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La historia secreta del Scrabble

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La historia secreta del Scrabble

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Otras versiones similares de juegos de mesa no tuvieron tanta fama hasta el lanzamiento del Scrabble, que se convirtió en el referente del juego de laspalabras cruzadas

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Jugamos a Lexiko? ¿O a Alph? Seguro que no sabes de qué te hablamos. Y es que pocos conocían la existencia del juego de mesa de formar palabras hasta que adquirió el nombre Scrabble.

Hoy existen versiones para niños y viajeros, así como competiciones con grandes premios y concursos televisivos inspirados en el pasatiempo.

Y de este popular juego se han vendido 150 millones de cajas en 29 idiomas distintos.

Se calcula que cada hora se empiezan 30.000 partidas en todo el mundo.

También se llamó It o Criss-Cross Words en el mundo anglosajón, pero adquirió el nombre por el que se le conoce ahora en 1948.

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Tres tipos de juego


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La historia de este popular juego se remonta a 15 años antes de que se lo bautizara con el nombre por el que hoy es tan popular.

Y todo empezó cuando el arquitecto estadounidense Alfred Mosher Butts perdió su trabajo.

Eran tiempos de la Gran Depresión, una crisis que azotó la economía mundial durante la década de 1930, antes de la Segunda Guerra Mundial.

Butts no se quedó con los brazos cruzados.

Inspirado por el éxito de Charles Darrow y su Monopoly, empezó a analizar el mercado de los juegos de mesa en su apartamento del barrio de Queens, en Nueva York, Estados Unidos.

Y se dio cuenta que había tres tipos de juegos: los de movimiento, como el ajedrez; los de números, como el bingo, y los de palabras.

Pero de la última categoría solo le vino a la mente uno: Anagrams.

Con su característica diligencia, escribió lo descubierto en un documento titulado "Estudio de los juegos".

Hoy esa investigación pertenece a su sobrino-nieto, como todo lo relacionado con la historia del Scrabble.

El tesoro incluye una portada del New York Herald, uno de los diarios empleados por Butt para analizar la frecuencia con la que se usa cada letra del alfabeto.

Esa información le ayudó a decidir cuántas unidades de cada letra debía incluir su juego, así como cuántos puntos debía ganar el que la utilizara.

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Crucigramas

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También se dice que se inspiró en un cuento que le leyeron de niño, "El escarabajo de oro", del estadounidense Edgar Allan Poe, en el que los protagonistas tenían que descifrar un criptograma para encontrar un tesoro.

Sea como fuere, Butts quiso crear un juego en el que el papel del azar fuera limitado, y en el que se potenciara la estrategia y el conocimiento.

Y es a esas características a las que debe Scrabble su popularidad atemporal.

Butts era aficionado al ajedrez, a los crucigramas y a los rompecabezas, y es innegable que eso influyó en Scrabble.

Así, en la primera versión que diseñó los jugadores debían formar palabras de nueve y diez letras.

Pero Butts siguió trabajando sobre esa versión preliminar. Le añadió un tablero con casillas en blanco y otras que hacían multiplicar la puntuación de las letras. También cambió el punto de partida del juego de un extremo al centro.

Su conejillo de indias fue su esposa Nina, quien había sido maestra suya en la escuela.

Quizá por eso siempre le ganó en su propio juego. Se dice que una vez logró 300 puntos con una sola palabra.

Con la versión mejorada, comenzaron a invitar a amigos y a vecinos a jugar a la iglesia metodista local.

Y resultó todo un éxito.

Para mediados de 1934 ya había vendido 84 unidades del juego, todas hechas a mano, a unos US$20 cada una.

Pero todos los grandes fabricantes lo rechazaron, y corrió la misma suerte cuando presentó una solicitud en la oficina de patentes.

Pronto la economía mejoró y Butts pudo recuperar su empleo en la firma de arquitectura.

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El punto de inflexión


La historia pudo haber terminado ahí si no hubiera sido por James Brunot, un aspirante a emprendedor que se había hecho una de las primeras versiones del juego de Butt, conocido entonces como Criss-Cross Words ("palabras cruzadas".

Cuando se jubiló en 1948, le propuso al arquitecto fabricar y vender su invento. Butts aceptó.

Los primeros años fueron de pérdidas. Pero en 1952 el presidente de los grandes almacenes neoyorquinos Macy's presenció una partida de Scrabble mientras estaba de vacaciones en Florida, EE.UU. Le gustó tanto, que Macy's empezó a comprarles 6.000 unidades del juego a la semana.

Hoy en día el Scrabble es tan popular que ha aparecido en series de televisión de gran audiencia como Seinfeld o The Simpsons, o en películas como "El bebé de Rosmary" del director polaco Roman Polanski o en "Criaturas celestes" de Peter Jackson.

Incluso algunos artistas pop lo han mencionado en sus canciones, como la cantante australiana Kylie Minogue o el inglés Sting.

Y varios escritores, desde los estadounidenses Garrison Keillor y Charles Bukowski a la canadiense Margaret Atwood, lo han incluido en sus obras.

Locos de las palabras

Cualquiera de esos escritores hubiera podido quedar hecho polvo de haberse batido con un verdadero aficionado al Scrabble.

Y es que a pesar de que versa sobre palabras, es un juego de patrones y de memoria.

Por ello, los mejores jugadores del mundo de Scrabble vienen del mundo de las matemáticas y no de la literatura o la lingüística.

Estos suelen verse cara a cara en competiciones internacionales.

Para que nadie haga trampas, las piezas están fabricadas de tal manera que es imposible adivinar por medio del tacto cuál es la letra que está grabada en ellas.

Además, hay que mezclar las piezas dentro de una bolsa antes de repartirlas entre los jugadores.

Y la bolsa debe estar siempre a la altura de los ojos de los jugadores o más arriba, para que nadie vea qué recibe el contrincante.

Éstas son dos de la veintena de reglas que tiene el juego.

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Terminología y puntos

En el libro Letterati: una mirada no autorizada al Scrabble, el escritor Paul McCarthy explica que estos jugadores de alto nivel suelen hacer listas de las letras que ya se usaron para averiguar cuáles quedan en manos de sus oponentes.

Y los llama letterati.

Pero el mundo del Scrabble tiene su propia terminología.

Por ejemplo, haces "bingo" cuando usas siete letras a la vez y logras 50 puntos.

Y un "falso" (un "phony", si juegas en inglés) es una palabra que no reconoce el diccionario.

Además, la evolución propia de las lenguas también tiene su influencia sobre el juego.

En 2013 varias voces sugirieron que se reevaluara la versión inglesa.

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Esta cuestión fue polémica incluso en los tiempos de Butts, cuando varios aficionados se quejaban de que el juego favorecía el inglés empleado por los medios en lugar del que se hablaba en la calle.

En base a ese argumento, el investigador Joshua Lewis inventó un software para recalcular la puntuación de cada letra.

Según el programa informático, al que llamó Valett, en la versión inglesa del juego la X debería valer 5 puntos y no 8, y la Z 6 y no 10.

Estas sugerencias crearon bastante revuelo, y también inspiraron a otros emprendedores para crear los juegos digitales Scrabolous y Word With Friends, por ejemplo.

Butts, por su parte, recibió US$265.000 en 1972, cuando la compañía Selchow & Righter, la misma que lo había rechazado años atrás, compró los derechos del juego a Brunot.

El emprendedor se hizo con US$1,3 millones, pero al inventor no pareció importarle.

El dinero que le correspondió fue suficiente para comprar la granja en la que creció, en el estado de Nueva York, y fue allí donde murió, en 1993, a los 93 años.

Antes, a sus setenta y tantos, había inventado un segundo juego.

También era un juego de palabras.

Lo llamó El otro juego de Alfred, porque siempre habría uno más importante, más famoso: el Scrabble.

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