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Yo no estoy en ninguna guerra

Los “anti-K” resultaron fáciles de convencer, con un par de medios como TN, los montaron en un odio fanático que no reconoce duda alguna, como si los que los "informan" fueran infalibles, y no periodistas amarillos, como son en la mayoría de los casos acá. Las personas normales, cuando creen que alguien es una mala persona, dudan un poco siquiera, cuando ven que alguien cercano o respetable los trata como si no lo fueran. Pero acá, actores "amados", hasta que se mostraron kirchneristas, como Pablo Echarri, o conductores con la mayor audiencia, cuando le hablaron o la trataron a CFK, como Tinelli, no sólo no hicieron dudar del odio, a los anti-kirchnerismo, sino que pasaron de la noche a la mañana a ser despreciados por estos, incluso sin dejar de verlos, en algunos casos, pero ya no como antes, sino como si hubieran confesado un crimen aberrante. La lógica psicópata de estos fanáticos es que no podés ni escribir la letra K sin volverte un cómplice de todas las formas de corrupción imaginables. Y no pasa sólo con los "famosos", sino que nos ha pasado a todos cruzarnos con esta forma de secta, desde que aparecieron.
Es una locura increíble para contársela a alguien de afuera, un país en el que la gente, sin mucho fundamento concreto de nada, porque la mayoría de los anti-kirchnerismo, no conocen una sola de las causas por corrupción en concreto, y lo vemos todo el tiempo, en todas las redes, en la calle, en los comercios, en cada encuentro con esta moda de la clase media. Porque asumen como ciento por ciento cierto, lo que les muestra la Justicia Argentina, si es contra ese gobierno, a pesar de ser una de las más “sospechadas y turbias”. Porque reclaman la anulación total de todo contacto con los integrantes de ese gobierno, a los que no se los puede ni entrevistar, como no piden con ninguno de los delincuentes que llenan las crónicas del periodismo policial que tanto los entretiene. Porque llegan a exagerar el efecto de su acción a límites irracionales, como la afirmación de que "se hubieran robado la totalidad de las cosas que existen”.
Como si fuera una guerra, con una facción del periodismo diciendo que hacen periodismo de trinchera, en un país que tuvo una verdadera guerra en 1982, y la gente mostrando una violencia en su odio a ese gobierno que supera toda lógica, y más parecido a una forma de la discriminación, que a un reclamo de justicia sobre la corrupción de un gobierno.
Los que estamos afuera de esta locura, y sólo podemos mirar espantados desde afuera a estos imbéciles exacerbados, sólo podemos tratar de recordar una cosa, que nosotros no estamos en ninguna guerra, no hay ninguna guerra, más que en sus cabezas enfermas de fanatismo.


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