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Sarmiento y la problemática femenina


Sarmiento y la problemática femenina

1) Denuncia el maltrato doméstico hacia las mujeres

Resulta sorprendente su estilo avanzado al cuestionar las formas patriarcales del mundo familiar de entonces. En una carta escrita en 1843 a su primo Domingo Soriano sarmiento le aconseja tener un trato humano con su cónyuge. Dice:

“Vea usted, sin embargo, como veo yo el casamiento. No creo en la duración del amor que se apaga con la posesión. Oiga usted esto, porque es capital, su felicidad depende de la observancia de este precepto: No abuse de los goces del amor, no traspase los límites de la decencia, no haga a su esposa perder el pudor a fuerza de hacerla prestarse a todo género de locuras. Deje a su mujer cierto grado de libertad en sus acciones y no quiera que todas las cosas las haga a medida del deseo de usted. Una mujer es un ser aparte que tiene una existencia distinta a la nuestra. Es una brutalidad hacer de ella un apéndice, una mano para realizar nuestros deseos. Cuando riñan, guárdese por Dios de insultarla. Si en la primera riña le dice usted bruta, en la segunda le dirá infame y en la quinta puta. Tenga usted cuidado con las riñas.”


2) Acerca del surgimiento de la obrera fabril

(…) Si bien el proceso de desarrollo industrial en Argentina –a partir de 1870- se encuentra en un estado embrionario, los conceptos morales de la época aluden a un clima pernicioso en la fábrica, que corrompe a los sujetos. El Censo Municipal de Buenos Aires de 1887 refuerza lo expresado relatando que “los hijos del país, en su mayoría miran con desprecio el trabajo en la industria”. Sarmiento, por supuesto, no escapa a esta regla generalizada de desconfianza y temor al trabajo mecanizado. Por otra parte, el ingreso de la máquina de coser en Argentina, en 1853, produce un rechazo mayoritario de nuestras costureras por temor de que peligre su fuente laboral. La competencia desigual entre la producción manual y la mecanizada genera una franja de desocupación ostensible. Sarmiento toma esta cuestión en su discurso a un número importante de mujeres en Montevideo, hacia 1883. Dirá: “En el Estado Oriental no ha colocación para las mujeres desde que la máquina de coser reduce a la generalidad a forzada ociosidad.” Pese a los cuestionamientos que se plantean, Sarmiento intenta proyectar –según lo señala Leopoldo Lugones- guarderías para el cuidado de niños, mientras sus madres trabajan en las fábricas. Asimismo, insinúa a Mary Mann que las educadoras seleccionadas para viajar a Argentina sepan instruir a las nativas sobre el manejo de la máquina de coser. (…)

Sarmiento


5) Su observación sobre usos y costumbres de las mujeres de la época

A lo largo de su vida pública –ya sea como escritor o periodista- Sarmiento se presenta a los ojos de sus lectores, con sus detalladas observaciones, como un excelente retratista de costumbres colectivas. Su verdadera inclinación poética por el teatro –entendido como un género que “debe ser fiel espejo de las costumbres” lo sensibiliza a hacer notar lo anónimo y representativo de la realidad social. Facundo, Viajes, La Campaña en el Ejército Grande, son tratados de costumbres, donde todo es significativo. “Los detalles, lo superficial, lo aparentemente sin importancia, nunca son casuales para quien sabe leer” (Sarlo, 1988:2). Ello permite entender su alocada comprensión alrededor de las expresiones culturales populares, entre ellas el baile callejero. Al detenerse en la cotidianidad de las grandes urbes, recurrentemente las mujeres aparecen retratadas en sus prácticas en sus prácticas diarias y gozos. Por ejemplo, en diversos relatos comenta y exalta la capacidad de disfrute por parte de las mismas en los bailes populares. (…) Por otra parte, la libertad y el manejo sin ataduras de las estadounidenses lo marcan decididamente para estimular a nuestras mujeres a que imiten estos dignos ejemplos. Habla de las norteamericanas como “un tipo nuevo en el mundo”, o bien, las simboliza como “mariposas del aire”. En realidad, verlas trabajar, estudiar, luchar por sus derechos t franquear las vallas morales de la pacatería social, es un placer para Sarmiento. El 20 de mayo de 1865, le escribe a Aurelia Vélez desde Nueva York: “¡Si fuera yanqui! Si viese ferrocarriles, vapores, hoteles, calles llenas de jóvenes solteras, viajando como aves del cielo, seguras, alegres, felices!”

(Carta tomada de Drei, 1968:44)

(…) En Argentina, las que pertenecen a sectores más acomodados no estilan movilizarse por la ciudad si no es en compañía de los sirvientes o familiares. Cuando lo hacen es, casi siempre, para asistir a misa o visitar parientes próximos, en horarios matinales o vespertinos. Es tan así que, aún en 1928, se mantiene un reglamento municipal que prohíbe circular a las mujeres solas por
la noche. Un detalle que Sarmiento no pasa por alto es la modificación de las costumbres en las vestimentas femeninas, frente a la salida de las mujeres del mundo doméstico para incorporarse a otras esferas públicas. Manejarse con soltura en la gimnasia y en otras prácticas físicas les permite a las norteamericanas incorporar el uso de los pantalones. En una carta a Aurelia

Vélez desde Nueva York le relata:

“Fuimos al día siguiente a Lexington a ver el establecimiento de educación física para mujeres. Vuelve este país a los tiempos de la Grecia, dando a los juegos gimnásticos una gran atención. Lo que vi ejecutar a las niñas asegura la mejor perfección de la raza por la fuerza, la belleza y la gracia.”

(Carta del 20-05-1865, tomada de Drei, 19168:44)

Mabel Bellucci, en Mujeres en la educación. Género y docencia en la
Argentina, 1870-1930. Graciela Morgade (compiladora), Miño y Dávila,
Buenos Aires, 1997, p.56-62

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