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Las familias filipinas que sólo pueden vivir entre muertos.



Para los Toraja, una comunidad indígena de la isla Célebes en Indonesia, los muertos forman parte de la vida diaria y no porque sean recordados y homenajeados de alguna manera; sino porque realmente conviven con un cadáver como si aún viviera.


Es decir, lo sientan cerca de la familia, le cambian la ropa y platican con él, aunque la mayor parte del tiempo fingen que está durmiendo. Una vez enterrados, los sacan constantemente para hacer fiestas familiares en las cuales el cadáver participa como un invitado más.


De este modo, tratan de mantener viva (literalmente) la imagen de sus seres queridos, algo similar a lo que ocurre en Manila, Filipinas. En aquel país existe un cementerio muy grande y antiguo que es la morada de miles de cadáveres que descansan cohabitando con una cantidad similar de vivos que se asentaron en el campo santo y que usan las tumbas como hogares a cambio de limpiarlas y mantenerlas en buen estado. Otros, en su lugar, pintan las lápidas o barren cerca de la tumba y cuando los familiares acuden a visitar a sus muertos, les dan una cantidad de dinero, lo que ellos perciben como empleo.


El fotógrafo Adam Dean visitó aquella comunidad con la finalidad de retratar la cotidianidad de cada una de las personas en aquel tétrico lugar, encontrando en cada habitante presente, una forma de vida distinta a otras, pero que logra converger de tal manera que se crea una sola comunidad que intenta salir adelante.


Cada persona asentada era una oportunidad para que Dean retratara una parte de la sociedad que a veces olvidamos y que se llama unidad. El fotógrafo se inmiscuyó de tal modo entre ellos, que por unas horas fue un habitante más del cementerio.


Conoció sus formas de vida y logró que los habitantes se desenvolvieran naturalmente, siendo esto el enfoque de su cámara: la naturalidad con la que una tumba puede convertirse en un hogar y no precisamente de un cuerpo fallecido, sino de una familia completa cuyos recursos económicos son limitados.


Desafortunadamente, el desempleo y la poca educación, ha hecho que los filipinos se asienten en este tipo de espacios que son prácticamente libres, puesto que los cementerios son siempre lugares pasivos, muy tranquilos y no reciben tantas visitas como las personas juran a sus muertos.


Así que poco a poco la gente va creando sus propios hogares con carpas, muebles y adornos que dan la sensación de estar en verdad en una especie de comuna. La forma de llegar ahí es relativamente sencilla, eligen una tumba al azar y se la apropian, dándole su toque personal, como si no importara el nombre que está en la lápida.


Algunos habitantes creen que vivir en aquel lugar es difícil, pero nada que no puedan sobrellevar; para muchos, eso es mejor que vivir en la pobreza, en algún lugar peligroso o en la calle misma. Pero no sólo eso les afecta, también la falta de agua potable o luz, lo mismo que el clima cambiante y hasta la fauna del lugar; no obstante, es el único lugar al que realmente pueden llamar hogar. No hay personas que les agredan o que les miren de mala manera por el simple hecho de estar en la calle.


Dean tomaba su cámara y disparaba hacia donde él consideraba que había algo interesante, lo difícil fue no hacerlo, ya que cada rincón era una anécdota para retratar. Sus fotografías parecen tener un mensaje mucho más profundo de lo que se percibe a simple vista.


Él intentó retratar la vida marginal, pero al mismo tiempo cómo es que los protagonistas de los retratos sobrellevan la falta de oportunidades, transformándolas en un ritual diario para preservar la vida en un sitio en el que LA VIDA es lo que menos existe.


Por las noches duermen sobre las tumbas; podría sonar tétrico, pero en realidad, la mayoría sabe que es sólo un poco de concreto y debajo hay una persona que ya no respira, no siente, ni se acongoja. Son solamente restos humanos. Para ellos, la muerte ya no es una complicación, es únicamente un estado natural al que todos hemos de llegar. Unos duermen sin reparo, otros platican con las tumbas y hay quien simplemente ve su vida pasar en un lugar donde la mayoría de los habitantes la perdieron.


Hay temporadas en las que el cementerio se llena de personas –puesto que se llevan a cabo hasta 80 funerales diarios– pero usualmente es un sitio muy tranquilo; incluso los habitantes son bastante pacíficos y tratan de mantener la paz en el lugar, emitiendo sonidos únicamente cuando es necesario, ya que a pesar de todo, sus creencias son de suma importancia.


Además, es una forma de agradecimiento por poder tener un hogar, o al menos un sitio en donde dormir. También como una forma de decir “gracias”, le dejan ofrendas y veladoras a aquellas tumbas que no son visitadas por sus familiares.


Adam Dean cree que la labor que cada uno ejerce dentro de la comunidad es de suma importancia para que el cementerio funcione; por lo tanto, el que dejen ofrendas y demás a todos aquellos que han olvidado es un punto a rescatar con su ojo a través de la cámara. Demostrando que no importa cómo vivan, lo más valioso de una persona son sus acciones y la manera de ver a los demás y a sí mismos.


Por desgracia, las drogas se hacen presentes con mucha frecuencia, lo que al igual que cualquier vecindario, otorga al mausoleo de zonas más vulnerables que otras y por desgracia aumentan aquellas que son perjudiciales; incluso algunos de esos espacios son semillero de delincuentes. Por lo que a pesar de ser una comunidad que vive en armonía, se forjan nuevos criminales cuya falta de oportunidades afecta de manera directa.


Algunas personas preocupadas por el bienestar de los chicos que van creciendo en el cementerio, han abierto pequeños comercios en los que venden comida y artículos de aseo. De igual manera, hay organizaciones que les ofrecen ayuda para aprender a leer o para enseñarles algún oficio. También se venden veladoras y flores para los visitantes y en ocasiones ofrecen grabadoras y música para hacer pequeñas reuniones con los “vecinos”, respetando siempre la tranquilidad del lugar.


La comunidad que se ha forjado en aquel lugar es tan sólida como cualquier otra en el mundo, aunque los habitantes del mausoleo afirman que es mucho más seguro vivir en un sitio en donde los roomates no están vivos, pues no puedes temer más a los cuerpos inertes que a los que la vida corrompe. Una postura que Adam Dean fotografió para mostrarle al mundo que el ser humano es capaz de sobrellevar cualquier situación, siempre y cuando tenga pasión por la vida y por la de los demás.



Comentarios Destacados

esbernal +6
familias filipinas
VCLR
jajaja! excelente bro, gracias por pasar, saludos

9 comentarios - Las familias filipinas que sólo pueden vivir entre muertos.

Osukaru_kun_Kun +1
paso al rato a dejar 10
VCLR
gracias, saludos!
daroh91 +5
Todo mentira. Yo estoy en Manila, la gente vive en cementerios porque no les rompen las pelotas y no tienen un peso partido en ocho.



La seguridad social y demas es practicamente inexistente en Asia y mas en paises como Indonesia, Filipinas y Vietnam
VCLR -3
esta mal de todos modos bro, en fin, gracias por comentar, saludos!
MK_Pegasus +2
¿Cómo llegaste hasta ahí? de qué laburas?
OtraMulticuenta +3
no lei un poroto,pero de filipinas sale el mejor porno amateur
papyto28
Tipica virgocueva taringuera....
OliviaPopye +1
Es tan triste que ni los fantasmas salen...