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The Smashing Pumpkins - Adore (1998) reseña





I. La noche del 21 de agosto de 1998, el gimnasio cubierto del Parque Sarmiento reventó de gente ávida por ver a uno de los grandes nombres de la década del noventa, de hecho, uno de los pocos de la generación “alternativa” que se arrimó en su momento de gloria, o por lo menos cerca del mismo. Lo que no esperaba la mayor parte de esas pobres almas era que, lejos de presenciar un desfile de hits de un glorioso pasado reciente, tendría frente a sus ojos a una banda vestida de negro, rodeada de sesionistas y empacada en su tenebroso material nuevo con una firmeza alarmante. Los minutos volaban y los éxitos para saltar y hacer pogo no aparecían, o lo hacían en versiones apenas reconocibles. Ocurre que para el líder de esa formación siempre es hoy, o mejor: ahora es nunca.

II. Es verdad, eran tiempos en que internet aún era dominio de unos pocos curiosos conectados a la línea telefónica; sin embargo, si algo no faltaba en los medios tradicionales era información sobre lo que iba ocurriendo en el mundo de los Smashing Pumpkins, quienes advertían cómo su período más fructífero se clausuraba con una cadena de desastres: la sobredosis fatal del tecladista invitado Jonathan Melvoin, que casi se lleva de la mano al batería Jimmy Chamberlin, finalmente eyectado del equipo; el fallecimiento de la madre del jefazo Billy Corgan; su propio divorcio... En otras palabras, el colosal imperio que había instalado el doble spielbergiano Mellon Collie and The Infinite Sadness (1995) se derrumbaba como castillo de naipes. Volantazo a la vista.

III. De manera acertada, las reseñas le encajaron unánimemente a Adore un carácter rupturista. Aunque el trabajo anterior insinuara señales de posibles rumbos, bien obturadas por singles radiales y estallidos volcánicos –que brillan por su ausencia en este cuarto trabajo–, una vez descartado el paquete Chamberlin + distorsión rechinante + concesiones de estadios, Corgan prosiguió con el alivio de quien se saca tremendo peso de encima y escupe toda la podredumbre por la vía, justamente, de lo opuesto: caja de ritmos o bateristas de sesión, belleza electroacústica y canciones para disfrutar en la mayor intimidad posible. Gestado y nacido en un contexto en el que la vara del rock indie-con-llegada-masiva estaba alta (Supergrass, Portishead, Flaming Lips, Radiohead…), Adore se eleva, por lejos, como el disco más hermoso y sofisticado jamás facturado por los Pumpkins, lo que no necesariamente lo convierte en el mejor; para dictaminar eso están esas listas que tanto abundan por ahí, dominadas por pibes y pibas que crecieron con Nirvana y Alice in Chains.

IV. En realidad es “A door” (una puerta), insistía Corgan, la entrada a un compartimiento diferente, donde la casi totalidad de los elementos que componían la materia prima del grupo queda guardada en un cajón hasta nuevo aviso. De hecho, una de las imágenes del librito monocromático muestra al trío caminando trabajosamente por la campiña, acaso huyendo de un funeral, o incluso de un asesinato. ¿El de los Pumpkins tal como se los conocía? “De algún modo hemos vuelto al principio del círculo”, contaba el pelado, remontándose a 1988, días en que detrás de él, de James Iha (guitarra) y de D’arcy Wretzky (bajo y coros) tan sólo había una drum-machine bien programada; y, en sus habitaciones, muchos discos de la menospreciada década que se iba.

V. No es casual, desde esta óptica, que en las canciones de Adore salgan del closet ecos del post punk más melodioso, el dramatismo del rock gótico, y una poesía madura que oscila entre el amor devoto, la lujuria y la duda existencial. Corgan incluso se permite homenajear y citar a sus favoritos con absoluta libertad: “Perfect”, una carta en la que parece pedirle a su ex que sigan como amantes, suena como si “1979” hubiese caído en manos de Robert Smith; el single “Ava Adore” moderniza “Shoplifters Of The World Unite” de los Smiths; y “Crestfallen”, “Appels + Oranjes” y “Pug” se edifican sobre elementos anticipados por Cocteau Twins o el Depeche Mode de Black Celebration (1986).

El resto del álbum alterna entre brumosos pasajes dark de acordes menores (“Daphne Descends”, “Tear”, “Shame”, “Blank Page”, “Behold! The Nightmare”), canciones de cuna con aires folk (“To Sheila”, “Once Upon A Time”, “The Tale of Dusty and Pistol Pete”) y hasta una despedida a tono con lo que quedó del rock progresivo (“For Martha”), que cuenta con la colaboración del baterista Matt Cameron, de Pearl Jam/Soundgarden. Pum para abajo.

VI. Era esperable que con un producto de estas características las ventas cayeran en picada. Lo curioso es que las anticlimáticas presentaciones de la gira de Adore no escatimaron, empero, buenas dosis de electricidad, en virtud de unos Pumpkins decididos a agregar voltios donde no había. Pero hasta ahí llegó su único favor: pisar los pedales sólo función de su poder anulador. El fan de Joy Division, feliz; el que todavía insistía con eso del grunge, a casa a enchufar la Les Paul o a ponerse al día con Foo Fighters. Porque Machina/The Machines of God (2000), impenetrable y áspero como lija nueva, tampoco estaba precisamente pensado para él.


Links:
Garbage - Version 2.0 (1997)
The Cure - Bloodflowers (1998)
R.E.M. - Up (1998)

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Un show de 1998 en Dublin:



link: https://www.youtube.com/watch?v=U3t0APcz81g



Adore en Spotify:
https://open.spotify.com/album/7FI91iB3E4iXZV5hCEEhlc

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