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Maduro, el populista sin pueblo

Maduro, el populista sin pueblo

Hace solo unos meses cundía el desánimo en Venezuela. Las Navidades pasadas fueron las más tristes que los venezolanos recuerdan. Apenas había de nada. Y no digo ya para regalar, que eso es un lujo que no se pueden permitir desde hace años, sino para comer. La humilde hallaca, un plato tradicional navideño, se convirtió en una exquisitez accesible solo para unos pocos. Tampoco tenían medicinas. Y el suministro eléctrico iba y venía. Parecía la Navidad de un país en guerra. Pero, lo peor no era eso, lo peor era la falta de esperanza. En diciembre el pesimismo reinaba en Venezuela. El presente era malo, el futuro sería peor.


Pero en seis meses se ha dado la vuelta a la tortilla de un modo sorprendente. Como comentaba el otro día, la Oposición ha recuperado la iniciativa. Visto el éxito del la huelga general del 20 de julio, lo dicho queda definitivamente confirmado. La MUD va a por todas. Está capitalizando el entusiasmo popular que un día perteneció exclusivamente al chavismo. Hoy son ellos los portadores del mensaje.

Tan solo les ha hecho falta plantarse y decir basta. Lo han hecho, eso sí, en el momento adecuado cuando el régimen hace aguas por los cuatro costados a causa de la pésima situación económica y de la incapacidad del Gobierno para gestionarla. Era el momento y había que aprovecharlo.
dictadura

Haber perdido a la gente, al pueblo, coloca a Miraflores en una situación muy comprometida porque un populista sin pueblo es como un director de orquesta sin músicos. Puede mover las manos y hacer todos los aspavientos que quiera, puede patalear y vociferar. Ni una sola nota musical saldrá del foso.


No es ya que a la Oposición le esté saliendo todo bien de unos meses a esta parte, es que a Maduro le sale todo mal. Y eso es atribuible a su proverbial torpeza. De la cincuentena de presidentes que Venezuela ha padecido desde que Simón Bolívar accediese a la presidencia por primera vez en 1813, la república no ha tenido a nadie peor dotado a su frente. En lugar de actuar con inteligencia y mano izquierda, Maduro ha seguido reprimiendo a los manifestantes y los medios oficialistas llevan meses pintando una Venezuela de nunca jamás que solo existe en las ensoñaciones de la casta bolivariana.
Venezuela
Solo el 5%
Hace dos meses una encuesta encargada por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas indicó que solo el 5% de los venezolanos apoya sin fisuras la Asamblea Nacional Constituyente. Solo el 5%. En tiempos de la URSS la élite soviética era de unos dos millones de personas en un país habitado por 200 millones. Eran los que podían viajar al extranjero, los que tenían acceso a ciertos lujos inasequibles para el resto de la población. Era la gente del partido, pero solo la parte alta del mismo.


El Partido Comunista de la Unión Soviética, el PCUS, llegó a contar con 20 millones de miembros, el Partido Socialista Unificado de Venezuela, el PSUV, afirma tener 7,5 millones de militantes. El 5% de 30 millones (población actual del país) es millón y medio, luego a Maduro solo le apoya una pequeña fracción de los militantes de su propio partido. Si yo fuese Maduro, o Cabello, o El Aissami, o Jaua, o Padrino empezaría a preocuparme.


Pues bien, con un apoyo tan magro quieren sacar adelante la Constituyente. Por eso lo hacen mediante ese procedimiento indirecto, ya que es el único que garantiza una victoria segura para ese 5%. Es casi lo único que les queda por hacer para seguir mandando. Es el final de un camino que empezaron a recorrer hace un año.


La idea de Maduro, que quedó muy tocado en las legislativas de diciembre de 2015, era ir achicando espacios a la Oposición. Impidió primero que se celebrase un referéndum revocatorio que sabía perdido. Empleó todas las artimañas a su alcance y lo consiguió. No convocó las elecciones regionales y municipales que tocaba celebrar a finales de 2016. Arguyó que con la “guerra económica” que le había declarado el capitalismo no podía celebrarse elección alguna. Dijeron primero que sería para el primer semestre de 2017, que ya ha concluido sin novedades, y ahora aseguran que serán en diciembre de este año.


Para rematar la faena entraron a saco en la Asamblea Nacional, que fue la gota que colmó el vaso de la paciencia opositora. A partir de ahí arrancaron las protestas que no se han detenido. Maduro simplemente no midió las consecuencias de esa medida. O las midió mal.
pueblo
Con los acontecimientos acelerándose por semanas, la última carta que le queda jugar es la de la Constituyente, que refunda el Estado y lo pone en sus manos. Algunos dicen que esto jamás lo hubiese hecho Chávez de no haber muerto prematuramente hace cuatro años. No, hubiera hecho exactamente lo mismo. El madurismo no es más que la evolución natural del chavismo, un régimen que entiende que la democracia consiste en que ganar las elecciones faculta al gobernante para hacer lo que le venga en gana.


Mientras las urnas les fueron favorables no había problema. Pero ahora ya no les sonríen por lo que hay que pasar a la siguiente fase: la dictadura en abierto, sin máscaras, sin anestesia electoral. El desacoplamiento entre el chavismo y el pueblo que dice representar es ya tan marcado que ni haciendo trampas en unas elecciones serviría para ganarlas.


Ante este escenario al régimen solo le quedaban dos salidas. O entregar el poder a la Oposición previo referéndum (o anticipando las presidenciales), o intensificar la represión. A la vista está que ha escogido la segunda. La Mesa de Unidad Democrática ya sabe lo que le espera. Debe prepararse para resistir durante más tiempo, especialmente tras la Constituyente del día 30. Si no se vienen abajo tienen las de ganar porque el que resiste gana.


maduro


link: https://www.youtube.com/watch?v=Lwe20UQFZ5c

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