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Gerardo Vallejo: el cine al servicio de los olvidados

A tres años de la partida de Gerardo Vallejo


Gerardo Vallejo: el cine al servicio de los olvidados




El 6 de febrero de 2007 se despedía de esta vida Gerardo "Chango" Vallejo, quien antes que nada fue un gran tucumano, un gran peronista, un gran argentino que eligió al cine para poner en imagen a los olvidados, a los humillados, a los argentinos de la Argentina negada por la ciudad oligarca y el cipayismo neoliberal. Gerardo le dió lugar a otra cultura, abrió un camino, pensó, rió, lloró y soñó lo mismo que sus entrañables personajes de sus películas como El Camino hacia la Muerte del Viejo Reales y El Rigor del Destino. Sufrió el exilio, y a su regreso, en lugar de hablar de él y de su dolor personal, contó y nos contó a todos, el drama de los que se quedaron, de su pueblo tucumano. Tuve el privilegio de ser su alumna, su mujer y la madre de tres sus seis hijos. Hoy quiero celebrar su vida junto a sus hijos, a sus amigos y lo que saben que nos falta con la ausencia de su mirada, de su generosidad, de su nobleza.

Eva Piwowarski.




Entre las figuras más destacadas del cine militante de los 70, está la de Gerardo Vallejo. En él se conjugan la mirada del documentalista, comprometido con su realidad social y la imaginación del poeta. Pero fundamentalmente su cine, en la tradición de Fernando Birri, encarna la mirada de los sectores populares del interior del país. En su homenaje recorremos su obra, enmarcada en uno de los períodos más interesantes del cine nacional.

Gerardo Vallejo fue una de las figuras importantes del cine argentino y su obra mereció elogios tanto en el país, como en el exterior por dos películas que marcaron momentos claves de la historia política del país, El camino hacia la muerte del viejo Reales y El rigor del destino .

Nacido en Tucumán el 4 de enero de 1942. Comenzó a destacarse cuando en 1968 se convirtió en el asistente de Fernando Solanas y Octavio Getino en el extenso y largamente prohibido documental La hora de los hornos. Había cursado en la Escuela de Cine Documental de Santa Fe y desembarcó en Buenos Aires con un cortometraje llamado Las cosas ciertas. Fue entonces cuando Solanas lo invitó a integrarse al proyecto que estaba poniendo en marcha en ese momento, que era el documental de La hora de los hornos, del que nacería el Grupo Cine Liberación y su preocupación por la búsqueda de un "tercer cine", alternativo a la industria hollywoodense y al cine de elite de los 60.

Ese mismo año comenzó el rodaje de El camino hacia la muerte del viejo Reales, película semidocumental con guión propio, compartido con Solanas y Getino, que terminó en Roma tres años después y sólo pudo estrenar en la Argentina en 1974. Este film marcó un momento clave en la historia del cine testimonial latinoamericano. Obra de autor (tuvo a su cargo la dirección, el manejo de cámara, la fotografía y el montaje), recibió el premio principal del Festival de Mannheim-Heidelberg en 1971.

Con la vuelta a la democracia, entre 1973 y 1976, se dedicó a registrar la lucha de los trabajadores de la Fotia (Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera), en una serie de documentales reunidos bajo el título Testimonios de Tucumán hasta que, en 1974, cuando ya sonaba en sus pagos el Operativo Independencia, pudo esquivar un intento de fuerzas paramilitares de violar su domicilio y así marchar, finalmente, al exilio, en principio en Panamá.

Desde entonces, el nombre de Vallejo quedó prohibido, como el de tantos otros representantes de la cultura. Poco después, ya instalado en España, fundó la Escuela de Cine de Madrid, y dirigió Reflexiones de un salvaje. Al regresar, en 1984, rodó en su Tucumán El rigor del destino , con Carlos Carella, Alberto Benegas y Víctor Laplace, en la que a partir de una ficción recuperó los conflictos que llevaron a la desactivación de la agrupación que nucleaba a los cañeros de su querida provincia. La película recibió el Colón de Oro en el Festival de Huelva.

Sólo en 1995, una década después, Vallejo volvería a la dirección, esta vez en Con el alma , un encuentro mágico entre Martín Fierro y Don Quijote -interpretados por Alcón y Lito Cruz, en los valles Calchaquíes-, personajes que salen en busca de sus tumbas. Una historia con la que intentó homenajear a los desaparecidos de la última dictadura militar. En 2000 intentó rodar una adaptación de la novela El inocente , de Julio Ardiles Gray, que no pudo concluir.





Recuerdo de Gerardo


documentalista



Por Fernando “Pino” Solanas

Yo recuerdo a Gerardo como compañero y militante de aquellos años de resistencia, de nuestros años jóvenes en el cine, lo recuerdo como amigo hermano, y lo recuerdo como el gran realizador que fue.

Lo conocí a través de su talento cinematográfico. El había cursado en la Escuela Documental de Santa Fe y desembarcó en Buenos Aires con un cortometraje notable llamado Las cosas ciertas. Ahí nace nuestra relación y nuestra amistad. Lo invité a integrarse al proyecto que en ese momento estaba poniendo en marcha, que era La hora de los hornos, y junto con él, Octavio Getino, Tito Ameijeiras, Jorge Díaz, Rubén Salguero, Carlos Mazar, Cacho Taborda y Juan Carlos Desanzo, entre otros, conformamos el Grupo Cine Liberación que nació con el proyecto de este largo documental. Y aquellos años fueron de un gran desafío y de una ética extraordinaria porque no sólo hacíamos un film contra todas las prohibiciones. Recordemos que era la época de la dictadura de Onganía. Producimos La hora de los hornos y después El camino hacia la muerte del Viejo Reales, que fue el primer documental de Gerardo. Es un largometraje basado en una familia de trabajadores del azúcar en Acheral. Notable y para mí una de las grandes películas argentinas de los años ’70, reconocido con dos grandes premios internacionales: el de Pésaro (Italia) y el de Mannheim (Alemania). Esta película es uno de los grandes antecedentes del cine testimonial social, donde el documental y la ficción se entrecruzan. También Gerardo realizó una tarea de cineasta militante muy importante en Tucumán con una serie llamada Testimonios de Tucumán, que eran testimonios sociales muy importantes. Después incursionó, ya de lleno en la ficción, en España y luego en la Argentina.

Vallejo le ha aportado al cine argentino una mirada de una gran sensibilidad social, pero sobre todo una mirada crítica desde el interior del país, fiel a la tradición iniciada por Birri con Tire Die. En Gerardo se mezcla la fina mirada de un gran documentalista junto a una fuerte imaginación poética. El Vallejo militante, del compromiso social, de los años duros de la dictadura, pagó un alto precio porque eso le costó la persecución y el exilio y ser agredido con una bomba en su casa de Tucumán. Y en el año ’75 comienza su exilio yendo a Panamá y filmando, inclusive, con Torrijos. Su gobierno le abre las puertas y filma varios documentales en Panamá. El exilio lo lleva luego a España, donde transcurre la mayor parte. Allí enseña y hace dos largometrajes. La vida de Gerardo fue muy sufrida, porque su compromiso social expresado en el cine lo pagó con todos esos exilios y persecuciones. Tampoco le fue fácil el regreso.

Al Gerardo amigo y compañero todos lo recordaremos por su generosidad, por su afecto, y su permanente humor tucumano. Su permanente humor tucumano luchando con su fuerte carga melancólica: pensemos que Gerardo en las últimas décadas vivió fuera de su Tucumán natal. Ha sido un gran padre, con cinco hijos. Y estaba ya enfermo desde hace varios meses. Hablé la semana pasada con él y Gerardo de ninguna manera imaginaba que sus días estaban contados. También lo llamó Fernando Birri desde Roma y a los dos nos dio la impresión de que todavía había Gerardo para rato. Yo le dije:

–Te quiero visitar porque tengo una buena botella vino.

–Esta semana no, vení la que viene y nos machamos –me contestó en broma.

Hicimos todo lo posible para cumplir el mayor deseo de Gerardo de poder reunirse con todos sus hijos. Es como si hubiera esperado la llegada de ellos, porque cuarenta y ocho horas después falleció. Lo importante es que Gerardo seguirá vivo no sólo en el recuerdo sino por sus inolvidables imágenes.







Decía Gerardo:


"El exilio es así, como un largo viaje en un tren entre el pasado y el futuro; igual que aquellos viajes de mi adolescencia en el ‘Estrella del Norte’, que me alejaban de Tucumán, pero siempre al mismo tiempo acercándome más, en un nuevo y distinto regreso.

“El espacio físico de los Valles Calchaquíes me atrae cinematográficamente como espacio mítico. Para Tucumán son el ancestro por siglos, ligado a la madre Tierra”.

“Falta la mirada del interior y la mirada del pueblo, su protagonismo. Lo que se ve ahora es el cine de la burguesía y de la clase media, pero que no expresa los sentimientos del pueblo argentino, que es el que sufre las postergaciones desde hace tanto tiempo. En el cine me interesa mostrar la identidad nacional y la memoria popular, como puede verse en todas mis realizaciones”.





link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=SWSCpcVAIOs
1968: OLLA POPULAR, cortometraje de cuatro minutos. * Gran Premio del Festival Internacional de Oberhausen (Alemania). * Mención Especial en la Primera Muestra de Cine Documental de Mérida (Venezuela)






Fuentes:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=881365
http://www.elintransigente.com/notas/2010/2/7/argentina-36244.asp
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-80109-2007-02-08.html


5 comentarios - Gerardo Vallejo: el cine al servicio de los olvidados

filipo7223
me arrepiento de haber dado todos los puntos de hoy, mañana dejo
Lindir +2
Uno de esos posts por los que vale la pena tener internet, aunque la CIA tenga tus datos...
Te cuento que mi viejo, cuando todavía vivía en Tucumán, hacía la música para las obras de teatro que Vallejo dirigía allá.
Un saludo grande.
morningdial
No sabés dónde lo podría descargar? No está en ningún lado... y en youtube está desfasado
morningdial
Gracias!!! Te lo agradecería muchísimo!!! Justamente aqui en mis pagos queríamos rendirle un homenaje proyectando esta peli en particular. Cualquier cosa avisame. Un abrazo.