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Sobrevivientes del Infierno en Honduras

Sobrevivientes relatan el terror en la cárcel de Honduras
Muchos presos escalaron las paredes para abrir el techo y escapar de las llamas, pero murieron quemados. Hallaron al menos 358 cuerpos después de la tragedia.


Sobrevivientes del Infierno en Honduras

Muerte

En bolsas. Forenses trabajaban en el reconocimiento de las víctimas, ante la angustia de los familiares.
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Comayagua. Con su rostro descompuesto, el hombre de piel curtida tiene todavía una mirada que refleja miedo. Estuvo a punto de morir calcinado o asfixiado como muchos de sus compañeros en la granja penal de Comayagua, donde hasta ayer se había contabilizado la muerte de 358 prisioneros.
Cuando comenzó a relatar todo el terror que vivió al ver que sus compañeros morían, Eladio Chicas cambió su semblante. “Y no pude hacer nada, porque todos luchamos por salvarnos”, expresó.
Chicas, de 40 años, cumple una condena de 39, de los cuales ya purgó 15. “Por asesinato”, afirmó en voz baja.
Con una mascarilla que le cubría parte del rostro, esposado y con un policía que lo agarraba de la camisa, contó: “Afortunadamente estaba en el módulo 4, donde dormían 43 presos, pero ahí nadie murió, nos salvamos como pudimos”.
La cárcel, ubicada al norte de la capital de Honduras, tiene 12 módulos o dormitorios, de los cuales seis se quemaron.
“No sé cuánto tiempo pasó, rompimos el techo y salimos, pero vimos cómo morían en el módulo de enfrente. Querían salir, pero estaba cerrado el portón. Todos murieron, fue algo horrible, una pesadilla”, se explayó el sobreviviente.
Hacinamiento. El penal, donde los presos se dedican a trabajos agrícolas y a la crianza de cerdos, fue diseñada para albergar entre 250 y 400 reos, según distintas fuentes, pero poco a poco se fue saturando hasta albergar a 956.
La tragedia mató a más de 350, muchos de los cuales murieron sin haber sido acusados y mucho menos sentenciados, de acuerdo con un informe gubernamental conocido ayer.
Más de la mitad de los internos de la cárcel aguardaban juicio o estaban retenidos como supuestos integrantes de pandillas, según el informe que envió este mes el gobierno hondureño a Naciones Unidas.
“Dormíamos casi uno sobre otro”, afirmó José Ramírez Rivas, quien resultó con quemaduras leves y heridas en su brazo derecho.
“Nos cubrimos como pudimos. Yo mojé una toalla y me la tiré encima del cuerpo, me ayudó, pero el fuego me alcanzó 
un poco al salir y tengo también algunas heridas”, señaló el hombre mientras mostraba su brazo cubierto con vendas.
“No sé cuántos murieron, los vi pegados a las rejas tratando de salir, pero no pudieron romperlas. Allí quedaron pegados y quemados”, agregó.
Muchos piensan que esta tragedia pudo evitarse. Primero la guardia del penal pensó que se trataba de un intento de fuga y por eso impidió durante alre­dedor de media hora que los bomberos ingresaran a combatir las llamas.
“No abrieron las rejas, se pudieron salvar como yo, pero murieron de manera fea. Sus cuerpos están amontonados y algunos murieron por tragar humo”, comentó Chicas.
Versión que no convence. Las llamas comenzaron la madrugada del miércoles en el módulo 6, donde las autoridades aseguran que un recluso incendió su colchón, aunque se desconocen aún la causas.
“Dicen que un reo se puso loco al drogarse con marihuana y le agarró feo. No sé si fue él quien prendió fuego. Si fue así pues ya está muerto, porque allí todos murieron”, dijo Chicas.
Por su parte, Manuela Alvarado, madre de uno de los prisioneros muertos, se mostró más escéptica ante la versión que suena con más fuerza.
“No podría ser un incendio por un colchón porque este señor no estaba solo, había más gente que no iba a permitir eso. Habrían apagado el colchón”, razonó la mujer, cuyo hijo, Carlos Paz, de 34 años, purgaba una condena por homicidio que completaría en mayo.
El vocero de la fiscalía, Melvin Duarte, reconoció que “aún se desconocen las causas del incendio”. “Hay muchas versiones y todas las investigamos”, señaló Duarte.
Por su parte, la ministra de Derechos Humanos y Justicia, Ana Pineda, consideró irreversible que haya una demanda legal contra el Estado de parte de los familiares de las víctimas. Por eso recomendó promover “una solución amistosa” en la cual “el Estado reconozca públicamente el incumplimiento de sus deberes como signatario de la Convención Interamericana de Derechos Humanos y se acorte el tránsito de llegar a una condena”.
“Si preguntan por mí, puede que vengan de mi casa (...) díganles que estoy bien, sólo asustado”, expresó Chicas.
Múltiples deficiencias
En el penal de Comayagua sólo trabajan 51 guardias en el día y apenas 12 durante la noche. La prisión carece de atención médica o de salud mental y su presupuesto era de un equivalente a menos de un dólar al día para la alimentación de cada recluso.

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Kain1
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