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Todos podemos catar vinos

Cómo convertirse en un buen catador

Todos podemos catar vinos. Para lograrlo hay que explotar al máximo las propias capacidades. Aquí, consejos y sugerencias para el aprendizaje.

Todos podemos catar vinos

La cata de vinos sirve para conocer en profundidad las características de cada uno de ellos. Pero ¿existe alguna diferencia entre beber vino para saciar la sed, degustarlo o catarlo? ¿Se puede aprender a catar o es un privilegio sólo para experimentados?

Para comenzar a disfrutar de un vino es muy importante tener en cuenta que se trata, ante todo, de un momento de placer. Para degustarlo hay que estar atento, es decir, prestar atención a sus características.

En cambio, la cata es más compleja y refiere a una actividad profesional en la cual intervienen otras condiciones. Pero todos podemos aprender. Esta práctica es fruto de un ejercicio, donde los sentidos se entrenan para entender las manifestaciones propias de cada vino.

Lo ideal es empezar con la ayuda de un catador y probar con muchos vinos de calidades y estilos diferentes. Comparar aquellos que tengan un elemento en común (puede ser la región, la variedad o un determinado estilo de vinificación), definir un método, y luego seguirlo en todas las catas. De a poco también se puede ir consiguiendo un vocabulario preciso. Por último, se incluye la cata a ciegas, que permiten percibir mejor las sensaciones sin dejarse influir por la etiqueta.

CÓMO ORGANIZAR UNA CATA
Las catas entre aficionados o profesionales siguen las mismas reglas. Algunos detalles para tener en cuenta:
. Hora: preferentemente antes de las comidas, lo ideal es a las 11 o a las 18.
. Lugar: sin humo y sin olor a comida, tabaco o perfume. Utilizar un fondo blanco para facilitar el examen visual.
. Luz: diurna es ideal, pero si se usa luz eléctrica, las lamparitas comunes van mejor que los tubos fluorescentes.
. Presentación: fundamental servir los vinos a la temperatura apropiada. Para las catas a ciegas, hay que ocultar las botellas y numerarlas.
. Orden: no hay un orden perfecto pero, en principio, los vinos blancos van antes que los tintos, los secos antes que los dulces, los ligeros antes que los concentrados y los simples antes que los complejos.
. Copas: la copa normalizada es la ideal, pero también se puede utilizar cualquier copa con forma de tulipa.
. Spiters: recipientes individuales para escupir, que pueden ser fraperas llenas con aserrín hasta la mitad (para que el vino no salpique).
. Pan tostado: se usa para limpiar el paladar; igual que el agua.
. Notas: hojas de papel o fichas de cata para describir cada vino.

CÓMO SE DEBE CATAR
1. Servir el vino a temperatura adecuada llenando solamente un tercio de la copa. Una regla para no equivocarse es servir hasta el ecuador de la copa (la parte más ancha del cáliz).
2. Inclinar la copa sobre un fondo blanco para apreciar los colores y cualidades físicas como la transparencia, la limpidez y la densidad. El color y sus tonalidades se aprecian a través del cristal y luego moviendo la copa hacia uno.
3. Hay que percibir el aroma del vino antes de hacerlo girar en la copa. Luego hay que volver a olerlo tras moverlo, mientras el líquido se detiene. Así, se notan las diferencias entre ambos "golpes de nariz".
4. Beber un poco de vino, un trago pequeño y "masticarlo" bien antes de escupirlo. Llenar toda la boca para apreciar mejor los sabores. De este modo se encuentra la acidez, lo salado, lo dulce, lo amargo, el alcohol y los taninos que se manifiestan en la astringencia dentro de la lengua.
5. En el trago siguiente, después de volver a masticar el vino, aspirar dos o tres veces un poco de aire para encontrar el retrogusto o la fase restronasal, y percibir nuevos aromas que lleguen al sentido del olfato por medio del paladar.

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