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Nefasto ladrón mató a su víctima con balas falsas

Nefasto ladrón mató a su víctima con balas falsas

valencia ,venezuela.

Cuando los agentes del Cicpc llegaron a la casa situada en El Trigal, al norte de Valencia, estado Carabobo, vieron el cadáver del señor Dagoberto, el propietario, en el centro de la sala rodeado por un torbellino de objetos que formaban parte del mobiliario en su patético caos.

No había sangre; el cuerpo de Dagoberto no estaba golpeado, no tenía heridas de bala, ni de puñal, ni tampoco signos de estrangulamiento. Ni siquiera su ropa se veía arrugada, como para decir que había forcejeado con su verdugo, si es que lo había.

Pero la expresión, que era más bien un rictus de pánico como cincelado en sus labios y el pálido marmóreo de su rostro, sugería que se había enfrentado a un peligro mortal que terminó quitándole la vida.

A pesar de todo eso, los vecinos de la víctima insistían en que habían escuchado detonaciones de arma de fuego dentro de la casa y que vieron salir corriendo “como loco” a un sujeto no identificado por la parte delantera del inmueble. Por eso habían llamado a la Policía.

Carlos y Mario, agentes especiales de la Policía Científica para casos raros, fueron llamados a la escena del crimen y colectaron algunos indicios y evidencias de interés criminalístico antes de permitir el traslado del cadáver a la morgue de Valencia. El forense dijo con el tono de quien no admite idioteces: “este hombre murió por un ataque fulminante al corazón. Muerte natural”.

El misterioso

efecto nocebo

Los detectives no lo contradijeron para no hacerle montar en cólera, pero ya tenían el caso resuelto. Explicaron a los jefes que el sujeto que los vecinos vieron salir de la quinta era conocido por el ridículo apodo de “El Mouse”, porque era un adicto a las computadoras, pero también un peligroso delincuente con un pliego romano de antecedentes en su haber, que incluía hasta robo de loncheras.

Dijeron que no hizo falta esforzarse mucho buscando el ADN en cabellos u otros elementos biológicos del asesino en la escena del crimen, pues el rostro del muy idiota estaba grabado con total nitidez por las cámaras de seguridad de la vivienda.

El vídeo mostraba que “El Mouse” se había dado cuenta de la cámara sobre la ventana trasera del patio por donde entró tranquilamente (al saber que el cerco eléctrico era solo una pantalla y que no estaba en funcionamiento), y que después de verla de frente y sacarle la lengua, la destruyó a batazos. Creyó tontamente que eliminando la cámara, borraba todo registro.

Que fuera adicto a las computadoras (como a otras cosas) no lo hacía precisamente un genio. “Su cerebro de alcachofa no le bastó para pensar que lo grabado estaba en archivo digital de la computadora de seguridad y no en el aparato en sí”, dijo uno de los familiares de la víctima al enterarse de que todo estaba grabado en los CD de la consola y que el asesino había sido identificado.

El delincuente, una vez dentro, revolvió todo buscando cosas de valor y estaba tan absorto, que no vio entrar al señor Dagoberto, quien a las 6:00 de la tarde volvía del trabajo.

Ambos quedaron estupefactos, mirándose el uno al otro por fracciones de segundo. Luego, “El Mouse” levantó el arma que tenía en la mano y olvidándose de que era un modelo de juguete de ruido potente comprado por un panita por Internet, amenazó y luego… disparó.

Para su sorpresa, la víctima cayó fulminada. ¿Pero cómo? ¡Las balas eran de mentiritas! Con su cabeza bullendo de preguntas, el delincuente huyó. En cuanto a la víctima, padeció algo a que la psicología llama “efecto nocebo, opuesto al efecto placebo”, una inexplicable reacción psicofisiológica que mata.

Es decir, la víctima pensó que el arma era de verdad (la detonación, la pólvora y el fogonazo fueron muy convincentes), y aunque ninguna bala tocara su cuerpo, el cerebro lo convenció de ello y sufrió un infarto al miocardio. Algo neurológico.

Técnicamente, Dagoberto murió tiroteado por balas inexistentes. “Complejidades de la mente”, explicaron los investigadores. Policialmente el caso estaba resuelto. Ahora solo faltaba que la Fiscalía emitiera la orden de captura del sospechoso y determinara si legalmente aquello entraba en la esfera del homicidio, o si solo iban a culpar a “El Mouse” por robo o allanamiento de morada, aunque técnicamente, asesinó a su víctima de un susto.

5 comentarios - Nefasto ladrón mató a su víctima con balas falsas

AcidoMcTaringaa -5
No creo que sea su culpa, las balas falsas suelen desviarse, quizas si le hubieran vendido las verdaderas hubiera tenido punteria.
PabloMFavilla92
lee un poco xD
fffffff
este hombre murió por un ataque fulminante al corazón. Muerte natural... y tenia razón
Tibu7
El ataque fue causado por una persona que entro a su propiedad y que le apuntaba con un arma... al estar siendo apuntado no vas a ponerte a pensar que es de jugete, para ti es un arma letal.
fffffff +1
@Tibu7 lamentablemente las leyes son así, si el arma era de juguete tenga la apariencia que tenga, fué, el acusado queda absuelto de ese cargo.. no hay con que darle.. y si el pobre hombre sufrío un infarto porque su devil corazón no resistió el estridente impacto de encontrarse inesperadamente con esta fulminante escena que acabaría con su vida, no hay con que darle al ladrón..
Tibu7
Cuando te asaltan tu no sabes ni te pones a investigar si es un arma real o una de juguete, sin embargo la ley si hace esa difecenciacion, para mi esta mal porque un arma es un arma y para el asaltado su vida esta en juego como si fuera un arma real (porque no sabe que no lo es) un asalto baja mucho su condena si es con un arma de juguete pero no es que hagan todas las armas de jueguete con colores fluorecentes, luces parpadeantes y ruidos chistosos. Ahi la ley deberia aplicar el mismo castigo porque muchos asaltan tiendas y licorerias con armas de juguete esperando nunca encontrarse con alguien que tenga un arma de verdad y sabiendo que su pena no seria tan alta porque es solo un arma de jugete.