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“Cualificar la intervención política”

Entrevista a Marcelo Koenig


Dirige la Escuela Nacional de Gobierno donde tiene a su cargo la formación de los cuadros militantes y los futuros funcionarios. La avidez de las nuevas generaciones y el desafío de construir “una reflexión crítica sobre la práctica.”

Marcelo Koenig es el flamante director de la Escuela Nacional de Gobierno, el organismo del Estado encargado de formar y capacitar a los futuros cuadros y a los dirigentes para la administración y la gestión gubernamental. Profesor en la Facultad de Derecho de la UBA y de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, Koenig acumula una larga trayectoria en la militancia del campo popular y hoy integra la conducción nacional de la Corriente Peronista y la JP Descamisados. Con este bagaje en la mochila, Koenig está convencido de que llegó la hora de “cualificar la intervención política”.

–¿Cómo podría resumir la misión de la Escuela?
–Es un espacio para instruir a aquellos que van a ejercer el poder, y quienes ejercen el poder no son solamente los funcionarios que tienen roles en el Estado, sino todos aquellos que hacen política y, por lo tanto, aspiran a ser parte de la conducción del Estado. De lo que estamos hablando es de cualificar la intervención política de los que asumen esta práctica.

–¿Cuándo nació la Escuela?
–Desde el punto de vista formal, se creó en los ’90, con la École de France como modelo. Buscaba formar cuadros del Estado y funcionarios, suponiendo que debían tener un conocimiento técnico-político para desarrollar sus tareas. Esto en los papeles. En lo concreto, tuvo un sesgo elitista, porque se requería una base casi universitaria y todo se concentraba en Buenos Aires. Además, los estudiantes se elegían en función de acuerdos entre los partidos políticos con representación legislativa. Si alguien quería ingresar pero no estaba representando a un partido, no podía.

–Y ahora, ¿cómo se quieren diferenciar de esa propuesta excluyente?
–Queremos abrir mucho más el juego y hacer de la Escuela un ámbito que, desde el Estado, se preocupe por la formación política de su pueblo. Quien se acerque a esta Escuela no lo va a hacer por ningún tipo de prebendas ni nada que se le parezca. Se va a acercar porque hay toda una generación nueva de militancia que está ávida de formación política.

–¿Va a seguir concentrando sus programas en la Capital Federal?
–No, la cobertura va a ser en todo el país. La formación política no tiene que darse sólo en Buenos Aires. Ya bastante con que Dios atienda en Buenos Aires. Los docentes van a viajar a las provincias, para que los compañeros se instruyan en los lugares donde desarrollan su práctica. La formación política tiene muchos elementos, entre ellos teóricos y prácticos, pero centralmente se trata de una reflexión crítica sobre la práctica, sobre lo que pasa en la Argentina, sobre cómo se construye poder, sobre el rol que tiene el Estado y cómo se articula entre Estado y política, entre Estado y militancia. Todo esto permite cualificar la intervención de los militantes. De lo contrario, parece que fueran los tipos que pegan afiches y se van a tomar un mate en la Unidad Básica o el Comité, cuando tiene que ser las personas que construyan un lugar más justo.

–¿Qué elementos permiten que este tipo de propuesta tenga buena recepción?
–De alguna manera esto es correlato de aquello que comenzó en 2003 y de que el mayor legado de Néstor Kirchner haya sido la recuperación de la política. Ahora, tomando la idea de la sintonía fina y la profundización, tenemos que ver cómo fortalecemos esa inquietud. Tenemos la suerte, que no es una suerte menor, de que miles de jóvenes, a lo largo y ancho del país, se han apropiado de la política como herramienta. Han vuelto a sentir que tienen necesidad de cambiar al mundo y no sólo de cambiar el auto. Para que sea efectivo este compromiso que asumen miles y miles de jóvenes va a estar la Escuela, para aportar lo que pueda aportar.

–Claramente, el foco va a estar puesto en los jóvenes.
–Sí, pero la propuesta está abierta a cualquiera. La relación puntual con los jóvenes tiene que ver con que son los más ávidos para este insumo. Primero, porque a diferencia de los que somos más viejos, ellos tienen más facilidad para reconocer sus propios límites, entre los que está su debilidad en formación. A veces, hay compañeros que porque tienen muchos años de política creen que ya están formados y eso, justamente, es un impedimento.

–¿En qué instancia se encuentran los programas que quieren llevar adelante?
–Estamos revolucionando a la Escuela, estamos en pleno proceso de ir repensándola. Centralmente, queremos atar dos cuestiones. Una tiene que ver con lograr una propuesta pedagógica con algunos elementos básicos, para poner un piso común, y otra se refiere a trabajar las políticas de Estado que se están llevando adelante desde nuestro gobierno nacional, para ponerlas en discusión con los compañeros de los distintos lugares. Tenemos que articular la política de Estado, para que sus lineamientos no queden en los papers que hacen los asesores de los ministros.

–En política suele haber una puja entre el conocimiento y la experiencia. ¿Cómo lo van a resolver?
–Bueno, la Escuela es para construir un saber eminentemente práctico. La Política, decía el General, es un saber sencillo y todo ejecución. Cuando se entra a complejizar y se cree que es sólo para unos pocos tipos iluminados que pueden entenderlo, lo que se está haciendo es partir de una matriz elitista. Scalabrini Ortiz decía que cuando alguien te explicaba alguna cuestión económica y no la entendías, y entonces preguntabas, te volvían a explicar y seguías sin entender y así varias veces, entonces te estaban engañando. En este sentido, nuestra idea es poner la política en la mochila de cada una de las personas que salgan de la Escuela.

–En la Argentina tenemos una larga tradición de políticos muy formados que llevaron al país a la ruina.
–Claro. Cavallo, que había estudiado en Harvard, fue uno de los personajes más nefastos de nuestra historia. Lo mismo Martínez de Hoz, que estudió en Chicago. Tener acceso a determinados niveles de conocimiento no significa que vayan a ser usados en favor de los intereses populares. Por eso, nuestro objetivo es generar un conocimiento que sirva para transformar la realidad, no desde una matriz elitista. Muchas veces, el conocimiento técnico se plantea a sí mismo como neutro, pero no lo es. Siempre está cruzado por una cosmovisión, por una idolología, por una concepción política ante el mundo. Puede que un conocimiento técnico no sea partidario, pero lo que no puede es ser apolítico. Siempre es político.



Orgulloso del cumpa Marcelo, soy militante de JP Descamisados.

1 comentario - “Cualificar la intervención política”

Eche_eche
Como consigo mas informacion sobre esta esceula?