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La nueva era de lealtad kirchnerista.

La salida de Jorge Taiana de la Cancillería y su reemplazo por el multiservicial embajador en Wash-ington, Héctor Timerman, constituyó una señal del kirchnerismo hacia todos los funcionarios del Gobierno: no hay espacio para la disidencia ni para la ambigüedad.

No es el único mensaje para la tropa. En las últimas semanas, Néstor Kirchner les viene advirtiendo a sus hombres de confianza que no descarten la posibilidad de que, finalmente, su esposa sea candidata a la reelección presidencial el año próximo.

La nueva era de lealtad kirchnerista.

La interpretación que realizan dirigentes kirchneristas es que la decisión final sobre si será pingüino o pingüina el que se postule para el período presidencial 2011-2015 se adoptará en la intimidad de Olivos con las encuestas de intención de voto en la mano y favorecerá al que cuente con mayores chances de garantizar el mejor resultado.

El ex presidente de la Nación sugiere que Cristina Fernández de Kirchner tiene sobre él la ventaja de estar al frente de la gestión, que es una suerte de vidriera. Los sondeos de opinión pública que evaluaron los efectos de los festejos del Bicentenario dan cuenta de que, efectivamente, fue la jefa del Estado la figura política que más se benefició por los actos.

Sin embargo, no faltan dentro del propio oficialismo quienes conjeturan que la idea de Néstor Kirchner es sembrar el misterio sobre su candidatura hasta el final y evitar, mientras tanto, que su mujer se convierta prematuramente en un pato rengo , denominación con la que se conoce a aquellos presidentes que atraviesan la última etapa de su mandato sin posibilidad de ser reelegidos.

Esta última lectura, junto con la intención de eliminar de cuajo cualquier foco de mínima discrepancia y de formar en torno de la Casa Rosada un cerco de leales, son pequeños síntomas del comienzo del fin de un régimen, siempre signado por la inseguridad y la desconfianza de los propios gobernantes.

La paranoia oficial encuentra algunas motivaciones con fundamentos reales. Uno de los peligros que los Kirchner advierten para 2011 es que no pocos gobernadores decidan desdoblar las elecciones provinciales y las presidenciales, dejando de garantizarle a la candidatura pingüina el apoyo de los aparatos partidarios locales. Algunos mandatarios provinciales ven en esta posible determinación una cuestión de supervivencia; los Kirchner sólo la interpretarían como un signo de deslealtad.

Kirchner

La capacidad técnica y la experiencia en la gestión pasan a ser, en esta etapa, cuestiones secundarias a la hora de seleccionar a los colaboradores gubernamentales. El único valor que importa es la lealtad. Y si la lealtad se asemeja a la obsecuencia, tanto mejor para los Kirchner.

La renuncia de Taiana al Ministerio de Relaciones Exteriores y la inminente llegada de Timerman al Palacio San Martín es uno de los mejores ejemplos.

Taiana no recuerda haberse sentido tan maltratado por la Presidenta como en la mañana de anteayer, cuando recibió la llamada telefónica presidencial que desencadenó su alejamiento de la Cancillería. Fue tan duro el nivel de los cuestionamientos de la primera mandataria que, según trascendió, Taiana debió decirle: "Cristina, puteá más bajo".

En el enojo presidencial con el entonces canciller se habrían mezclado diferencias en torno de las negociaciones con Uruguay por la propuesta del gobierno de José Mujica de incluir a Brasil en el monitoreo del río Uruguay con la sospecha de la Presidenta de que Taiana le había filtrado información interesada al diario Clarín . Queda claro cuál es, en estos tiempos que corren, el verdadero alcance de la palabra "lealtad" para Cristina Kirchner.

Claro que no habría sido ése el único punto de discrepancias entre la primera mandataria y el ex canciller. Los escándalos derivados de la denuncia de pedidos de "coimas" a empresarios argentinos para exportar a Venezuela, formulada por el ex embajador en ese país Eduardo Sadous, aumentaron las diferencias entre Taiana y otros hombres del oficialismo que entienden que el ex ministro no hizo lo suficiente como para frenar al diplomático díscolo.

El tiempo dirá si la designación de Timerman al frente de la Cancillería deberá interpretarse como el intento de una señal de acercamiento a los Estados Unidos, dadas las posiciones públicas del actual embajador en Washington contrarias a los regímenes de Cuba e Irán, o bien como la simple llegada al Gobierno de un hombre que ha dado muestras de gran fidelidad a la Presidenta, pese a que en su momento fue un confeso admirador de Elisa Carrió y militante de su fuerza política.

Resultan interesantes algunos conceptos pronunciados por el propio Timerman sobre el régimen castrista: "Yo denuncio la falta de libertad de prensa en Cuba. La denuncio porque creo que Cuba es una dictadura, una dictadura de izquierda. Una dictadura que, por ejemplo, se vanagloria de que no existen analfabetos en su sociedad. Lo que no puede decir Cuba es que todos esos cubanos que saben leer tienen prohibido leer. Es imposible encontrar montones de libros importantes en Cuba porque están prohibidos; o sea, saben leer pero no tienen nada para leer".

Tal sentencia, que contrasta con la posición condescendiente que siempre tuvieron los Kirchner con el régimen fundado por Fidel Castro, fue expresada durante una entrevista realizada por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal) para la producción de un audiovisual sobre Cuba en diciembre de 2003.

La satisfacción que reinaba en el oficialismo al concluir la celebración del Bicentenario, que pareció apuntalar la mejora que venía evidenciando el matrimonio gobernante en las encuestas, tornó hacia la inquietud en los últimos diez días de la mano de dos hechos. El primero fue el triunfo electoral de Ricardo Alfonsín en la UCR bonaerense y la creciente probabilidad de que se recree una alianza de centroizquierda en torno al radicalismo, el socialismo y la Coalición Cívica. El segundo fue la decisión de los principales referentes del peronismo no kirchnerista de llevar un único candidato presidencial.

La ilusión oficialista de que la oposición concurriera dividida en muchos pedazos a las elecciones presidenciales de 2011 se desvaneció abruptamente. La idea de vencer en primera vuelta con el 40 por ciento de los votos y más de diez de diferencia sobre la mejor fórmula de una oposición atomizada empezó a diluirse.

De todo, fue la posibilidad de la regeneración del Acuerdo Cívico y Social lo que más habría preocupado a Kirchner. El ex presidente parece sentirse más cómodo frente a todo aquello que huela a derecha y detesta que lo corran desde la izquierda.

No se descarta por eso, según fuentes del oficialismo, que en las próximas semanas el kirchnerismo busque afianzar un perfil asociado con lo que a sus líderes les gusta denominar "progresismo". Se descuenta que se subirá el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, lo cual beneficiará a los asalariados. También se proyecta elevar la llamada asignación universal por hijo, actualmente en 180 pesos, en una proporción no menor al incremento que experimenten las asignaciones familiares para los trabajadores del sector formal.

Por si eso fuera poco, hombres del Gobierno no descartan que el propio Kirchner impulse legislativamente la despenalización del aborto, con el fin de sumar apoyos de los sectores menos conservadores de la sociedad. Uno de los proyectos parlamentarios sobre esta materia pertenece a la diputada del Frente para la Victoria Juliana Di Tullio, quien propicia ampliar los casos de aborto no punible, incluido el de la gestación que sea consecuencia de "una relación sexual no consentida". La presidenta Cristina Kirchner no es partidaria de semejante reforma, pero su esposo no vería con malos ojos su tratamiento en el Congreso.

La intranquilidad del oficialismo encuentra un paliativo en los errores de los referentes del peronismo no kirchnerista, que perdieron la semana con una discusión bizantina sobre quién es más o menos peronista, como si el hilo conductor para una alternativa al oficialismo pasara por esa cuestión. Olvidaron que 1.400.000 jóvenes votarán el año próximo por primera vez y que ocho millones de ciudadanos con menos de treinta años apenas tienen una vaga idea sobre Perón. Como señala un viejo dirigente justicialista, Julio Barbaro, "ser peronista es definir la provincia donde uno nació, pero no el lugar donde habita".

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