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Cienfuegos siempre eterno




ROLLINGSTONE 01 de septiembre de 1999
Eramos Punks
La melancolía porteña, el barrio y el rock pretencioso, según cienfuegos.
Cienfuegos desconcierta. Es una banda de barrio. De barrio norte; más precisamente, de Olivos y Florida. Es una banda melancólica y porteña, pero sin absolutamente nada de tango ni de lunfardo. Y también es una banda del palo, que comparte productor (Ricardo Mollo) con La Renga y Almafuerte, aunque sus canciones resulten bastante menos accesibles y directas que las de sus bandas amigas. ¿Entonces?
Según Sergio Rotman, voz principal y uno de los compositores de Cienfuegos, el suyo es, ante todo, un grupo de amigos que se conoce desde hace más de quince años. Un grupo de amigos que se caracterizó, en un principio, por frecuentar bares de mala calaña y la vieja vía muerta que hoy transita el muy paquete Tren de la Costa, y que luego se dedicó a hacer música fascinado por bandas como Madness y The Clash. Se llamó Día D, Los Marginados, Los Pillos, Los Errantes y, ya en los 90, Cienfuegos. En medio hubo cambios de integrantes, viajes a España, incorporaciones y deserciones de los Fabulosos Cadillacs (Rotman se alejó de Vicentico y Flavio en 1996; el baterista Fernando Ricciardi sigue). Pero recién ahora, con tres discos grabados, una agenda completa y una estructura seria, Rotman puede decir que Cienfuegos es su proyecto más importante.
Martin Aloe: Cada vez nos viene a ver más gente, los discos son mejores. Está todo encaminado... Es el segundo disco, recién...
Aloé –bajista– se refiere a Hacia el cosmos, tercer disco de Cienfuegos pero el segundo de esta etapa, digamos, profesional. Con Cienfuegos (1997, decorosa colección de demos) y NS/NC (1998), el grupo fue puliendo su perfil dark hasta llegar a lo que es hoy: una banda de rock de dos guitarras, bajo, batería y dos percusionistas, que en vivo puede sonar furiosamente punk, y que en los discos siempre genera la sensación de que está por estallar. Su convocatoria, además, crece lenta pero sostenidamente.
Rotman: Nosotros hacemos una música que no está de moda, no pertenecemos a ningún estilo, no tenemos asegurado el público de ninguna tribu. Tampoco componemos hits, así que no podemos medir nuestro éxito por la cantidad de discos vendidos. Creo que, para lo que hacemos, tenemos éxito. Somos muy deformes. Lo que pasa es que en vivo, como somos muy enérgicos, la cosa se arma; salimos y rompemos todo, no hay dudas. Pero los discos son más difíciles, hay que escucharlos con cierta atención, engancharse en la onda... No son como para decir: "Voy a lavar los platos, pongo el disco de Cienfuegos".
El filón melancólico se advierte de distintas maneras. En el sonido, inspirado en el pospunk de principios de los 80; en las letras, existencialistas y amargas; en los covers que eligen para grabar (temas de Joy Division o de Talking Heads), y en el discurso: Rotman y Aloé siempre recuerdan los años de su adolescencia, cuando escuchaban discos de vinilo importados y pasaban sus horas bebiendo pingüinos en el bar Aztecas, de Olivos.
Martin Aloe: No sé si éramos punks, pero nos vestíamos raro y caíamos siempre en cana. Me acuerdo de que para poder entrar a tocar en el café Einstein tenía que acompañarme mi papá, porque yo era menor. Y la melancolía... Quizá seamos un poco así. Pero, en Buenos Aires, ¿qué banda es alegre? Buenos Aires es jodido. Es todo gris, áspero. Es medio inevitable. En otros lugares es distinto. Yo viví varios años en España, y es distinto. Escuchás otra música. Sergio va a Puerto Rico y lo sabe.
Rotman: Yo no pasé mucho tiempo en Puerto Rico, pero fui muchas veces en estos últimos años, desde que conocí a mi mujer (Mimi Maura, cantante y puertorriqueña). Por ahí pasaba más tiempo allá que acá, pero volvía. Durante dos años hice eso. Pero a partir del sexto mes de embarazo nos quedamos acá. Fuimos dos veces, para que conozcan a nuestro hijo (Leroy). Y allá te convertís. A cualquiera le pasa. Es otro planeta. Nada que ver. Es un lugar con otros problemas, otra realidad y otros valores morales. Las mismas drogas, eso sí.

–¿Y tu mujer se transformó cuando se instaló en Buenos Aires?
Rotman: Totalmente; peor que yo. Y te aseguro que no pasa solamente por el acento. Es el ser porteño. Te vas a cualquier lugar, a unos kilómetros, y decís: "Uy, qué porteño que soy, qué asco". Igual, nuestra música no es la más porteña. No vamos a tocar tangos.

–Es posible tener características porteñas sin caer en el clisé del bandoneón y el arreglo tanguero.
Rotman: Sí, y además es inevitable, porque somos de Buenos Aires. Tal vez el término no sea "tango" sino "Buenos Aires". Y ahí sí.
A diferencia de la mayoría de los grupos de rock –de cualquier lugar del mundo–, Cienfuegos ha puesto suficiente empeño como para publicar un cd por año. El ex Cadillacs tiene fundadas razones para sostener esa idea.

Rotman: No quiero hacer un disco cada dos años, porque así el rock se vuelve ampuloso. El rock no es tan importante. Buenas canciones, nada más; las tenés, las grabás y las tocás. Últimamente hay mucha obra épica en el rock.

Martin Aloe: Mil horas de grabación, gran producción... Pero si las canciones no son buenas...
Rotman: Los mejores discos se han hecho de una forma sencilla. Es verdad que el rock tiene un compromiso con un sonido que a veces lleva tiempo lograr. Y lo tenés que trabajar, porque después vas a comparar tu disco con otros. Y te pueden pasar por arriba. Pero fijate las carreras de los grupos buenos, de acá o de afuera: casi todos han dado varios discos durante un tiempo corto. No es necesario estar mil horas grabando. No jodamos: estás haciendo rock, son siete tonos... Pero parece que ahora la onda es tomarse mucho tiempo. Nada dice que si estás mucho tiempo sobre una canción la vas a hacer mejor. Si la vas a tocar con una orquesta sinfónica, es lógico que te lleve tiempo; matemáticamente, tenés más trabajo. Pero si la canción es La, Fa, Do sostenido, Si, y el puente en Sol... Hay que desmitificar el rock: eso es importante. Y en vivo lo hacemos. Nuestro show es despojado, un grupo tocando rock. No puede fallar.
Oscuras, pesadillescas, químicas, las canciones de Cienfuegos no son un canto a la vida –a excepción de alguna letra escrita por Diego Aloé, guitarrista y hermano de Martín–, y remiten, sin duda, a los años 80. "Pobrecita la raza humana con su problema existencial; pobrecitos nuestros amigos con su problema mental", canta Rotman. O "Treinta noches sin dormir, sin Trapax ni Ribotril".

–Las letras hablan de drogas, muerte, depresión. Pero Sergio ya tiene un hijo, ha formado una familia. ¿Eso no cambia la forma de ver la vida?

Rotman: Conseguir drogas sigue siendo una tarea interesante. ¿Vos tenés hijos?
–No.
Rotman: Okay. Lo de "padre de familia" es un verso: no cambia absolutamente nada. Seguimos siendo los mismos, y me parece que situación es similar a aquella época en la que éramos adolescentes. La relación con las letras es interna, para adentro; situaciones que te han pasado y que te llamaron la atención.
En vivo, Rotman no toca el saxo, como lo hacía en los Cadillacs. Ahora can- ta casi todas las canciones. Pero, al igual que antes, sigue siendo saltarín, bailarín y polvorita; petiso e inquieto, sacude sus largos dreadlocks por el escenario, va y viene, nunca se queda quieto. El papel de frontman no le queda grande.
Rotman: Estudié canto, sí, pero también pienso que la música que hacemos permite que yo pueda cantar. No me mandaría a cantar jazz. Yo creo que interpreto... En el rock hay tipos que cantan muy raro pero suenan bien: Iggy Pop, Joe Strummer... Yo interpreto las letras, y creo que hago bien mi trabajo. Igual, no cantaría en otra banda que no fuera Cienfuegos. En este disco supongo que lo debo haber hecho bien, como para que Ricardo (Mollo) no me haya vuelto loco. Estoy orgulloso porque sé que pasé por las orejas de Mollo.
Martin Aloe: Además, Ricardo consiguió el sonido que nosotros no podíamos sacar en el estudio. Siempre pensamos que a las violas les faltaba peso. En cambio ahora...
Rotman: Y lo de frontman… no sé. Tengo muchos años de escenario con los Cadillacs, bastante experiencia. Pero Cienfuegos es otra cosa. Algunas letras, sobre todo en vivo, no se pueden cantar paradito, tranquilo. Necesitan una onda; si no, es ridículo. La energía es un porcentaje importante de lo que estás haciendo. Eso se llama rock & roll.
FERNANDO SANCHEZ





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25 DE JULIO DE 2013
ALOE, ROTMAN Y LA PERVIVENCIA DE CIENFUEGOS
“Eramos una banda de mierda”
Estos cinco “decepcionados del mundo y la raza humana” (como dice Rotman) generaron tal culto rock-punk que 40 bandas se sumaron a un disco tributo.
Por Javier Aguirre
Por más punk que seas, tiene que resultar una caricia que 40 artistas jóvenes rescaten todas –todas, toooodas– tus viejas canciones para un álbum-homenaje conceptual, amplio, cósmico. Es que cada una de las composiciones originales algunas vez grabadas y editadas por Cienfuegos tendrá su versión en Salvación del alma, el tributo que está en camino y que puede ir catándose, en plena gestación, a través del muestrario online Tributoacienfuegos.bandcamp.com.
Lejos de golpearse el pecho, los ex Cienfuegos parecen sorprendidos. “No lo entiendo”, sacude la cabeza ante el NO Martín Aloé, ex bajista de esa banda que hoy integra Día D junto a Hernán Bazzano, el cadillac Fernando Ricciardi y Diego Aloé (casi todo el histórico plantel, salvo el cantante y saxofonista Sergio Rotman, quien vive en Puerto Rico). “Eramos una banda de mierda, es la triste realidad... Creo que sólo funcionábamos bien en vivo..., pero lo loco es que casi ninguno de los pibes que están en el tributo nos vio en vivo... ¡No nos iba a ver nadie!”, desarticula Aloé.
También Rotman, por estos días en Buenos Aires luego de tocar con Mimi Maura y a punto de hacerlo con El Siempreterno, destaca la escasa convocatoria que tenían los shows de Cienfuegos: “Iban a vernos veinte gatos locos, lo que hace que el tributo sea algo más significativo todavía y me produzca un orgullo increíble, inesperado”.
Con tres discos de estudio (grabados entre 1997 y 1999) y uno en vivo, Cienfuegos fue una banda oscura y errática, que (dis)funcionó en forma semiparalela con proyectos simultáneos, anteriores o posteriores, de sus músicos: Los Fabulosos Cadillacs, Mimi Maura, Los Pillos, Día D, El Siempreterno o el plan solista de Gigio González. Como un núcleo que a través del eje Rotman-Aloé-Ricciardi impregnó a todas esas bandas. Y a muchas otras, a juzgar por la espontánea convocatoria de Salvación del alma, que comenzó como una iniciativa de Nicolás Galfrascoli, ex colaborador de Cienfuegos y baterista de la banda-tributo El Coche Negro.

DÍA D
“Soy fan de Cienfuegos desde los 15 años –cuenta su historia–, los seguí hasta su último concierto, ayudé en sus shows a vender discos, a hacer difusión, hasta terminé siendo su manager durante un año, en 2007. Cuando se separaron, yo le insistía a Rotman que tocara los temas de Cienfuegos, hasta que me dijo: ‘¿Por qué no armás una banda vos y tocás todos los temas de Cienfuegos?’ Y ahí armé El Coche Negro.”
La banda-tributo llevó al disco-tributo. “Quiero editarlo en diciembre en formato digital, CD y vinilo... una locura”, la lima Nicolás, y revela que para su plan de “40 bandas tocando 40 canciones” ya tiene los aportes de 26 bandas como Bôas Teitas, Cigarro Mojado, La Liga Partuzera, Maldito Molina, Yetis Con Jeans, Fermental, Desborde, Quesekurta, Pájaro Inflamable e invitados de estirpe cienfueguina como Diego Aloé (con su grupo Automedicados), Gigio, Hernán Bazzano (invitado de los Top Of the Pops) y el cadillac Mario Siperman (invitado del solista Gustavo Ozán).
“Cuando Nicolás me contó del tributo le dije: ‘¡¡Pelotudo, no se va a prender nadie!!’”, admite Martín Aloé. Y cuenta su propia anécdota: “Una vez, hablando con Edelmiro Molinari, le decía que me hubiera gustado ver en vivo a Manal, Color Humano, Almendra, bandas que me perdí porque era pendejo... y me contestó: ‘Era todo una cagada, nene’. Es que la gente idealiza. Si hablás con punks de nuestra edad, te van a decir que los ‘80, aún con la democracia, eran una mierda: éramos pocos, te cagaba a palos la cana, estaban los skinheads, no había dónde tocar... Pero bueno, las cosas se redescubren, desde afuera se ven las cosas con otro romanticismo, la gente idealiza. Y también idealiza a Cienfuegos”.
“No sé si Cienfuegos tiene vigencia hoy –duda Rotman–; el rock alternativo o indie ha crecido y la gente valora el esfuerzo de una banda que claramente no iba a ninguna parte, un barco sin timón. Después de todo, cinco personas decepcionadas con el mundo y con la raza humana haciendo rock-punk –no punk rock– siempre son bienvenidas. El motor que teníamos era el resentimiento y la culpa, pero tocado por tipos con veinte años de amistad, musicalmente fuera del tiempo y las modas. Así planteado sí podemos recobrar a Cienfuegos como un tesoro perdido...”




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