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Las mentiras de Bush según su propio asesor

Todas las mentiras del presidente Bush

Scott McClellan explica cómo le vendieron a la opinión pública que la invasión de Irak era necesaria, que el huracán Katrina fue una mera catástrofe natural y que Condoleezza Rice era una diplomática idónea.

El primer libro que un ex miembro activo del staff de George W. Bush escribe contra la administración republicana cayó como una bomba. Qué ocurrió realmente: Dentro de la Casa Blanca y la cultura del engaño de Washington es un catálogo de las mentiras que el presidente norteamericano contó a sus conciudadanos entre 2003 y 2006.

Su autor, Scott McClellan, sabe de qué habla: en esos años, como asesor de prensa, fue el encargado de venderle a la o opinión pública la guerra de Irak. La reacción de Washington no se hizo esperar: acusaron a McClellan de ser un traidor y un “bloguero izquierdista”. Hay que decir que tiene esperiencia en hacerse creer y que los voceros y ex funcionarios del gobierno ocuparon el día de ayer en responder a una obra de la que sólo se conocen fragmentos.

En suma, McClellan dice que mintieron sobre Irak, sobre el huracán Katrina que destruyó Nueva Orleans y sobre todos los asuntos en los que Bush quiso imponer su voluntad.

Será la primera vez que se pueda leer una exposición negativa pero de primera mano, nacida del círculo de Texas más cercano al presidente. McClellan, de 40 años, fue a trabajar para Bush cuando era gobernador, antes ser por tres años secretario de prensa en la Casa Blanca. Todos sus compañeros de tareas, desde el ex vocero Ari Fleischer al ex super asesor Karl Rove, desfilaron por la televisión en horario nocturno central para responder con insultos e insinuaciones a las revelaciones de McClellan.

En vez de un gobierno, según se explaya McClellan en los fragmentos conocidos del libro, los norteamericanos se vieron sujetos a una “campaña permanente”, que consistía en “manipular las fuentes de información pública de modo que el presidente saliera siempre favorecido”. Desde “los programas de salud” hasta las “invasiones a países extranjeros”, todo se “pensaba, nombraba, y lanzaba con un ojo (o los dos ojos) puestos en el calendario electoral”.

Cuando McClellan renunció en 2006, fue por el escándalo de las filtraciones a la prensa de que la esposa de un crítico de la guerra de Irak, Joseph Wilson, era una agente encubierta de la CIA.

McClellan acusa al vicepresidente Dick Cheney de haberle mentido al respecto y de haberle obligado así a mentir a la opinión pública. La filtración a la prensa de que Valerie Plame Wilson era agente de la CIA fue un castigo manifiesto por las críticas a la guerra. La sucesora de McClellan, Dana Perino, trató de minimizar los contenidos del libro. Después de todo, está en la situación incómoda de haber sido contratada por él.

Estados Unidos es derecho y humano


Estados Unidos contestó ayer al reclamo de Amnistía Internacional, que pidió el cierre de la prisión de Guantánamo y que como la “mayor superpotencia, establezca los estándares en materia de derechos humanos para otros gobiernos del mundo”.

El vocero del departamento de Estado, Tom Casey, replicó que su gobierno está a la vanguardia en derechos humanos y ha hecho grandes esfuerzos para devolver los presos de Guantánamo, acusados de terrorismo, a sus países de origen. “El problema –dijo Casey– es que hay más de 100 países que se han negado a aceptar la devolución de los detenidos”.

Según la Casa Blanca, los detenidos de Guantánamo, entre los cuales hay 270 sin cargos, son tan peligrosos que las consecuencias de una repatriación “preocuparían seriamente incluso a una organización como Amnistía”. Para Casey, quienes piensan que la solución sería cerrar Guantánamo, “deberían ayudar a EE.UU. a resolver el problema” que significaría el destino de los presos.

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