estadounidenses se siente satisfecho con su empleo.

Trabajar, ¿un fastidio?

El uso responsable del dinero desbroza el camino hacia la independencia financiera. Y una vez alcanzada este meta, ¿por qué abandonar el trabajo?

Según un estudio de la encuestadora Gallup, En México el 88 por ciento de la fuerza laboral no se siente comprometida con sus empleos, en Argentina esa cifra alcanza el 84 por ciento y en Colombia el 74 por ciento. En Estados Unidos, siete de cada diez trabajadores experimentan una desconexión emocional con respecto a sus puestos, lo cual provoca pérdidas a la economía en torno a 550.000 millones de dólares anuales. En otras palabras, cada mañana la abrumadora mayoría de los empleados en las Américas salen a cumplir sus deberes a regañadientes.

Esa frustración cotidiana describe uno de los absurdos de la sociedad contemporánea. ¿Qué sucedería si todos pudiéramos dedicarnos a tareas que nos apasionan? Esa es la idea de retiro de Mr. Money Mustache: una vez satisfecha la necesidad de dinero para cubrir nuestros gastos esenciales, consagrarnos a esas actividades.

Los promotores del retiro temprano creen que sus ideas sobre el ahorro, el cambio de mentalidad consumista y las inversiones pueden funcionar para cualquiera, sin importar su nivel de ingresos. Escriben para un público de clase media en países desarrollados, luego en sus consideraciones quedan fuera millones de trabajadores cuyo salario apenas garantiza la supervivencia.

Sin embargo, reducir los gastos superfluos y aspirar a una vida plena, sin inquietudes financieras, ¿no es acaso un propósito plausible? Esa transformación no revolucionará al planeta, claro. Pero puede inclinar más la balanza hacia un futuro con más sentido para todos.

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