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El amanecer de La República de Venezuela

Para todos los que preguntan ¿Cómo va la lucha? ¿Qué estamos ganando? ¿Por qué seguir?

AUTOR: Frank Calviño
Es media mañana en Carabobo. Dos chamos van caminando con una mochila. Dentro llevan una bandera de Venezuela y una bandana con el tricolor. Al girar en la esquina topan con seis motorizados de la GNB. No pudieron ni correr. Los GNB los detienen y les revisan. Al momento les informan que quedan detenidos por "terrorismo". Ya apresado, uno de los chamo tiene el coraje de mirar al GNB a la cara y soltarle esta perla: "¿Me vas a meter preso por llevar la bandera, NUESTRA BANDERA? ¿Tu estás loco viejo? Seguro que si fuera la de Cuba no pasaba nada ¿Verdad? ¡Marico vendepatria!" Ni de más está decir que le dieron golpes hasta en la cédula. Ese chamo, que lo soltaron cuatro horas más tarde molido a palos, merece tener cédula. Cédula que se la merece porque es, verdaderamente, un VENEZOLANO. La rata con uniforme de camuflaje que lo detuvo por portar la bandera de su país, el país que él juró defender, no merece compartir nuestra nacionalidad. La valentía de ese “Simón”, de ese guerrero, inspiró a su compañero de detención, que en ese momento calló “Más nunca me quedaré así mi pana, más nunca. Me dió vergüenza no haber dicho nada. Si nos quieren quitar la libertad, nuestra bandera y nuestro país, tendrán que pelear. Aquí nadie se pondrá de rodillas”
Usando el tiempo mítico del realismo mágico podríamos decir que “a la misma vez” en un destacamento del Delta Amacuro, un teniente coronel cuyo nombre nos reservamos, está visiblemente nervioso. Hace unas horas un dirigente de la oposición, el gobernador Liborio Guarulla, hizo algo que ha puesto a todo el destacamento en vilo. Ataviado con sus ropajes tradicionales, con sus símbolos de poder tribal, Guarulla ha lanzado una maldición al chavismo: la maldición Dabacurí. En un acto público, Guarulla escoltado por chamanes de su tribu, pidió fuerzas a sus ancestros para que, aquellos que nos han hecho tanto mal “mueran en tormento” para que su alma no encuentre descanso. Usted puede dudar o no de la efectividad de dicho embrujo. Pero lo que no puede hacer es reírse. Primero porque la maldición Dabacurí no es invocada así como así. Culturalmente esto es un castigo muy grande, algo que solo se reserva para los peores momentos. Y segundo, no puede reírse porque Guarulla es un indio baniva, del pueblo kurripako, como también lo son muchos de los soldados de ese destacamento en el Delta y de otros tantos cuarteles. El teniente coronel lo sabe. La tropa no está tranquila. Una cosa es reprimir, otra muy distinta meterse con los ancestros y quién sabe con qué poderes o fuerzas estos tengan.
En otro punto de la geografía venezolana una estudiante valiente protesta en una vía pública. Frente a ella un piquete de la GNB/PNB/Colectivos de Sicarios les corta el paso. Por detrás una camioneta del IVSS se le avalancha. La arrollaron por defender la libertad. La arrollaron sin ella tener armas, sin el conductor tener corazón. Sin aviso, sin honor. Ahora, esta guerrera lucha por su vida en un hospital.
En algún lugar de París, una de las hijas predilectas del gobierno hace una llamada nerviosa a su tío. Alguien regó un carnet de ella como estudiante en La Sorbonne. Una de las universidades más exclusivas, elitistas y caras del mundo. La foto del supuesto carnet ha sido retwiteada masivamente. Políticos, escritores e intelectuales europeos lo comentan en las redes sociales. La hija de Chávez llama llorando. Tiene miedo que le pasé lo que le pasó a la hija de Jorge Rodríguez en Australia: un encontronazo con la cruda realidad, con el legado de sangre, dolor y miseria que sus padres les han dejado de herencia. Su tío, quizás, le dice palabras de aliento y la intenta calmar. Pero es inutil. La niña sabe que a partir de ahora será una apestada, una leprosa social. En la Europa capitalista de los Millennials, nadie quiere nada con la hija de un ladrón, corrupto y genocida.
Llevamos más de un mes de protestas. Hemos perdido a casi cuarenta ciudadanos. No doy cifra exacta porque la brutalidad de la dictadura es tal, que quizás mientras escribo estas líneas, los asesinos chavistas estén martirizando a otro patriota más. Yo he protestado y luchado desde el 2006. Pero solamente esta vez puedo decir que siento la victoria cerca. Esta vez puedo decir, con absoluta certeza, que estamos consiguiendo resultados. Maduro es un atajo de nervios. Sus decisiones erráticas lo demuestran. El chavismo se suelta a pedazos, hay miedo - comprensible - de lo que tendrían que hacer para poder mantenerse en el poder. Tienen más de un 85% de rechazo y las razones para salir del peor gobierno de la historia sobran. El chavismo ya no cree en elecciones, sabe que no tiene el pueblo. Los herederos de Chávez saben que solamente asesinando a mansalva podrán seguir gobernando. Muchos no están dispuestos a pagar ese precio. Tienen hijos, nietos… tienen intereses y cuentas de banco... que no vergüenza, pero nos sirve igual. El precio es demasiado caro. Terminarían encerrados en Venezuela, como presos, mirando siempre sobre sus espaldas. La vida se les haría invivible.
En este mes largo de lucha hemos visto a un hombre desnudo vestirse de coraje y subirse a una tanqueta. A los GNB vomitarse del asco y retirarse cagados, nunca mejor dicho. Hemos visto a Dudamel, por fin, dar la nota. A la comunidad internacional llamarlos por su nombre: dictadura. Hemos visto cómo los líderes han sangrado, tragado lacrimógena y sufrido perdigonazos con su gente. Cómo la MUD no está pidiendo al pueblo hacer nada que ellos mismos no estén dispuestos a hacer. Hemos visto a un hombre darle de comer a otro compatriota que buscaba alimentos para su hijo en la basura. Hemos visto a un chamo viajar a Madrid a despedirse de su madre con cáncer, para regresar a la lucha. Hemos visto a la GNB cantando alegremente sobre degollar guarimberos. A la PNB fusilar a quemarropa a periodistas. Hemos muchas cosas heroicas y terribles.¿Pero saben qué no hemos visto? A nadie rendirse. Esta vez, vamos a ganar porque las fichas están cayendo todas una tras de otra en el orden correcto. Esta vez solo nos falta una cosa por ver: El sol alzarse nuevamente sobre la República de Venezuela.

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