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Los monos que rompieron un récord por estar en el espacio







El mono en el espacio que puso en ridículo a la Unión Soviética
Se cumplen 30 años de un episodio olvidado y absurdo que contribuyó a cambiar la mirada del mundo occidental sobre la eficiencia disciplinada de la URSS.


NASA

Yerosha y Dryoma, antes de partir al espacio.

Es el más olvidado de los eventos que transformaron la mirada occidental sobre la Unión Soviética a fines de los 80, cuando el gigante comunista empezaba a derrumbarse. También el más desproporcionado: hace 30 años, un pequeño mono en una sonda espacial, con cierta dosis de libertad, se las arregló para poner en ridículo a la gran potencia.

Para octubre de 1987, la Unión Soviética era un gigante con pies de barro que se encaminaba al derrumbe. La Guerra Fría, a instancias de la glasnost (transparencia) y la perestroika (reestructuración), se había entibiado. Y la imagen de burocracia férrea e implacable comenzaba a transformarse en una mueca grotesca.
La carrera espacial ya se había alterado también y la competencia hostil de la década del 60 había dejado lugar a un espacio colaborativo con Estados Unidos y el resto de Europa. Un trabajo a varias bandas. En ese contexto, la URSS lanzó al espacio el Cosmos 1887.

Se trataba de una sonda experimental con animales e insectos. Con ellos iban a hacerse decenas de experimentos en dos grandes grupos: estudio de los efectos de la radiación e impacto de la falta de gravedad en organismos biológicos.

Uno de los animalitos era un mono, del tipo Rhesus y con cuatro años recién cumplidos. Se llamaba Yerosha, que en ruso significa “problemático” o “buscapleitos”. Todo un detalle.

Junto a Yerosha había otro mono, llamado Dryoma, algo mayor. También una decena de ratas, moscas de la fruta, saltamontes, cucarachas, peces, alguna salamandra asiática y hasta trigo.

La sonda con el bicherío fue lanzada el 29 de septiembre del 87 mediante un cohete Soyuz desde el cosmódromo de Plesetsk. Si bien la Unión Soviética puso los “fierros” para la operación, en verdad era un trabajo en conjunto con la NASA, la Agencia Espacial Europea y otros países de la esfera comunista. Si algo salía mal, no había forma de que la Unión Soviética pudiese ocultarlo. Y algo salió mal.

Yerosha ya había dado señales de un carácter complicado cuando al momento del despegue sus pulsaciones se aceleraron a 200 por minuto. Y una vez en órbita los científicos descubrieron que no le estaba llegando suficiente alimento por el tubo de dosificación, así que a distancia los científicos lo compensaron aumentando la dosis de jugo de frutas. El problema se desató al quinto día. Se desató literalmente.

Por motivos nunca aclarados del todo, Yerosha liberó su brazo izquierdo. Y empezó a jugar con lo que tenía a su alcance, seguramente maravillado con las posibilidades de los botones brillantes a su alrededor. De los miles de problemas potenciales en una misión así, con piezas de tecnología delicadas y complicadas ecuaciones matemáticas, el que se había materializado era muy simple: alguien había ajustado mal la correa de un mono.
comunista



Después de liberar el brazo, y ante la mirada atónita de cientos de científicos en la Tierra, Yerosha le sacó la placa de identificación al gorro con electrodos que tenía puesto. Intentó liberar el brazo derecho. Y siguió jugando con los botones.
Radio Moscú mostró parquedad para enfrentar el papelón consumado: “Se ha creado una situación compleja a bordo del biosatélite. Los científicos están observando atentamente”. Los científicos soviéticos armaron una réplica de la sonda en tierra, con un mono similar al que también le liberaron el brazo, para tratar de prever qué tanto daño podía hacerle Yerosha a la que orbitaba.

Mientras la noticia recorría el mundo, desde la NASA y otros centros espaciales evaluaban el impacto en los experimentos propios. Por suerte, Yerosha y su brazo libre estaban lo suficientemente compartimentados como para no afectar demasiado lo demás. La agencia soviética Tass intentaba transmitir tranquilidad: “En el resto del cumplimiento del programa no ha tenido lugar ninguna excentricidad”.
Más allá de los problemas, tanto Yerosha como su compañero Dryoma batieron el récord de permanencia en el espacio para un primate.

La mayor alteración para los planes originales fue el punto de descenso de la cápsula, el 12 de octubre, hace hoy 30 años. Debía aterrizar en Kazajistán, como era habitual en la rutina espacial soviética, pero descendió a cientos de kilómetros, en Mirni, Siberia. La agencia oficial TASS, en una decisión inusual, no informó sobre el estado de los animales.

Dos días después del final para la vergonzante aventura de Yerosha, el 14 de octubre, cuando se apagaba el papelón, estallaba la primera huelga en una fábrica soviética. Del drama a la comedia, y de vuelta al drama, la desintegración de un gigante daba para todo.


3 comentarios - Los monos que rompieron un récord por estar en el espacio

elvictima99
tanto que la gente alguna vez se escandalizó con los experimentos de los nazis y estos experimentando a los ojos del mundo , todo es lo mismo