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El tercer hombre-Compañero Fantasma-

El tercer hombre-Compañero Fantasma-





psicologia

¿Quién es ese extraño que siempre camina a tu lado?
Cuando cuento, sólo estamos tú y yo juntos
Pero cuando miro hacia adelante por el camino blanco
Siempre hay otro que camina a tu lado
Va envuelto en un manto de color marrón, con capucha
No sé si es un hombre o una mujer
Pero, ¿quién es ese que está a tu lado?-Ernest Shackleton-

Este es un poema que escribió TS Elliot después de leer sobre las extrañas experiencias del

famoso explorador de la Antártida, Ernest Shackleton.

Durante la última etapa de su dramática expedición acaecida entre los años 1914-1917, Shackleton

viajaba con otros dos compañeros, tratando desesperadamente de llegar a una estación ballenera

británica. Estaban hambrientos, sin víveres, deshidratados, mal equipados, y a las puertas de la

muerte.

supervivencia

Fue entonces cuando Shackleton detectó la presencia de un miembro invisible entre el grupo. Por

alguna razón, Shackleton sentía que había una cuarta persona que viajaba con ellos, alguien a

quien no podía ver, pero que sin embargo, representaba una presencia muy reconfortante y

alentadora. Tras llegar por fin a la estación ballenera, Shackleton ocultó este detalle a los demás y

lo mantuvo en secreto, hasta que se lo reveló a un reportero muchos años después. Cuando sus

antiguos compañeros supieron que Shackleton había sentido esa extraña presencia revelada en

una entrevista, ellos también admitieron que la habían sentido y que no habían dicho nada a los

demás.

ESPIRITUALIDAD


Entonces, ¿qué era esa “aparición” (por decirlo de alguna manera) que Shackleton sentía y de la

que fue testigo?

Desde entonces ha sido llamada “el factor del tercer hombre” por parte de los investigadores, y ha

sido experimentada por innumerables supervivientes en condiciones extremas de todo el mundo.

Por lo general ocurre cuando alguien se encuentra solo en una situación de supervivencia

desgarradora, aunque a veces se trata de una experiencia compartida con otros supervivientes,

como en el caso de Shackleton.

De todas formas, parece ser que esta presencia acostumbra a presentarse más comunmente en

casos de supervivientes solitarios.

vida y muerte

Por ejemplo, en el caso de Frank Smythe, uno de los primeros exploradores que intentaron escalar

el monte Everest, él también sintió la presencia de un compañero después de que sus compañeros

reales decidieran renunciar y regresar al campo base. Tan fuerte sintió su presencia, que llegó a

romper un pedazo de galleta de las que llevaba para alimentarse y trató de entregarla a ese

hombre invisible, antes de darse cuenta de que no había nadie allí.

A veces, el fenómeno se produce de esta manera. Sólo en forma de una sutil sensación de estar

acompañado por alguien.

Pero, por lo visto, otras veces se puede llegar a oír a esa persona hablando con uno y animándole

a no darse por vencido.




http://www.dailymotion.com/video/x25aeig_angeles-y-supervivientes-factor-tercer-hombre-j-geiger_school



Cientos de testigos han experimentado lo que muchos han definido como sucesos sobrehumanos.

Alpinistas, submarinistas y exploradores han sentido la presencia de seres auxiliadores que les han

salvado la vida antes de fallecer. El escritor John Geiger investiga en su libro “El tercer hombre” sobre

sorprendentes casos de supervivencia que han transcurrido en la frontera entre la vida y la muerte.

El tercer hombre-Compañero Fantasma-



Este tipo de experiencias son conocidas entre los deportistas de riesgo, susceptibles a vivir este

tipo de situaciones de desahucio como el factor tercer hombre, que viene a ser una sensación

física de estar acompañado y guiado en situaciones extremas por alguien o algo que realmente no

esta ahí, ¿Puede tratarse de un sexto sentido que solo alguna gente desarrolla en situaciones de

extrema necesidad? ¿Quizá ángeles de la guarda?


psicologia

Ron Di Francesco, un hombre de mediana edad y agente del mercado monetario originario de

Hamilton, Ontario, esta frente a su ordenador en el piso 84 de la Torre Sur del World Trade Center,

es un trabajador mas de EuroBrokers, a las 8 y 46 minutos de la mañana del 11 de septiembre de

2001, él y varias manzanas a su alrededor pueden escuchar un gigantesco estruendo, un avión ha

impactado contra la Torre Norte que está frente a él. Un espeso humo gris sale de la Torre Norte,

por megafonía anuncian que ha habido un incidente en la Torre Norte pero que la Torre Sur es

segura y no hace falta la evacuación.

Di Francesco, telefoneó a su esposa, María, para decirle que un avión había golpeado a la otra

torre, pero que estaba bien y la intención de permanecer en el trabajo. Fue entonces cuando un

amigo de Toronto, le dice al pasar: “¡lárgate!”. Decide llamar a su mujer de nuevo y comunicarle el

cambio de planes, pues decide marcharse.

supervivencia


A las 09:03 min de aquella mañana hay un segundo estruendo, se quiebran todos los cristales,

trozos de techo empiezan a caer y hay fuego por todas partes, su lugar de trabajo en los últimos 15

años había sido borrado de un plumazo. Al parecer, algo había impactado entre las plantas 77 y

85, algo grave estaba ocurriendo, solo se escuchan gritos y algunos sollozos, unos están tirados

en el suelo, otros se arrastran, algunos pocos ya se han rendido y han adoptado una posición

fetal, solo hay humo y mas humo, Ron ve unas luces que se mueven al fondo, casi como

luciérnagas en la noche, Ron, se había asomado al abismo de lo que antes era el hueco del

ascensor.Los supervivientes comienzan a subir, suben y suben escaleras convencidos de que ahí

arriba, serán rescatados por helicópteros o bomberos, están seguros de que les van a ayudar, sin

embargo Ron a mitad de subida y sin saber porque, decide desandar lo andado y comienza a

bajar, solo hay humo y mas humo, le cuesta respirar, tiene consigo aun una pequeña mochila

donde lleva su almuerzo cada mañana, se la pone delante de la cara para evitar el humo y sigue

bajando, a las 9:11 minutos está bajando a la planta 81, donde se ha producido el impacto, va solo

y se va tropezando con cuerpos en el suelo, en su carrera hacia el suelo, sin querer, le pega

alguna patada a alguno, estos no se mueven, son compañeros ya muertos, compañeros que han

sucumbido durante el ascenso a la azotea, un minuto después, se cruza con una nueva comitiva de

gente ansiosa por alcanzar la azotea, al frente de esa comitiva, hay una persona, que le indica,

casi le ordena a Ron que tiene que subir con ellos, que es la única salida, que el fuego ha hecho

una especie de cerco y más allá de la planta 76 todo es fuego y destrucción, decide subir con ellos,

pero como si fuese un autómata, tras subir 3 pisos con ellos, decide desandar de nuevo lo andado

y bajar de nuevo, en el rellano del piso 79 la situación era peor que antes, la columna de humo es

mucho mayor, le entra el humo por los ojos, los oídos y la boca, sabe que va a morir entre el humo,

el calor y el fuego que avanza en su dirección, adopta una posición fetal y piensa en su mujer,

sabe que ha cometido un error fatal, sabe que ha acabado su vida, sin embargo en ese momento

una voz le dice “levántate”.

Ron asegura que oye la voz, pero realmente allí no hay nadie, no hay nadie en 77 plantas más

abajo, pero el sin saber porque oye esa voz que le dice “Levántate”, no sabe si es una alucinación

o la sensación del desahucio total, abre de nuevo los ojos y distingue un punto de luz, aunque

intuye que allí no puede haber nadie vivo con una linterna, de nuevo algo imperativo para nada

amable, le insiste en que se levante y le da ánimos, la luz se acerca un poco pasando a tener la

sensación de que era una presencia física algo que le cogía sin tocarle, que le ayudaba a

incorporarse, no tenía la sensación física de que le cogiese de la mano y le guiase pero si de que

una mano invisible que sin tocarle realmente le estaba guiando en toda esa oscuridad.

Es cuando Ron comienza a correr como un loco detrás de la luz, dice que en ocasiones es

prácticamente arrastrado por ella, cuando tiene que decidir entre una puerta que podría ser la vida

u otra que quizá podría ser la muerte, hace caso a lo que no solo es una voz sino lo que definió en

el juicio como una presencia física que lo aconsejaba y le alejaba del peligro durante casi 70 pisos,

Ron gracias a esta presencia, tomo decisiones increíbles y absolutamente absurdas que le

salvaron la vida, la probabilidad de conseguir eso era imposible, cuando estaba llegando a las

plantas 12 o 13, notaba que el humo desaparecía, que podía ver de nuevo, que ya podía respirar

mejor que la invisible presencia dejaba de ser perceptible, Ron declaro durante el juicio que

probablemente al verle ya a salvo, simplemente le dejo proseguir su camino solo, no sin antes

decirle que se alejase lo antes posible del edificio cuando Ron llego al piso bajo eran las 9:58, 10

segundos más tarde, otro increíble rugido, el edificio se estaba colapsando sobre sí mismo, a las

9:59 la torre sur se había convertido en una nube de escombros y humo, en los juicios posteriores,

nadie se pudo explicar como una sola persona pudo atravesar decenas de pisos en llamas, llenos

de humo, con los techos calléndose, con suelos que se hundían, decenas de pisos prácticamente

sin estructura y llegar sano y salvo. En los últimos pisos, según su declaración en el juicio, ya

cuando la misteriosa presencia le dejo de acompañar comenzó a ver cosas caer del cielo, era

gente, eran compañeros, eran quizá integrantes de esos grupos de gente que se encontró en el

descenso y le convencían para subir con ellos a la torre, ahora se estaban arrojando al suelo

desde la azotea.


ESPIRITUALIDAD


Cuando se acercaba a la salida de la calle Church, DiFrancesco escuchado un “estruendo impíos.

El vio una bola de fuego como la construcción comprimido. Él no sabe lo que pasó después, y

estuvo inconsciente durante algún tiempo después de su escape estrecho, despertando mucho

más tarde en el hospital St. Vincent de Manhattan. Ron DiFrancesco fue la última persona en salir

de la Torre Sur del World Trade Center antes de que cayó a las 9:59 AM La Torre Sur se derrumbó

en diez segundos, provocando una tormenta de viento feroz y masiva nube de escombros.

Esa presencia fuese lo que fuese, le había abandonado justo cuando ya estaba a salvo, aun no se

explica porque a él, de toda la gente que murió allí, porque esa luz le ayudo a él, a Ron Di

Francesco un Broker que trabajaba en el piso 84 de la torre sur del World Trade Center un 11 de

Septiembre del año 2001.

En 1953, el alpinista austriaco Hermann Buhl se convirtió en la primera persona en escalar el

Nanga Parbat en el Himalaya, el noveno pico más alto del mundo. Subió por el mismo y no lejos de

la cumbre se vio obligado a pasar la noche a la intemperie sin un saco de dormir o tienda de

campaña. Se trataba de un campamento agonizante, pero Buhl sobrevivió, en parte, escribió más

tarde, porque tuvo la sensación de que compartió la terrible experiencia con un compañero:”Tuve

una sensación extraordinaria”, escribió, “que yo no estaba solo.”


vida y muerte

James Sevigny, un estudiante universitario de veintiocho años de edad, originario de Hannover,

New Hampshire, y su amigo Richard Whitmire se dispusieron a subir Deltaform, una montaña en las

Montañas Rocosas canadienses, cerca de Lake Louise, Alberta.

Subieron un barranco de hielo, o canaleta, a la luz brillante del día a finales de invierno, el 1 de

abril de 1983, con la cuerda y los crampones en su ascenso. Whitmire, de treinta y tres años de

Bellingham, Washington, fue a la cabeza y se encontró en uno de los cortes de la montaña un poco

de hielo suelto. Gritó una advertencia de :”¡ hielo que cae!”

El tercer hombre-Compañero Fantasma-

Un tremendo rugido rompió el silencio y la luz brillante fue consumida por la oscuridad instantánea.

Una avalancha barrió a los dos hombres cerca de la cima de Deltaform. Sevigny estaba

inconsciente casi desde el momento en que la avalancha le alcanzó. Sevigny volvió en sí una hora

después. Estaba herido gravemente. Su espalda se había roto por dos sitios, tenía un brazo

fracturado y en el otro se había cortado los nervios a la altura del omóplato y colgaba

lánguidamente a su lado. Se había roto las costillas, rotura de ligamentos en ambas rodillas, sufrió

una hemorragia interna, y su nariz y dientes estaban destrozados. Tardó bastante tiempo en

reconocer la montaña, pero poco a poco Sevigny recordó la subida, y se puso medio incorporó

para buscar a su amigo. Whitmire estaba cerca, y viendo su cuerpo deforme, era evidente que

estaba muerto.

psicologia

Sevigny se recostó junto a él, seguro de que pronto le seguiría: ” Pensé que si me quedaba

dormido, sería la forma más fácil de irme.” Se quedó allí durante unos veinte minutos. El dolor fue

reemplazado gradualmente por la sensación de calor provocado por el shock y la hipotermia, y

comenzó a dormitar. Se dio cuenta de que no había abismo que separara la vida y la muerte, sino

más bien una línea muy fina, y en ese momento, Sevigny pensó que sería más fácil cruzar esa

línea que seguir luchando.

Entonces sintió una repentina y extraña sensación, de un ser invisible muy cerca: “Fue algo que

no podía ver, pero era una presencia física”. La presencia se comunicó mentalmente, y su mensaje

fue claro: “. No se puede renunciar, hay que intentarlo”. La presencia instó a Sevigny a levantarse.

Se le dispensan consejos prácticos, como por ejemplo, seguir la sangre que goteaba de la punta

de la nariz, como si fuera una flecha que señalara el camino. Mientras caminaba, siguió rompiendo

la corteza de la nieve, y era casi incapaz de tirar de sus pies de nuevo a causa de sus heridas.

Parte del tiempo se arrastraba.

Cuando llegó al campamento, Sevigny no podía meterse en su saco de dormir, porque sus heridas

eran demasiado graves, y no podía comer porque tenía los dientes rotos y su rostro estaba

hinchado. Ni siquiera podía encender la estufa. Se sentó y, desde la posición del sol, se dio cuenta

que era tarde. Creía que en un par de horas ya estaría muerto, después de todo.

Entonces, le pareció oír algunas voces y pidió ayuda. Fue en ese momento cuando sintió que la

presencia se marchaba. De hecho, la presencia se había ido porque sabía que estaba a salvo.

Allan Derbyshire, que se encontraba en una fiesta con otros dos esquiadores a campo traviesa,

oyó un débil grito: “Ayuda que he estado en una avalancha!” Si no hubiera llegado hasta el

campamento gracias a la ayuda de ese compañero fantasma, Sevigny habría muerto, ya que no

había otros esquiadores o escaladores de la zona.

En enero de 1915, Ernest Shackleton realizaba una expedición cruzando la Antártida, cuando su

barco el Endurance, queda atrapado por el hielo. Los deseos de salvar a su tripulación, le llevaron

a comenzar una larga travesía a pie en la que puso en juego su vida y la de otros dos

acompañantes voluntarios que fueron con él. Después de navegar por mares peligrosos y cruzar

los glaciares y montañas a pie, Shackleton recuerda la sensación de que alguien más estaba entre

ellos. Este incidente pudo acabar con el célebre explorador y sus dos compañeros con los cuales

cruzó todas las trampas mortales que esconde la Antártida mientras una desconocida entidad, de

cuya presencia también se percataron sus dos acompañantes, les alejaba de todos los peligros

velando por ellos y dándoles fuerzas para seguir adelante. Más tarde Shackleton describiría en su

libro Sur, su creencia de que un ser incorpóreo se unió a él y a los otros dos durante la última

etapa de su viaje. Escribiendo textualmente, “durante ese trasiego y larga marcha de treinta y seis

horas sobre las montañas sin nombre y glaciares de Georgia del Sur, me parecía a menudo que

éramos cuatro, no tres.”

supervivencia


Cuando Stephanie Schwabe entra en la cueva submarina cuya abertura es apenas más grande

que el ancho de sus hombros, ha entrado en un mundo que muy pocos han visto, un mundo de

oscuridad absoluta ahora brillantemente iluminada por la luz. Las paredes de la cueva cristalina

brillaban como joyas. Estalactitas de hueso blanco y estalagmitas se acercan hacia ella mientras

nada cada vez más profundo en la Guarida de la sirena, en el lado sur de la isla Gran Bahama, a

su destino, más de 300 metros de profundidad y 98 pies.

ESPIRITUALIDAD

A pesar de su rareza, era una inmersión de rutina.Por lo general, Schwabe se lanzaba siempre con

su esposo, el explorador británico Rob Palmer. Él era un experto en las grutas de las Bahamas, un

sistema de espectaculares cuevas submarinas que incluye el Blue Hole, una cueva vertical que

debe su nombre porque el agua de la cueva es mucho más oscuro que el azul de las aguas poco

profundas de alrededor. Pero su esposo había fallecido hacía unos meses y ahora le tocaba a ella

bajar sola. Incluso hoy en día, la mayoría de las cuevas permanecen sin explorar.

La Guarida de La Sirena, una cueva horizontal extensa, era una excepción, que ya había sido

explorada anteriormente por Palmer y Schwabe. Fue a finales de agosto de 1997, cuando

Schwabe, un geomicrobiólogo, estaba allí para recoger muestras de sedimentos para un

microbiólogo que estaba estudiando el polvo del desierto del Sahara que, siglos antes, había sido

llevado por los vientos a través del Océano Atlántico y se depositaban en el suelo de la Guarida de

sirena.

Ese día se metió en el equipo de buceo y comenzó su inmersión, decidió centrarse en la recogida

de las muestras y salir rápidamente. Una vez que llegó al piso de la cueva, pasó media hora

agrupando con rapidez las muestras de polvo rojo. Cuando terminó, Schwabe recogió su equipo y

por primera vez desde que había llegado al lugar, levantó los ojos. De repente se dio cuenta de

que no podía ver a su guía(cuerda que señaliza el camino de entrada y salida), buscó con calma,

pero luego con ansiedad cada vez mayor, pero no pudo encontrarla.

El buceo en cuevas es técnicamente difícil. A diferencia de otras formas de buceo, en caso de

emergencia, el buzo no puede ascender directamente a la superficie, pues a menudo deben nadar

horizontalmente, a veces a través de un laberinto de estrechos pasajes. La guía es de vital

importancia para obtener la seguridad de encontrar la forma de salir. Es literalmente un salvavidas.

Sin ella, un buzo puede convertirse rápidamente en desorientado, con el tiempo se queda sin aire y

se asfixia.

Schwabe empieza a experimentar un creciente sentimiento de pánico. Ella miró su medidor de aire

del tanque, y se dio cuenta que quedaban sólo veinte minutos para el final. El pánico de Schwabe

se convirtió en rabia, enojada consigo misma por “ser tan estúpida ” y cometer un error elemental

de buceo que amenazaba ahora con reclamar su propia vida. “Para todos los efectos, en ese

momento, había renunciado a la vida. Yo estaba dispuesta a dejar este mundo”.

Entonces, según Schwabe : “de repente me sentía vacía y parecía que mi campo de visión se

había vuelto más brillante.” Ella se sentía claramente la presencia de otro ser con ella. No había

duda alguna en su mente de que alguien estaba con ella en la cueva. Ella cree que es su marido.

Oyó su voz, la comunicación mental con ella: “Muy bien, Steffi, cálmate. Recuerda que puedes

hacerlo”.

Cuando miró de nuevo, lo hizo con determinación renovada y tranquila. Ella creyó ver el destello de

una línea blanca y en ese momento sintió como la presencia se había ido. Schwabe

inmediatamente nadó hasta la línea, y la siguió fuera. Finalmente vio la entrada azul, donde la luz

se filtraba en la cueva. Ella pensó: “Hoy no era un buen día para morir”. Se sentía como si hubiera

sido salvada por una presencia que estaba segura era su marido fallecido.

En 1934, Wilson decidió subir a su primera montaña: el Everest. En realidad llegó a casi 22.000

pies (más de dos tercios del camino hacia la parte superior). “Siento que hay alguien conmigo en la

tienda todo el tiempo”, escribió en su diario. Él siguió adelante solo en terribles condiciones,

dejando a su porteadores sherpas atrás. Poco después, murió. “El tercer hombre requiere de un

socio dispuesto.”

En los últimos años, la experiencia ha ocurrido una y otra vez, no sólo a montañeros y buceadores,

sino también a los exploradores polares, los prisioneros de guerra, navegantes solitarios, los

sobrevivientes de naufragios, aviadores, y los astronautas.

Todos los supervivientes han escapado sólo para contar historias muy similares de haber

experimentado la presencia cercana de un compañero y ayudante, e incluso “de un tipo de

persona poderosa.” Esta presencia que ofrece un sentido de protección, de ayuda, orientación, y

esperanza.

Las teorías para explicar la experiencia del tercer hombre varían ampliamente. Ron DiFrancesco, el

sobreviviente que salió de la Torre Sur, está convencido de que un ser divino estaba a su lado,

llamase ángel de la guarda y de hecho una interpretación espiritual es común. El Sr. Messner, el

alpinista, se inclina hacia la idea de que el fenómeno del tercer hombre es una estrategia de

supervivencia del cerebro, de hecho los científicos, han descubierto la forma de evocar la

sensación de una presencia compartida, estimulando el cerebro con electricidad.

No sabemos a ciencia cierta que puede ser este “factor tercer hombre”, pero de lo que no cabe

duda es de que estas personas lograron sobrevivir gracias a esa fuerza extra que sacaron ya sea

de su imaginación o de algo que está más allá de nuestro entendimiento.


La única cosa que todos estos casos tienen en común es que siempre implican momentos de

extrema tensión y peligro. Han sido reportados por exploradores, alpinistas, buzos, marineros, y

prisioneros de guerra. Incluso algunos de los sobrevivientes del 9/11 llegaron a afirmar haber sido

ayudados en las Torres Gemelas por esta extraña fuerza.

La mayoría de las mentes científicas argumentan que estas apariciones no son más que un

mecanismo de supervivencia propio de un cerebro al borde de la muerte, pero no le suceden a

todo el mundo cuando se encuentra en una situación de peligro extremo y por lo tanto, no son un

fenómeno natural de carácter cerebral, obligatoriamente común a todos los casos.

Parece que tiene una naturaleza diferente a la que mostraría un cerebro exhausto, inmerso en

alucinaciones, y lo más curioso es que la mayoría de personas que lo han experimentado, afirman

que el fenómeno les ha sido beneficioso.

En cuanto a otras explicaciones, habrá quien afirme que podría tener una naturaleza espiritual, tipo

“ángel de la guarda”. Eso entrará dentro del campo de las creencias de cada uno.

vida y muerte

Sin embargo, hay otra teoría aún. Algunos científicos han argumentado que en realidad es una

antigua reliquia de la psicología humana llamado “Cerebro Bicameral”.

Esta teoría sugiere que hasta hace unos 3.000 años, nuestros cerebros eran muy diferentes de

como son ahora. El “hardware” del cerebro es el mismo, pero nuestra conciencia se ha

estructurado de una manera radicalmente diferente.

El tercer hombre-Compañero Fantasma-

Es un tema difícil de explicar, pero, básicamente, algunos investigadores creen que nuestra

conciencia en su momento se dividió en dos mitades, y que sólo tenemos control sobre una de

ellas (estas teoría se basa en las estructuras narrativas de la literatura antigua). La otra mitad se

comunica con nosotros a través de voces dentro de nuestras cabezas, y nos da la sensación de

que todo a nuestro alrededor está vivo, lo que explicaría el por qué de muchas de las religiones

antiguas. Sin embargo, tener un cerebro bicameral sería algo parecido a sufrir esquizofrenia, de

ahí la razón por la que se extinguió esta estructuración.

Lo cierto es que esta es una teoría bastante extraña, pero si fuera verdad, entonces implicaría que

aún hay restos de esa estructura mental acechando en nuestros cerebros modernos, que sólo

aparecería cuando estamos inmeros en situaciones extremas de supervivencia.

Aparte de todo esto, no hay ninguna explicación científica concluyente que explique la síndrome del

tercer hombre, que ha afectado a tantos supervivientes en todo el mundo.

Es bueno saber que si desgraciadamente nos vemos abocados a una situación de extrema

supervivencia y experimentamos la Síndrome del Tercer Hombre, no estamos locos, sino que

estamos experimentando lo que muchos otras personas han sentido a lo largo de la historia, y que

por lo que cuentan en la mayoría de casos, ayuda a sobrevivir.



En 2007 un grupo de científicos suizos trató de confirmar su hipótesis, basada en un paciente

epiléptico de 22 años. Estimular eléctricamente el hemisferio izquierdo de su cerebro, los impulsos

causados, interruptor cambia de nombre, empujando a los jóvenes a creer que había alguien a su

lado. Teniendo en cuenta esto, el equipo entonces dio su opinión sobre la cuestión científica de

"factor de Tercer Hombre", explicando que "el estrés físico y el agotamiento de la resistencia

pueden producir el cambio."


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