epelpad

Leyendas Urbanas Del Uruguay (Segunda Parte)

Cualquier lugar del mundo cuenta con alguna Leyenda Urbana. Algunas son conocidas y otras no tanto. Aca les dejo unas cuantas leyendas que son de mi país, Uruguay.

Espero las disfruten...


SEGUNDA PARTE:




UN SUSTO DE MUERTE:

Leyendas Urbanas Del Uruguay (Segunda Parte)

Cuenta la historia, ambientada a principios de siglo, que varios paisanos se hallaban tomando unas copas en un bar frente al Cementerio del Cerro. Bien entrada la noche, el alcohol ya había calentado los cuerpos y soltado las lenguas de unos cuantos, que envalentonados por la bebida espirituosa comenzaron a comparar su coraje y bravura. A uno de ellos, un poco más sobrio que los demás, se le ocurre lanzar a viva voz un desafío espeluznante, asegurando que ninguno se atreverá a realizarlo. La prueba consiste en pasar el resto de la noche sentado encima de una de las lápidas de cementerio, dejando como prueba su facón clavado allí.

Uno de los paisanos, más valiente o más borracho que los demás, acepta el desafío y trepa –ayudado por los demás- las rejas del cementerio. Sus compinches acuerdan ir a esperarlo a la madrugada a las puertas del lugar.

Llega la mañana y el hombre jamás aparece, por lo que los intrigados paisanos entran al cementerio a buscarlo. Lo encuentran muerto sobre una lápida, con el facón clavado sobre la misma junto a una esquina de su poncho. El hombre, al sentarse, había enterrado con su cuchillo sin darse cuenta un trozo de la tela. Cuando se quiso marchar sintió que alguien lo tironeaba de la ropa, y creyendo que un espectro reclamaba su cuerpo cayó al suelo fulminado por un ataque cardíaco, sin percatarse de que se trataba simplemente de su poncho enganchado por el cuchillo.


Versiones y Comentarios

La misma historia se repite en diversas épocas que van desde principios de siglo a la década del ’50 e incluyendo a varios cementerios. Aunque la leyenda más frecuente es atribuida al Cementerio del Cerro, otras versiones mencionan el del Buceo, el Central y el del Norte. Un usuario, que lo relata en primer persona, agrega el siguiente detalle: la tumba pertenecía a una médium muy famosa en su tiempo.

En otro relato, más aggiornado, los protagonistas son jóvenes amigos y es una chica la que decide saltar las rejas del Cementerio del Norte. Otro usuario nos cuenta que esta misma leyenda le llegó desde pequeño con su bisabuelo como protagonista, ambientado en el Buceo. En esta versión el personaje principal, amigo de su bisabuelo, intenta cruzar el predio del cementerio del Buceo y muere del susto cuando su capa queda enganchada en una cruz.

Hay otro cuento cuyo desenlace varía. Está ambientado en el Cementerio Central, y en este caso se trata de tres muchachos que llegan a la parte trasera del lugar, ya caída la noche. Uno de ellos acepta una apuesta que lo desafía a cruzar todo el predio hasta llegar a las puertas de Gonzalo Ramírez en competencia con sus dos compinches, que harán el trayecto fuera del cementerio. Llegan los tres al mismo tiempo, pero cuando el valiente descubre que no hay modo de cruzar las puertas de Gonzalo Ramírez, que llegan hasta el techo, debe desandar su camino. Según el relato, jamás volvió a aparecer.



LOS FANTASMAS DE MAROÑAS:


cuentos

La historia se desarrolla muchos años atrás en la zona de Maroñas, cuando aún no se soñaba con reformar el lugar y el siglo abandonaba impertérrito sus primeras décadas.

Cuatro amigos vuelven a pie de un cumpleaños, muy tarde en una noche fría, cuando se topan con la parte posterior del complejo de Maroñas. Cansados, deciden acortar camino saltando el muro y atravesando las instalaciones del hipódromo.

Al avanzar en el camino, la noche comenzó a cerrarse lentamente sobre ellos. Aunque la luna brillaba, las sombras de las añejas instalaciones se alargaban y creaban conos de sombra y figuras fantasmales, entremezclándose con una niebla espesa que hacía difícil cualquier tipo de orientación.

Detrás de esa inmensa nada generada por las sombras y la niebla, oyen un ruido amortiguado y lejano. Intermitentemente, el sonido crecía de intensidad, asemejando unos cascos de caballos. Después de cada silencio súbito, reaparecía lo que ahora era un inequívoco galope, cada vez más fuerte.

Los cuatro amigos, asustados, advirtieron en voz alta al presunto jinete, pero cada vez que alzaban la voz el ruido callaba y surgía en otro lado. De improviso, un espantoso relinchar les heló la sangre, proveniente de un lugar indeterminado y cercano entre los jirones de niebla. El susto fue tan grande que treparon el muro más cercano con la facilidad de medallistas olímpicos, huyendo del hipódromo.

En la calma de sus hogares, dos de los amigos, avergonzados por su pánico irracional y atribuyéndolo a la borrachera de la fiesta, deciden investigar a fondo lo sucedido. Tres noches más tarde juntan el valor para volver a cruzar el muro a la misma hora y comprobar con sus sentidos lo que realmente sucede allí.

Al principio, la calma que reina en Maroñas en aquella noche invernal y neblinosa parece darles la razón, pero un tiempo después vuelve a surgir aquel sordo golpeteo de las herraduras. Esta vez, sin embargo, el ruido creció en violencia e intensidad a un ritmo casi demoníaco. Los cascos de caballos se multiplicaban por todas partes y relinchos salvajes lastimaban los oídos, tan cerca que uno creía posible tocar los caballos y sentir el viento provocado por sus cuerpos. Enloquecidos de miedo, los dos compañeros no atinan a otra cosa que correr desesperadamente sin rumbo alguno, perdiéndose en su camino.

En el colmo de su horror, ciegos por el terror y la noche hermética se topan en el camino con una figura enjuta, que resulta ser el anciano vigilante del lugar. Amablemente, el sereno los tranquiliza y les pregunta qué sucede. Al escuchar la historia poca es la sorpresa del viejo, quien confiesa que ha escuchado los sonidos de los animales innumerables veces a lo largo de los años. Ante su estupor, el anciano narra que se trata de las almas de los caballos que eran gravemente lesionados en las carreras y posteriormente sacrificados por los peones, que los ahogaban en una piscina que ya no existe.

En la noches oscuras, las almas de los equinos reiniciaban la interminable carrera en la que sus cuerpos habían hallado finalmente la muerte.



LA LLORONA DEL PARQUE RIVERA:

Uruguay

Versión 1

Una tarde de otoño, hace muchos años, una joven mujer decide salir a pasear por el Parque Rivera. A pesar de un viento frío y cortante que hacía gemir a los árboles y sumía al parque en la más absoluta soledad, la chica decide salir y llevar consigo a su bebé, que había tenido en condición de soltera.

Estando en vísperas de su boda la joven se aventura en el parque, por entonces más agreste que ahora y mostrando los resultados de recientes lluvias. Se la ve bordear el lago junto a su niño, mientras el viento arrecia con fuerza, desapareciendo de la vista. La futura novia, sin embargo, no regresará por ese sendero.

Al día siguiente encuentran su cuerpo inerte en el lago del parque, sin rastros del paradero del pequeño. Cuenta la historia que desde entonces, en las noches brumosas y tristes del otoño, puede verse a una joven vestida de novia en los alrededores del lago. Camina sola y llora desconsoladamente, mientras clama por un bebé que perdió hace mucho tiempo.
(Gracias a Sofía, que narra que una amiga le aseguraba que su padre había visto a la llorona )

Versión 2

Hace mucho tiempo, en los inicios del mismo Parque Rivera, vivía una pareja en una casa contigua al lugar. Un miércoles 9, mientras marido y mujer se hallaban fuera, unos ladrones irrumpen en la casa. El esposo llega antes que terminen su faena y los sorprende in fraganti: desesperados, los delincuentes le quitan la vida con un cuchillo. Cuando intentan esconder el cuerpo sienten los ruidos provocados por su mujer, que vestida de blanco llega a la casa.

Se esconden detrás de una puerta y observan cómo la joven, aterrada, descubre el cuerpo de su marido. Mientras la mujer llora desconsoladamente sobre él, los ladrones, decididos a todo, llegan por detrás y la ajustician de igual manera. Para ocultar las huellas los delincuentes arrojan los dos cuerpos en la laguna del parque.

Desde entonces, los vecinos de la zona comentan que todos los 9 de cada mes se oyen extraños llantos y quejidos que provienen de la laguna, en el lugar donde los cuerpos de los infortunados amantes fueron arrojados.



FANTASMAS CASEROS:

Leyenda

Caso 1
Casa quinta de Lezica

La historia se desarrolla a principios del Siglo XX. La dueña de casa actuaba despóticamente con sus sirvientes, en especial con una morenita, una niña que trabajaba de criada. Una vez, en castigo a su desobediencia, la pomposa señora decide dejar a la jovencita afuera de la casa, en una crudísima noche de invierno. Los vecinos sintieron ruido y quejidos entre la hojarasca durante la noche, pero no prestaron mayor atención al creer que se trataba de algún perro. A la mañana siguiente encuentran el cuerpo sin vida de la niña, razón por la que su patrona es encarcelada y luego pierde completamente la cordura. Cuentan que incluso hoy en día, si uno pasa frente a la casa en las noches de invierno, pueden sentirse los lamentos y cómo algo o alguien corre entre las hojas secas.


Caso 2
Hospital de Montevideo

Se cuenta que hace tiempo, en un hospital de Montevideo cercano al barrio Brazo Oriental, una enfermera del lugar debió ser internada con una gravísima enfermedad, muriendo finalmente presa de grandes dolores. Al tiempo de su muerte, en la sala en la que la enfermera había fallecido comenzaron a sentirse llantos, súplicas y ruidos de vidrios rotos, a tal punto que la leyenda cuenta que se debió clausurar esa sala. Se relata que desde entonces la enfermera fue vista caminando por los pasillos en más de una ocasión, reprochando a todo aquel con el que se encuentra que no se le dieron suficientes calmantes durante su tormento final.


Caso 3
Antigua casa en Montevideo

Un hombre fallece en su hogar, una gran casona, y pide como último deseo que el lugar se use para dar cobijo a los niños sin hogar, como una suerte de internado gratuito.
Algunos parientes sin embargo, ignoran el pedido, mudándose a la enorme casa.
Al tiempo descubren que es imposible dormir. Puertas que se abren y golpean, cadenas, vaijillas que se rompen, roces en la oscuridad y otros ruidos inexplicables inquietan a la familia.
Cansados, los nuevos habitantes deciden abandonar la casa y acatar las últimas órdenes de su pariente. Cuando se hacen todos los arreglos y los niños se mudan allí, los ruidos cesan por completo y nada vuelve a turbar la paz del hogar.


Caso 4
Casa del Centro

Los dueños de una casa colonial intentan venderla a muy buen precio pero no logran comprador. La razón es que por las noches se sienten espantosos ruidos, cuchillos muebles que se arrastran y goznes que crujen, por lo que los vecinos alertan siempre a los posibles compradores. El más viejo de ellos cuenta que todo se debe al primero de sus habitantes, un prestidigitador denunciado luego de un truco fallido realizado a un discípulo con un estilete. Narran que se encerró en la casa y no volvió a salir jamás. Los ruidos continuaron hasta que mucho tiempo después los restos de su cuerpo fueron encontrados, sin rostro, volviendo definitivamente a la calma.


Caso 5
Casa en la calle Luis de la Torre

Hace muchos años, una hermosa vivienda de Punta Carretas no lograba encontrar comprador a pesar de su precio. Nuevamente son los vecinos los que se encargan de disuadir a los futuros inquilinos al narrar con detalle los gritos desgarradores de mujer que se escuchan por la noche.

Un día aparece una familia dispuesta a arrendarla y resuelta a hacer oídos sordos a los rumores. La casa era antigua y por ejemplo carecía ya de la escalera que condujera al altillo, cuya puerta sin embargo podía verse. Transcurre una semana sin novedades, pero al cabo de esos días, la familia entera se despierta una noche a causa de los gritos que provenían, justamente, de la alta habitación. El padre de familia, valeroso, consigue una escalera móvil para llegar al altillo: cuando ingresa descubre a una mujer ensangrentada, quejándose de dolor. Horrorizado, el hombre baja en busca de auxilio médico, pero la joven herida lo sigue y desaparece raudamente por la puerta.

Jamás vuelven a encontrarla, pero al investigar el caso con la policía encuentran que en ese hogar se había cometido un crimen muchos años atrás, cuando una mujer fue muerta a puñaladas por el marido. Luego del incidente, la familia pudo vivir por largos años sin volver a ser molestada.



AULLIDOS EN LA PLAZA LAFONE:

relatos

La silenciosa madrugada comienza a despuntar tímidamente en el barrio La Teja, sin lograr disipar aún la oscuridad que se cierra como un puño hermético sobre la Plaza Lafone. Hace frío, y una pareja joven que regresa de un café céntrico debe apurar el paso para calentar las piernas, dejando atrás la parada del ómnibus y la fuente que asoma a la distancia como una silueta apenas delineada.

La pareja se sorprende al descubrir la compañía de un perro delgado, que bajo la noche fría y estrellada en plenilunio gime en busca de un poco de calor. El novio parece desinteresarse del asunto, pero el aspecto lastimoso y descarnado del can enternece a la joven. A pesar de que él desoye sus súplicas, el infatigable perro acompaña fielmente a ambos, gimiendo en forma desamparada. La chica logra finalmente convencer al novio, a tal punto que le pide su corbata para usar a modo de lazo, y llevar al animal hasta el portón de su casa. En su jardín, protegido del viento, el perro podría encontrar reposo y abrigo frente al frío invernal de Montevideo.

Cuando llega la mañana la joven despierta y corre hasta el jardín, donde queda muda de asombro ante lo que ve. Allí permanece aún la corbata de su novio, pero el cuello que rodea la tela ya no es el del perro de la noche anterior: un hombre delgado y desnudo, de barba, cabello largo y entrado en años, tirita de frío mientras la mañana se abre paso en la barriada de La Teja.



MENTIRAS CASERAS:

leyenda urbana

El microondas secador:

Cuando los hornos microondas recién habían llegado al mercado y la gente desconocía bien su funcionamiento (junto a las dudas y posibles riesgos que presentaba un sistema innovador de calentamiento) se hizo popular la siguiente macabra historia. Una joven se lava la cabeza antes de salir a bailar, y en su apuro por llegar a tiempo a su cita decide secárselo con el maravilloso y ultra rápido horno microondas. Gracias a un destornillador logra burlar el sistema de seguridad e introduce su cabeza en el horno mientras lo pone en funcionamiento. Pocos minutos después fallece, ya que como es sabido los microondas calientan los objetos de adentro hacia fuera, causándole daños irreparables en el cerebro al secarlo completamente.


Los magníficos secuestradores:

Si bien los secuestros configuran en la Sudamérica de hoy una realidad triste, allá por las décadas del ’80 y ’90 circuló en Uruguay una leyenda que jamás pudo probarse y cuyos detalles eran demasiado cuidados para ser verosímiles. La historia aconsejaba tener especial cuidado con las camionetas negras (al estilo Los Magníficos) y de vidrios polarizados, ya que se dedicaban al secuestro organizado de niños con equipos muy sofisticados. Se decía que rondaban las escuelas, lo que en su momento generó un cuidado especial en madres y padres, a pesar de no comprobarse jamás la existencia de dichas supercamionetas.


El perro dientudo

Una persona compra un perrito pequeño y extraño (pero de aspecto simpático) en la feria de Tristán Narvaja. Lo lleva para su casa y le dispensa el mismo trato que a cualquier can, pero con el tiempo, sin embargo, nota extrañada que el perro no crece. Como se alimentaba en exceso para su tamaño decide llevarlo al veterinario, que luego de examinarlo aclara que se trata de un tipo de rata gigante muy extraña, llegada del África o Asia y traída probablemente por algún tripulante de un barco extranjero. Esta leyenda circula en forma casi idéntica en todas partes del mundo cambiando el origen de la rata peluda (generalmente es de Haití) y la forma en que se adquiere, ya que a veces se la encuentra en las aguas del puerto.


Las tazas de Piedras Blancas

Un hombre descubre que le robaron una de las cuatro tazas del auto, y como se trata de un coche lujoso pero un poco antiguo descarta la posibilidad de conseguir una nueva. Se decide por ello a ir a la feria de Piedras Blancas, famosa por la venta de objetos viejos y robados. Va hasta allí con su auto, estaciona y comienza a recorrer el lugar. Después de dar vueltas un rato queda maravillado al descubrir entre varios puestos la taza del modelo que busca (de hecho hay más de una). La compra y regresa a su auto, sólo para descubrir que le faltan las tres tazas que aún tenía en su coche y que acaba de comprar justamente una de ellas, robada hace pocos minutos en la misma feria.
Este relato es contado en primera persona (o en formato ADUA) por tantas personas que se constituyó a esta altura en un mito, más allá de las posibilidades de que algo similar ocurra.



APARICIONES Y AULLIDOS:

urbana

La leyenda del carruaje de San Borjas

En Durazno cuentan que en la primera luna llena luego del 12 de octubre (fecha de fundación de San Pedro del Durazno), aparece una carreta humilde en el transitado Puente de San Borjas. Nada de esto sería extraño si no fuera porque los pasajeros de tan desacostumbrado vehículo no pertenecen a esta era ni a este mundo.

La noche de la fundación del poblado, una mujer y sus tres hijos decidieron asistir a la gala brindada en la villa del comandante Fructuoso Rivera. Cuando llegaron al puente de San Borjas el río, embravecido, comenzaba a desbordarse.

La mujer se atrevió a cruzar de todos modos, pero la carreta no resistió el empuje del agua y se ahogó junto a sus tres hijos. Los cuerpos fueron hallados en la primera luna llena después del suceso. Desde entonces, aquellos que cruzan el puente se topan con la espectral visión de la carreta y sus cuatro fantasmagóricos ocupantes, mientras la luz de una redonda luna tiñe de sombras blancas el departamento de Durazno.


La leyenda de la taba

Durazno parece un lugar particularmente apto para la fermentación de leyendas. En Arroyo de los Perros, ubicado en dicho departamento, una historia subsiste desde los tiempos en que la esclavitud aún era permitida.

Un estanciero, que trataba cruelmente a sus esclavos, decidió una noche de alcohol jugar a la taba con su lacayo mulato. Este último estaba con gran suerte esa noche
y fue ganando poco a poco una gran suma de dinero a su patrón. Éste, acongojado por haber perdido contra su propio súbdito jugó una última vez y apostó todo su capital, incluso el campo. El mulato se vio favorecido una vez mas y ganó la propiedad, a lo que el estanciero, hombre fiel a su palabra, entregó sus pertenencias.

A la noche siguiente, sin embargo, el patrón no fue capaz de asumir la afrenta, se presentó en el nuevo aposento del esclavo y lo asesinó a puñaladas. Muda testigo de los hechos, la taba permanecía sobre la mesada de mármol en la cocina de la estancia, donde se consumó el crimen.
Cuando el estanciero recupera sus bienes decide enterrar la taba que tantas penas y apremios había causado. A la mañana siguiente, sin embargo, volvió a parecer en la mesada, imperturbable. Una y otra vez sucedió esto, como acusador recordatorio de lo sucedido.

El hombre optó por guardarla con llave en un baúl y despidió a todo aquel que conociera su historia, desconfiado de una broma recurrente. La taba, no obstante, seguía apareciendo...

Poco tiempo después el estanciero fue hallado muerto, aparentemente por mano propia y a causa de la aparición pertinaz del endemoniado objeto, que desde entonces no volvió a reaparecer.



FANTASMAS:

Leyendas Urbana

La dama de blanco:

Como un espectro pálido de antaño, la figura de la dama de blanco se cuela en varios puntos del país y la capital, abarcando en los vaivenes de sus viajes tanto a Rocha como a Montevideo. Su historia siempre es trágica, a tal punto que hay quien dice que existe una sola dama de blanco en todo el Uruguay, repartiendo su tristeza en un itinerario interminable por nuestra tierra.

En Salto:

Entre las calles Zorrilla y 19 de abril, detrás del Museo del Hombre, hay una plazoleta que esconde una locomotora antigua y varios juegos para los niños. Por la noche, sin embargo, los viejísimos árboles del lugar y los ingenios mecánicos para niños -olvidados en las penumbras nocturnas-, forman sombras grotescas y lúgubres.

Cuando en las noches de invierno las calles quedan completamente desiertas, una muchacha joven, vestida de blanco, aparece en la plazoleta. En ocasiones, la figura espectral tiene una horca al cuello y su sola presencia da un susto de muerte al transeúnte despistado.

Recorre esas calles desde principios del siglo XX como resultado de un amor imposible, fuente inagotable de nuevos fantasmas. Enamorada de un obrero pobre de AFE, su familia de alta alcurnia impidió que se casara con quien consideraba su verdadero amor. Una fría madrugada de invierno, ensombrecida por el pesar, se dirigió a la plazoleta y se ahorcó de la rama de un árbol. Su silueta puede verse aún hoy en día, cuando el frío la obliga a recorrer la plaza con la cuerda al cuello.


En la Costa de Oro:

En las playas que van de Araminda hasta Los Titanes suele verse, de acuerdo al testimonio de varios personajes, la figura de una dama de blanco a la orilla del mar, generalmente cuando despunta la madrugada.

Entre varios relatos del avistamiento recogimos el siguiente. Diez años atrás un grupo de jóvenes salía de bailar de un boliche en Araminda, emprendiendo el regreso por la playa. En un momento determinado, tres de los jóvenes quedaron relegados en el viaje, cuando uno de ellos notó algo extraño en el agua. A unos cuantos metros de la orilla, con el agua a la cintura, una mujer de blanco oteaba el horizonte.

Mientras todos observaban, la mujer desapareció súbitamente, en forma que ninguno de ellos puede explicar hasta el día de hoy. Quisieron entrar al agua, creyendo quizá que la joven estaba ahogándose, pero el susto de la situación -potenciado por la noche cerrada y la visión extraña- hizo que decidieran echarse atrás.

En la zona se cuenta que aquella figura fantasmal no es otra cosa que el espíritu de una mujer ahogada, cuyo cuerpo jamás pudo ser encontrado. Narran que los espectros de quienes perdieron la vida en el mar regresan cada tanto, como si pasearan indolentemente a orillas del mar que les quitó al vida.


En Soriano

La ciudad de Mercedes también tiene su pálida visitante. Donde actualmente se encuentra el museo paleontológico del lugar, se erigía el castillo del Conde de Mauá, cercano a un puente antiguo.

Algunos habitantes de Mercedes afirman que una figura espectral, en la forma de una dama vestida de blanco, visita la zona desde principios del siglo XX. Al parecer, la joven habría hallado la muerte en el puente que conducía al viejo castillo, y desde entonces los viernes a la medianoche la mujer asoma en el puente, reviviendo los minutos fatales de aquella hora ya lejana.


En Rocha

El paseo de la dama de blanco la lleva en ocasiones hasta Rocha. La joven recorre el camino de La Paloma hasta Cabo Polonio, en una versión menos inofensiva que las anteriores

Cuando algunos hombres infortunados cruzan las dunas enormes por las noches, pueden toparse con la aparición de una mujer de blanco de aspecto lúgubre. Se dice que quienes la encuentran y sostienen su mirada no vuelven a ser vistos con vida. En La Paloma aseguran que ronda el mítico faro del lugar, cuando cae la noche.


En Montevideo

Los 21 de Junio de todos los años un hecho curioso se repite en la rambla del Buceo, perceptible sólo para algún transeúnte aislado que se encuentre allí a la hora indicada.

Una muchacha atraviesa corriendo la rambla, cruza la arena y se arroja al agua. Allí permanece boca abajo mientras se aleja en el mar, hasta que desaparece. En el Buceo se cuenta que es el espíritu de una joven que se suicidó por amor y que no logra descansar en paz, lo que la emparenta con las innumerables damas espectrales que recorren el país.

Tiene el pelo rubio, es pálida y viste de blanco. Falleció un 21 de junio hace mucho tiempo y vuelve a revivir su muerte cíclicamente en la fecha mencionada. Quien se acerca a ella, se ha dicho, corre el riesgo de terminar en las aguas del Buceo.



LA CASA DE BUSCHENTAL:


Leyendas Urbanas Del Uruguay (Segunda Parte)

Margarita Salvo vivía en un caserón ubicado en Agraciada casi Buschental, acompañada de una numerosa servidumbre con la que guardaba una relación de afecto poco usual para la época.
Los vecinos del barrio recordaban sus largos paseos por las calles del Prado. Todos los días, las cuatro estaciones del año, el movimiento azul de sus vestidos se anunciaba indefectiblemente por la Avenida Buschental, que solía recorrer de un extremo a otro en sus periplos vespertinos.

En el caserón de los Salvo, sobre una chimenea amplia en la sala de estar, colgaba un cuadro particularmente vívido. En él, Margarita Salvo posaba debajo de un árbol con las hojas marchitas. Era otoño, y el vestido azul de la mujer se estremecía con el viento, resaltando el color de la tela en contraste con un cielo plomizo.
Lo habían mandado pintar muchos años atrás, y desde entonces dominaba la sala en lo alto de la chimenea, donde las llamas del fuego daban una curiosa impresión de movimiento a la figura impasible del retrato.

En 1920 una enfermedad comenzó a consumir a Margarita por dentro. Recluida en su cama, rodeada por sus criados fieles y preocupados, el azul de su vestido dejó de verse en su recorrido usual de la calle Buschental. Una docena de doctores visitó el caserón de los Salvo, comprobando con perplejidad cómo la vida de la mujer se extinguía sin causas aparentes. Era una suerte de tristeza reptando desde adentro, conquistando terreno mientras Margarita parecía sufrir más el calvario de su propio encierro obligado que la decadencia de su cuerpo.

En los últimos días de octubre del 20, los lamentos de la Dama Azul se hicieron más prolongados, oyéndose en ocasiones desde la calle Agraciada, cuando el ventanal de su cuarto permanecía abierto. Ese mismo mes, Margarita expiró sin volver a las calles del Prado. Como un guante oscuro, un profundo pesar envolvió la casa donde aún habitaban los sirvientes.

El silencio ganó poco la sala de estar, donde la figura de la Dama dominaba aún desde el retrato los largos corredores antiguos y el ventanal enorme que daba a un fondo poblado de transparentes y palos borrachos.

Dos de los criados debían permanecer en la casa con el objetivo de mantener el lugar hasta que se dilucidara su destino, evitando el abandono y protegiéndola de posibles intrusos.

Sólo permanecieron un mes. Los sirvientes narraban con espanto que solían encontrar la reja del portón entreabierta por las noches y juraban haber visto el movimiento fugaz del vestido azul alejándose por Buschental. La chimenea aparecía prendida cuando nadie había iniciado el fuego y alumbrados por el resplandor trémulo de las llamas, los criados aseguraban que el cuadro de la Dama Azul aparecía vacío en aquellas ocasiones. Allí seguían los árboles de Buschental, mecidos por el viento, pero no había rastros de su señora en la pintura, como si la figura espectral escapara del marco que la contenía.

Por entonces, el rumor comenzó a circular entre la vecindad. Algunos habitantes de la zona continuaban viendo la figura de Margarita Salvo con su vestido azul, pero evitaban comentarlo a los demás, como si el solo hecho de mencionarlo convirtiera en pavorosa y sobrenatural una situación común por tantos años.

La casa fue abandonada, el tiempo pasó, se cerraron los postigos y las rejas y lo que antaño fuera un portento arquitectónico pasó a ser un viejo caserón más en esa zona del Prado. La leyenda languideció un tanto con el transcurso del tiempo, pero jamás murió totalmente.

Hay quien narra que aún puede hallarse el portón entreabierto algunas noches, y que desde el jardín se escucha de tanto en tanto el lamento triste de Margarita. Hay quien jura que entró cuando niño en la casa, topándose con la silueta azul enmarcada en el gran ventanal del fondo, mientras un retrato vacío era testigo de la escena.

Indiferente a todo, Margarita Salvo pasea su vestido azul por Buschental y observa cómo un nuevo siglo despunta tras el trillo de sus pasos.


EL ÁRBOL DEL PRADO:

cuentos

Se conocieron entre los árboles de los campos del Prado. Él pertenecía a una clase social muy baja, pero ella era adinerada, hija de una familia de alcurnia. En la época en que les tocó vivir, la década del 30, su joven edad y la diferencia social que los separaba convirtió su relación en una situación prohibida de antemano.

A pesar de ello, sus encuentros furtivos fueron haciéndose cada vez más frecuentes. Paseaban a la sombra de los árboles de un arroyo Miguelete aún cristalino, bordeando luego los parques y las rosaledas del antiguo hotel del Prado. Con el verde de un barrio sin mancillar como telón de fondo, fue creciendo una pasión tan prohibida como inevitable y que jamás pudieron disimular.

Poco a poco, a medida que la relación se hacía más evidente, su presencia allí fue una mancha incómoda para una sociedad conservadora, encorsetada y llena de prejuicios. En el vecindario corrieron rumores sobre ambos, transformados luego en una serie de chistes maliciosos. Como resultado, los jóvenes sufrieron el escarnio público y una censura violenta por parte de sus padres, inmersos en el corrillo hipócrita de chismes barriales. De un modo shakesperiano y melodramático, la familia de la joven prohibió terminantemente que volvieran a verse, intentando generar en la pareja un sentimiento de culpa y una profunda vergüenza.

Un día de primavera, los jóvenes volvieron a verse por última vez en el Prado, cuando el sol caía y las sombras de los árboles jugaban con la vieja fachada del hotel. Sabían que el suyo era un vínculo que no podían mantener, y antes de perder para siempre la relación que había pasado a constituir el sentido último de sus vidas, decidieron acabar con su existencia. Se suicidaron juntos, al pie de uno de los tantos árboles, donde fueron hallados recién a la madrugada siguiente.

El árbol aún sigue en pie en esa zona del Prado, y aunque cuando despunta la mañana es imposible identificarlo, narran los vecinos que al caer la tarde, si uno se acerca lo suficiente, pueden escucharse los suspiros finales de los jóvenes amantes. Por las noches, algunas veces, aparece extrañamente iluminado y quien pasa por allí tiene la inquietante sensación de que alguien o algo lo observa, y que no es sólo el árbol lo que respira en esa zona mágica del Prado.



Fuente: http://www.montevideo.com.uy/catleyendas_332_1_1.html



Esta fue la SEGUNDA parte, no te olvides de visitar la continuación de estas Leyendas Urbanas del Uruguay..


Saludos Para Todos


Diegouru


http://www.taringa.net/posts/info/1947099/Leyendas-Urbanas-Del-Uruguay.html
http://www.taringa.net/posts/info/1947102/Leyendas-Urbanas-Del-Uruguay-(Tercera Parte).html

Uruguay

8 comentarios - Leyendas Urbanas Del Uruguay (Segunda Parte)

Volarerunt
Muy interesante, jajajajaja

ya ando con miedo XD,

voy x la tercera
Hansom
La mayoria de las fotos son excelentes.
ReGGae007
yo vivo en el parque rivera a 1 cuadra :S pero esa historia ya la conocia yo tengo algun par mas despues la posteo vivo en zum felde :S
juan87945
En esta pagina tambien pueden encontrar algunas leyendas http://leyendasurbanaspy.blogspot.com/
RougeTheBat
la del microondas es 100% FAKE los microondas no funcionan con la puerta abierta y el resto son dificiles de creer puesto que los fantasmas no existen no hay que tenerle miedo a los muertos si no a los vivos que andan en todos lados incluso en el gobierno y esos pueden joder a cualquiera
Caballeroseba
Buen post,talvez de estas historias ponga algunas en YouTube