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Handies, facas y cronómetros para huir del penal

Handies, facas y cronómetros para huir del penal de Devoto
Por Darío Coronel
La semana pasada un grupo comando rescató a un preso cuando llegaba en ambulancia al hospital Vélez Sarsfield. Fue el final de una operación planificada al detalle. El preso que se fue sigue prófugo.osibles efectos y se les recomienda dejar de consumir cannabis.

Handies, facas y cronómetros para huir del penal
Doble identidad. Martín Araya, el prófugo, dijo llamarse Fernando Moreno. Ya se había fugado de Marcos Paz.





Martín Ricardo Araya llevaba una semana en el Pabellón 26, donde están lo que recién ingresan al penal de Devoto, cuando el penitenciario lo llamó y le dijo que preparara sus cosas, que tenía un nuevo destino: Módulo 3, Pabellón 12. Allí adentro, cuando dio sus primeros pasos, se encontró con un viejo compañero. A él le dijo la verdad. Desde que había sido detenido por agentes de la Comisaría 42, decía ser “Fernando Ariel Moreno”. Esa identidad falsa lo transformaba en “primario” –recluso sin antecedentes– y eso le garantizaba ir a Devoto.

Según pudo reconstruir Clarín de fuentes carcelarias, Araya le confesó a su amigo que el último 13 de abril se había fugado del Complejo de Marcos Paz; que el 22 de noviembre lo habían vuelto a detener por un asalto a una casa de Mataderos; y que en la misma comisaría también intentó fugarse, pero fue reducido por los policías que lo vieron en actitud sospechosa por una cámara. Y lo más importante: que tenía como máximo dos semanas para idear otra fuga, porque en cualquier momento descubrirían su verdadera identidad.

Cuando se compararan fotos y huellas digitales, el Servicio Penitenciario sabría que no estaba ante Moreno sino ante Araya. Su LPU (la identificación que las cárceles tienen sobre los presos) era 3238886 .

Cuando se enteraran de eso, debería cumplir una condena de unos 20 años de prisión.

Fueron, en total, 11 días en Devoto. Araya vivía hablando por handy con sus compañeros de afuera. No paraba de pensar en otra cosa; ni siquiera quiso tener visitas, para no perder tiempo.

“Si lo vas a hacer, que te pinchen ‘bien piola, eh’. Si no, es imposible que te saquen al hospital”, le recomendaron. Contaba con gente que tenía experiencia. Conocían los pasillos de Devoto y los del hospital. Y los tiempos que llevaría el plan.

Araya le pidió el favor a un “preso viejo”. A un “tumbero” del pabellón que tenía conocimientos de facas y puñaladas. El plan era lastimarlo; traspasarle la piel de lado a lado, pero sin poner en riesgo ningún órgano vital. Eso no podría haberlo hecho cualquiera. Era la madrugada del último martes y todo estaba preparado.

“Mirá que ya empezamos con todo, eh”, le dijo a uno de sus compañeros de afuera, antes de recibir voluntariamente “el puntazo”. Puede que para aliviar el dolor haya consumido algunos tranquilizantes.

El grupo comando tenía todo cronometrado. Calculaba desde la puñalada hasta la llegada a “La T” , como se conoce al centro del penal, unos 10 minutos; 5 más, hasta que lo viera el médico del penal. Y otros 5 para salir en ambulancia por la calle Pedro Lozano. Un auto esperaba afuera, a metros de donde saldría Araya, para cerciorarse de que todo iría bien.

Tras el ataque pactado, cuatro presos cargaron a Araya en una manta, como ocurre cada vez que un interno es herido. Estaba bañado en sangre. El resto del pabellón gritaba, pateaba la reja, hacía todo el ruido posible para que todos se enteraran de lo que estaba pasando.

“Apúrense que se muere”, reclamaban. El penitenciario abrió la reja. Fueron cuatro pisos por escalera, y un pasillo largo, hasta llegar a “La T” . Hasta allí fueron los cuatro presos, que volvieron al pabellón. Iban 10 minutos. A Araya lo revisó el médico del pabellón y lo vio todo ensangrentado. Entonces dio la orden: “Hay que trasladarlo al Vélez” . Llevó 5 minutos. Los tiempos eran los mismos que iba cronometrando afuera el grupo comando. Todo marchaba bien. En otros 5 minutos, Araya salía arriba de la ambulancia. Lo custodiaban dos penitenciarios. Tomaron Pedro Lozano y en la segunda doblaron a la izquierda. Por Cervantes, derecho hasta Elpidio González. Doblaron a la derecha y, en la esquina, otra vez a la derecha, por Calderón de la barca. A 30 metros estaba la puerta del hospital. Y otro auto y una moto esperándolos. Cuando llegó Araya, amenazaron con armas a los guardias y al chofer. El preso se fue en moto, a toda velocidad, con sus cómplices, que se escaparon en los dos autos.

En ese mismo momento, los 80 presos del pabellón 12 esperaban noticias del plan. Un cómplice de Araya, que dice haber robado con él, contaba con detalles la fuga, y se jactaba: “Quedan pocos compañeros como nosotros, dispuestos a rescatar a un amigo” . Nada los detuvo. Araya, hasta ayer, seguía prófugo.

4 comentarios - Handies, facas y cronómetros para huir del penal

Leofidas +2
se parece al nuevo peluquero del barrio...
Shadow121
Y Asi esta la Seguridad del pais gente.
billychanty
YA LO PROFETIZO SU PADRE BIOLOGICO


link: http://www.youtube.com/watch?v=YgZiecRw7ak
Disco_Eterno
Hay que entrar a los penales con escopetas y molotovs... Total los internos no sirven para nada!