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Dilema K: la juventud pide cancha

13 de Marzo de 2011


Dilema K: la juventud pide cancha





Dilema K: la juventud pide cancha




El kirchnerismo fue muy alto, tan alto, que muchas veces corre el riesgo de no ser identificado en su verdadera esencia. Pocas veces, después de Perón, un estadista pudo poner en el centro de la escena lo que, para este autor, es uno de los paradigmas fundamentales del peronismo: el trasvasamiento generacional.

Con Néstor Kirchner y con Cristina Fernández de Kirchner se produce un fenómeno que, en el sentido que intentaré describir, puede trazarse un paralelo con lo sucedido durante el nacimiento del Movimiento Peronista de 1945. Pero a su vez, las consecuencias de ese fenómeno pueden partir en dos al propio movimiento y, como ocurriera en los 70 con el peronismo de Perón, el kirchnerismo está expuesto a una peligrosa antinomia latente en su propia construcción.

El mayor riesgo que debe enfrentar el kirchnerismo es el kirchnerismo mismo, o en todo caso las características que se le impriman a la construcción política del kirchnerismo pueden representar su definitivo signo o su propio derrumbe. Ante esto Cristina Fernández está más expuesta que nunca pero a su vez es la única conductora capaz de hacerle frente a semejante circunstancia. La dirigencia nacional sabe que, por ahora, sin Cristina el kirchnerismo tiene pocas posibilidades de supervivencia. La Presidenta sabe que de no modificarse las modalidades de construcción en la dirigencia nacional, puede perderse la oportunidad de llevar a cabo la sucesión generacional, ante lo que el kirchnerismo tendrá pocas esperanzas de vida o vivirá partido en dos.

La aparición de Néstor Kirchner revalorizó el ejercicio de la política y Cristina Fernández instaló el debate político en el seno de la sociedad argentina. Pero a pesar de esa melodía de las cinco E, que encanta, enamora, emociona, entusiasma y esperanza a una desenfrenada juventud alegre y movilizada, las estructuras conchabadas y en muchos casos convertidas al kirchnerismo parecen desoír las expresiones fundacionales de sus líderes.

Retomando la prédica y la más trascendental mirada de Perón cuando insistía en la necesidad de producir un trasvasamiento generacional del movimiento, en 2004 Néstor Kirchner exhortaba a “volver a reconstruir el espacio de los militantes, de los cuadros” para que “no se repita la mecánica casi empresaria de la política.”

Perón no tuvo otra alternativa que articular la construcción del movimiento con el esquema político existente en su época. La dirigencia original del controvertido partido venía de otros espacios, poco ejercitada en concepciones horizontales. Los únicos peronistas puros eran los emergentes, los trabajadores que encontraban un líder en quien confiar, los jóvenes que nacían políticamente peronistas. Perón le dio importancia fundamental a la juventud sabiendo que necesitaría de por lo menos dos décadas para generar dirigentes auténticos, cuadros provenientes de su propia organización. El golpe del 55 frustró esa idea.

Sin Perón en el país convivieron en la resistencia aquellas dos estructuras: las originales y conservadoras y los movimientos juveniles que reclamaban el lugar prometido, la revolución inconclusa regada a sangre.

La grieta en el peronismo de los setenta fue abierta por los propios peronistas: los que construían poder en el sentido corporativo y monopólico y los que reclamaban inclusión, liberación nacional, independencia política. Néstor y Cristina lucharon desde este último lugar. No tenían siquiera veinte años. El enfrentamiento interno y el golpe militar abortaron, otra vez, la posibilidad del trasvasamiento generacional.

En similares circunstancias tuvieron que construir Néstor y Cristina. Apelar a las únicas estructuras existentes en 2003 para armar su espacio. Pero a diferencia de gran parte de la dirigencia nacional, aquellos fueron despojando poco a poco al gobierno de los dirigentes provenientes del peronismo conservador o neoliberal y promoviendo nuevos comportamientos en su construcción política.

Sin embargo, en innumerables territorios, aún los que se autoproclaman kirchneristas auténticos, sostienen en sus gobiernos provinciales y municipales al aparato neoliberal intacto y ejercitan a destajo la construcción monopólica y economicista de la política. En esta última acción contradicen la prédica kirchnerista evitando un debate profundo que incluya en el reparto del poder y en la toma de decisiones, a los únicos kirchneristas puros: los jóvenes, los que nacieron políticamente con Néstor y Cristina. De esta manera, amparados bajo el paraguas de la presidenta, en el peor de los casos van seduciendo, incorporando, “chupando” a muchas expresiones juveniles que en la necesidad y la convicción de estar militando por el Proyecto Nacional, terminan siendo utilizados por estructuras verticales, que solo buscan garantizar su hegemonía corporativa y la vigencia personalista en el terreno político.

Como en la operación económica de los monopolios neoliberales que manejan el mercado social, se enclavan en el Proyecto estructuras que operan para si el mercado político en determinados distritos. Los cuadros políticos que necesariamente reclamaba Néstor Kirchner son a estas corporaciones lo que la Ley de Medios es a Clarín.

Cristina Fernández deberá decidir por estos días no solo la posibilidad de ser candidata a presidente de los argentinos por un nuevo periodo sino, fundamentalmente, si está decidida a confrontar de una vez por todas el mayor estado de conflictividad del peronismo: el trasvasamiento generacional.

Sabe que cuenta con una legión de jóvenes que la aman, que están comprometidos y decididos, que albergan en sus ilusiones la posibilidad de ser artífices y participes ineludibles del cambio hacia afuera y hacia adentro del Movimiento Nacional. Sabe también que para que esto ocurra deberá confrontar puertas adentro intereses muy consolidados y procurar inculcar en estos intereses una mirada colectiva, un interés plural, una construcción democrática, una apertura al verdadero peronismo.

Si eso no ocurriera yo estaré del lado de los jóvenes. Estaré en el lugar donde estuvieron Nestor y Cristina en los decisivos años 70. Seguiré pensando que la única salida para el cambio verdadero es, como decía Perón, el trasvasamiento generacional. Desde esta perspectiva, acompañar a ciertos candidatos para garantizar la continuidad de Cristina puede resultar electoralmente conveniente, pero si no se le permite a las nuevas generaciones incorporar contenidos, puede resultar ideológicamente suicida.

Hacía falta un líder, un conductor. Cristina Fernández ocupó solventemente ese lugar. Pero no es posible depositar en ella todo el peso de la articulación. Está protegida por una barrera de hombres muy claros en su entorno más cercano que trabajan en el sentido que venimos analizando, pero hacia abajo no son suficientes los gestos de apertura a las nuevas expresiones juveniles. Lamentaría angustiosamente si en el 2015 tuviera que votar a los mismos dirigentes, por mas que, en algunos casos, me representen. Las transformaciones políticas si no producen transformaciones generacionales, dejan de ser transformadoras.







Juan Montes (Autor de: Esta mujer, la utopia posible - Integrante de La Corriente Independiente de Pensamiento Nacional)







Fuente:http://www.eldiario24.com/nota/216835/dilema-k-la-juventud-pide-cancha.html

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