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Pink Floyd - The Division Bell (reseña)

Pink Floyd - The Division Bell (reseña)

por P. Mastrángelo
Pop is Dead


Divididos por la infelicidad

Quizás hoy parezca raro, pero a comienzos de la década del noventa, nombrar a Pink Floyd equivalía a evocar a un dinosaurio anquilosado. Todavía faltaba mucho para el boom revisionista, y toda la cosa alternativa había dado un nuevo aire al panorama que obligó a los históricos a adaptarse (caso de U2, por ejemplo) o sálvese quien pueda.

Es cierto que algunos hitos como el multitudinario show de la nueva formación floydiana en Venecia (julio de 1989) o el montaje de The Wall en Berlín llevado a cabo por Roger Waters (julio de 1990) habían logrado dotar de cierta actualidad al asunto, pero las cosas alrededor cambiaban demasiado rápido y era frecuente escuchar descripciones del estilo de “música vieja para gente vieja”, lenta, jurásica.

Sin embargo, si de algo se podía jactar Pink Floyd en aquel momento es que cierto halo de misterio que siempre sobrevoló sobre ellos se mantuvo impermeable a las nuevas tendencias. De hecho, la propiedad de esta mitología pareció ser uno de los pilares del pleito judicial y mediático entre Waters y David Gilmour + Nick Mason (Rick Wright había sido eyectado de la sociedad en 1979) y que acabará habilitando a estos últimos, promediando los ’80, a utilizar a piacere la codiciada marca.

Pero no vale la pena entrar en detalles legales o morales; solo basta decir que el disco A Momentary Lapse of Reason (1987) y su consecuente gira no hubiesen sido lo exitosos que fueron en términos de ventas (ya que la crítica los destrozó) si no fuese porque como intérpretes figuraban (casi) los mismos que habían hecho flashear a generaciones enteras con la más elegante música para volar. Empero, muchos no dudaron en calificar la movida como un gran fiasco o, en palabras del propio Waters, una falsificación.

Con todo, la exitosa maquinaria rosa le propinó al nuevo jefe, Gilmour, la paradoja de ver incrementada aún más su fortuna ya astronómica, al tiempo que su vida personal se hacía añicos. Divorciado y entregado a las adicciones tras la gira mundial de Momentary, los primeros años de la nueva década significaron para el guitarrista la posibilidad de un nuevo amanecer, que comenzó a vislumbrar contrayendo matrimonio con la periodista Polly Samson, quien lo auxiliará con las letras del trabajo que empezaba a dibujarse en el estudio flotante amarrado en el Támesis, el Astoria.



roger waters


Volviendo a la vida


De esa manera, perpetrado con la ayuda de Bob Ezrin y dotado de un sonido más orgánico que su antecesor, The Division Bell representa, a la distancia, al menos un cierre digno. Tanto es así que en el álbum reaparece, además de un Gilmour en buena forma, un Rick Wright plenamente reincorporado, participando en la composición y embelleciendo con su particular estilo todo lo que tocan sus teclados.

Incluso hasta hay un concepto, ausente en el trabajo anterior, el del complejo mundo de las comunicaciones humanas y el conflicto, una fuerte presencia en el período reciente del grupo. Estas ideas, además de atravesar todas las líricas y el título (que alude a la campana que anuncia un voto en el parlamento británico), están representadas en la portada -a cargo de Storm Thorgerson- por dos grandes figuras enfrentadas que se reinterpretan en el sobre interno de las más diversas formas, haciendo juego con imponentes tomas de paisajes rurales de tinte aristocrático. Todo muy coherente.

Pero claro, hay puntos discutibles. El disco, naturalmente, reserva abundante espacio para el lucimiento del guitarrista, quien si bien saca máximo provecho de los plácidos instrumentales «Cluster One» y «Marooned», cae en la tentación típica de la era del CD y se atribuye largas codas que engrosan de manera indiscriminada la duración promedio de los tracks. También Gilmour cede importantes roles a los jóvenes sesionistas que apoyaran a los Floyd en directo (Guy Pratt, Jon Carin, Durga McBroom, etc.), es decir, a gente de muy corta historia para semejante nombre. Asimismo, no parece haber en el álbum rastros de la psicodelia que embebiera sus días dorados, así como tampoco se verifica alguna noción de riesgo, sino que más bien todo huele a apuesta segura.

Sin embargo, su desarrollo deja en evidencia un intento por tender puentes con anteriores etapas del grupo, desperdigado en temáticas, palabras sueltas y sonoridades: la idea del muro separador que reaparece en «A Great Day For Freedom»; la participación del saxofonista Dick Parry en «Wearing The Inside Out»; cierta reformulación melódica de «Run Like Hell» en la ecologista «Take It Back»

También se pueden hallar algunas curiosidades, como la voz robótica de Stephen Hawking introduciendo «Keep Talking», la emotiva simpleza de «Coming Back To Life», y algunos posibles mensajes al ex líder, como en el caso de «Lost For Words», cuya letra aparece impresa al lado de unos gastados guantes de box y afirma: “Así que abrí la puerta a mis enemigos / y les pregunté si podríamos hacer borrón y cuenta nueva / pero ellos me dijeron, por favor, vete al carajo / sabes que no puedes ganar”.

Tarda en llegar, pero al final hay recompensa, y en The Division Bell toma la forma del que sin duda constituye no solo el mejor tema del disco, sino de toda la última etapa de Floyd, «High Hopes», que redondea el concepto matriz entre campanadas, tristes notas de piano, orquestaciones, recuerdos de la infancia, un intermedio imponente y un apabullante solo final de pedal steel.

El álbum fue lanzado en abril de 1994 y, hay que decirlo, la prensa fue muy lapidaria con él, con los Floyd y con lo que quedaba del rock progresivo. Esto no impidió la cosecha de ventas siderales y, por ende, certificaciones con discos de los más variados colores. También The Division Bell sería el motor de una nueva y monstruosa gira, la última por cierto, que batiría records de asistencia y en cuyos últimos shows tendrá lugar la interpretación completa de Dark Side of The Moon, esa obra ya lejana que aparecerá en el doble en vivo P.U.L.S.E. (1995), superador por goleada de su hermano de 1988, Delicate Sound of Thunder.

Ya todos más o menos conocen lo que siguió a esto: el armisticio entre Waters y Gilmour, la reunión del cuarteto para el Live 8 de 2005, el fallecimiento de Syd Barrett en 2006 y el de Rick Wright en 2008, y más gestos de distensión entre los miembros remanentes que se remontan hasta la actualidad. Nada hace pensar, sin embargo, en la posibilidad de un verdadero nuevo trabajo de estudio que desacredite de manera definitiva al reciente rejunte de descartes; con lo cual The Division Bell queda ubicado en un lugar que puede apreciarse mejor con el paso del tiempo: el decente gesto final de una historia de llena de elegancia y buena música.


Referencias:
Coldplay - Parachutes (2000)
David Gilmour - On An Island (2006)
Pink Floyd - The Endless River (2014)



HIGH HOPES



link: https://www.youtube.com/watch?v=7jMlFXouPk8

EN SPOTIFY:
https://open.spotify.com/album/5F0IQXuHfTV7SBvZVnXERl


BASTA DE PAVADAS

BUENA INFO, POR FAVOR



***** FIN *****

Comentarios Destacados

CarlitosSorete +5
Division bell, album de los mejores de Gilmour, y con un tema super infravalorado como Coming back to life, que para mi es mucho mejor que wish you were here.
+10

link: https://www.youtube.com/watch?v=KfddQf2mlVY

13 comentarios - Pink Floyd - The Division Bell (reseña)

olgagonzalez9003 +1
Solo por High Hopes te doy +10, lo demás ya lo sabia... salu2
hacu_dechi +2
Mi favorito es Animals
perrymast
Yo estoy entre Meddle y Animals
Nutshell90 +2
A pesar de que no es de los mejores, es uno de los que mas escucho. Muy buen disco
perrymast +2
Me pasa lo mismo. No es ni ahí mi favorito, sin embargo lo pongo bastante seguido.
trollwerine +1
No le busquen la vuelta ni comparaciones, es un discazo.
usr7 +3
Impresionante que un album de los '90s suene como de los ´80s , Solo PINK FLOYD puede hacerlo...

link: https://www.youtube.com/watch?v=ZIIKFNcknvc
play_loud +3
Pedazo de disco y con el mejor ultimo tema que puede haber
zonapura +1
Para mi es un discaso, de mis favoritos de la banda y el mejor después de la salida de Waters.
ddtzip +2
y yo rodeado de pendejos en la oficina escuchando rodrigo, lpm!!
perrymast
jajaja
fenske1 +1
alguno a prestado atencion de que las bandas que han aparecido en estos ultimos 15 años aproximadamente la mayoria ,sacan dos o tres discos y despues quedan en el olvido ,que ninguna llega a perdurar en el tiempo como estas bandas
perrymast
No solo eso, lo que noto yo es que al 85% (por ser cortés) de las bandas más recientes se les acaba el chiste no solo al tercer disco.... sino al tercer o cuarto tema del debut.

Sea como fuere, es otra época. Coincide con los cambios en la forma de consumir música, no solo el formato, sino el tiempo que se le dedica, y la forma.
fenske1 +1
si es muy diferente , ademas de que ahora es puro pop y bandas tipo one direction o jonas brothers ,a pesar de que lo intente no logro que me guste un tema de taylor swift por ejemplo jajaja
dardovergara +1
Después de los Beatles hubo rock, después de Pink Floyd no hay banda que se le parezca . Lo interesante entre otras cosas es el desarrollo musical que tuvieron desde el 66 hasta el 94, con toda una gama de composiciones. Este disco es un pop muy cuidado, que por ser de Pink Floyd y toda la carga detrás, se desvalorizó, pero creo que es lo mejor en sonido de los 90. +10
tanito63 +1
Personalmente con los años me fui quedando con Animals por sobre los demas discos, pero este fue un buen renacer de la banda.