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11 Historias reales para no pensar mal de los demás

11 Historias reales para no pensar mal de los demás


¿Con qué frecuencia, cuando conoces a una u otra persona, sacas conclusiones antes de tiempo? Alguien se vistió ese día de forma extraña, otro tiene una mirada distinta... Pero la vida es impredecible, y sólo nos queda sorprendernos sobre cómo, a veces, nuestra intuición puede ser errónea.


Encontre 11 historias "contadas" que demuestran inequívocamente que, a menudo, las personas son mucho mejores que lo que pensamos usualmente.



En nuestro grupo hay un estudiante que mira a todos los demás de arriba a abajo; no se relaciona con nadie, es un lobo solitario. Los demás lo juzgan, pero no le importa. Un día, volviendo a casa después de la universidad, lo vi sentado en el suelo y murmuró algo. Estaba envuelto en lágrimas. Resulta que un coche había atropellado a un gato callejero. Ayudamos al gato, lo llevamos a una clínica veterinaria cercana, lo pagamos todo y nos lo llevamos. Finalmente, el gato había encontrado una casa, y yo a un amigo. Han pasado dos años y no he conocido a una mejor persona. Y llegué a esta conclusión: no hay que juzgar a la gente por su apariencia o por cómo la tratan los demás, pues podemos cometer un error bien grande.




Una vez perdí mi cartera en la que llevaba todo (pasaporte, licencia de conducción, etc.). Ya en casa, estaba pensando en el tiempo que tardaría en tramitar todo de nuevo. De repente, alguien golpeó a mi puerta. En el umbral se encontraba una persona sin techo y en su mano sujetaba mi cartera. Dijo que la encontraron sus conocidos, también sin techo, y como casi no había dinero en efectivo, querían tirarla. Él les pagó un par de escasos dólares que tenía ahorrados por la cartera y me la trajo de vuelta. Le di las gracias y 50 dólares. Alfredo (así me dijo que se llamaba), es realmente una persona con valores.



La otra noche, me sentí muy cansada al llegar a casa. Abrí el grifo de la bañera para tomar un baño, y mientras tanto ordené mi habitación. Estaba tan concentrada en ordenarlo todo que no me di cuenta de la inundación que provoqué. ¡Madre mía! ¡En el piso de abajo hay una oficina! Me imaginé el lío que se armaría al otro día... Al día siguiente, al llegar a casa, encontré una nota : "¡Gracias por la inundación! ¡La reforma tardará mucho y a todos nos pagaron las vacaciones!".




historias
© paramount  

Me encantan los perros de razas peligrosas. De hecho, tengo un pit bull. Solía vivir en una ciudad, y siempre tenía problemas con los vecinos. Mi pobre perro pagaba todos los platos rotos: a los niños les decían que se los iba a comer si se le acercaban. Un buen día, se nos acercó una niña de unos 5 años de edad y preguntó si podía acariciar a mi mascota. Era la primera vez que veía a una niña con unos ojos tan brillantes. Lo tiraba de las orejas, se le subía encima... Desde entonces, mis vecinos dejaron de quejarse y algunos incluso comenzaron a acercarse a acariciarlo. Este ángel ha enseñado a todo mi vecindario una regla bien simple: no juzgar por las apariencias.



Siempre que voy al supermercado, veo a una niña gitana de unos 15 años por los alrededores. No pide dinero, simplemente ofrece su ayuda: carga las bolsas al coche, ayuda con un carrito, y por hacerlo, recibe una moneda. Hace poco, estaba haciendo fila delante de mí. Con las monedas que ganó, compró pan, leche, un trozo de salchichón y un huevo "Kinder Sorpresa". Me conmovió esto: la niña sólo quería comer. Le di los 5 euros que tenía de cambio y le compré una bolsa entera de alimentos. Porque era evidente que tenía un alma pura. A pesar de su situación, siempre estaba sonriente y era muy educada. Sentí pena por ella.




Suelo teñir mi pelo de un anaranjado muy vivo. Así me gusta. Muchos me dicen que no es natural, bla-bla-bla, tiñe tu pelo de un color normal... Un buen día fui al supermercado y, al pagar mi compra en la caja, me di cuenta de que el vigilante me miraba larga y atentamente, con un dejo de bondad. Era barrigón y calvo; debía tener unos 30 años. Me alejé de la caja para guardar las compras en una bolsa. El vigilante se acercó y me dijo: "Niña, tienes un hermoso cabello de color naranja, te queda de maravilla, uno puede verte desde cualquier lugar. No he visto a nadie más bonita que tú". Me derretí de la emoción, le di las gracias y sonreí todo el camino de regreso a casa, como si me hubiera sucedido lo más raro del mundo. ¡Qué sensación tan agradable!





pensar
© sonypictures  

Un día, una de las llantas de mi auto amaneció un poco desinflada. Me di cuenta cuando salí al trabajo, pero iba tarde y no tuve tiempo para pasar por el taller. Al final del día, vi a un hombre cerca de mi coche, y pensé: “¿qué querrá este hombre? En sus manos, sostenía un pedazo de papel. Después de 5 minutos, escribió algo y se marchó, dejando la nota en el limpiaparabrisas. Sonreí. Pensé que, como en las películas, me habían puesto una multa. Pero no. La nota decía: “Estimado conductor, tiene un neumático desinflado. Tal vez no se dé cuenta y comience a conducir, pero esta nota, sí que la verá. La seguridad vial comienza por los neumáticos. Buen viaje”.




Estaba estudiando en una escuela de conducción, y en nuestro grupo había una mujer de 69 años de edad. Era una señora muy agradable, trabajó de maestra pero debido a su avanzada edad, sus estudios no eran fáciles. Le preguntamos varias veces para qué necesitaba aprender a conducir, pero ella eludía el tema. Llegó el día del examen, y todos teníamos que tener una buena nota para obtener la licencia. Entramos en el aula para pasar la prueba teórica. Nuestro examinador se acercó a ella y le preguntó: “Es usted un poco mayor; por qué quiere obtener una licencia de conducir?“ Y ella, al fin contestó: ”El año pasado, mi marido fue declarado como discapacitado, y ya nunca más podrá conducir. Vivimos en un pueblo, y yo trabajo en el municipio vecino, donde está el supermercado. Cada día camino 15 kilómetros para llegar a mi trabajo, pero mis piernas ya no están como hace 5 o 10 años. Verá, en casa tengo un viejo “Renault“”. El examinador dijo: ”Entonces... ¿Quiere pasar el examen sólo para ir al trabajo y al supermercado?“. ”Sí“, contestó ella. “¿Y nunca irá a la ciudad?” “No, ¿Qué voy a hacer allí? ¡Hay demasiado tráfico!“. El maestro la tomó de la mano y le susurró: ”Venga conmigo”. No la vimos nunca más. Nuestro maestro sólo comentó que la señora obtuvo la licencia y se volvió feliz a su casa.




mal
© sonyclassics  

Estoy en el noveno mes de embarazo. El otro día, llamó a la puerta la vecina más rara de nuestro bloque y me dio 3 bolsas de ropa infantil. Dijo que se la pasó una joven pareja del bloque de al lado al verme con mi enorme barriga. Ya sabía yo que teníamos vecinos muy amigables. ¡Me encanta esta ciudad! Pero todavía estoy algo sorprendida...




Un día fui a pasear con una amiga a un centro comercial. Al llegar a casa, descubrí que había perdido un brazalete de oro que me había regalado mi novio. Sentí mucha pena y se me escaparon las lágrimas, pues este regalo tenía un gran valor sentimental. Volví al centro comercial para buscarlo aunque sabía que era inútil. En el cine, estuve arrastrándome por el suelo con el personal (a quienes agradezco por su atención), buscándolo, en vano. Hablé con la limpiadora y ella me aconsejó preguntar al revisor. Le pregunté y me acompañó a la recepción. Allí, nos dijeron que habían encontrado un brazalete de oro y nos mandaron a otra recepción. Mis ojos empezaron a brillar de alegría, las emociones me abrumaban cuando vi mi brazalete. La alegría fue mayor que cuando me hicieron el regalo. ¡Alguien se lo había dado a los revisores! Entiendo que no es lo más importante en la vida, pero aun así...



· Mi marido volvía esa noche de un viaje de negocios. Decidí cocinarle una deliciosa cena. Fui al supermercado y compré los ingredientes. Era invierno, una noche de viernes. La calle estaba oscura y la zona estaba llena de borrachos y gente extraña. Cargaba mis pesadas bolsas, las manos se me congelaban. Un tipo, con pantalones de deporte y una gorra que cubría sus ojos, me dijo, con voz ronca: “Deme las bolsas“. Lo primero que pensé: me están robando. Confusa y con voz temblorosa dije : ”No“. El hombre se mostró aún más amenazante: “Guárdate eso para tu hombre”. Y con estas palabras tomó las bolsas con sus manos. ”¿En dónde vives? ¿A dónde te las llevo?“. ”Ahí“, apunté con mi dedo congelado en dirección a casa. En silencio, él llevó las bolsas hasta la entrada. Las puso en la puerta: “A partir de aquí, las llevas tú”. Y se fue. Este buen hombre rompió el patrón, quebró el estereotipo. ¡Entre los jóvenes de extraña apariencia también existen hombres educados!



5 comentarios - 11 Historias reales para no pensar mal de los demás

Blackwizardll
Me gustó tu estilo, fue difícil denunciarte