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El Extraño Cuadro

El extraño cuadro



Es la noche que más recuerdo, una noche diferente, asombrosa. Un jueves de 1998 viajé a Londres para ir a una fiesta de un pariente lejano. Fue hermosa, por cierto. Partí de regreso cerca del mediodía siguiente para abordar el avión. Caminaba por la vereda lentamente cuando, de pronto, encontré una casa artística que tenía muchos cuadros. Entre ellos, un hombre sonriendo, el vendedor. Pero unos ojos violetas provenientes de un cuadro me cautivaron tanto que no me fijé, en un primer momento, en el hombre que me miraba atentamente. El caballero estaba apoyado contra el mostrador, con una sonrisa reluciente y graciosa, con una camisa azul a cuadros y un pantalón de modal rojo. Haciendo muecas con su bigote, me hizo señas para que pasara. Lo primero que hice fue preguntar el precio.

-Sale cuarenta libras, es una oferta sólo para usted.

-Ah… Gracias, a ver… -dije, fijándome en la billetera, que sólo tenía poco más de cincuenta libras-. Bueno, quisiera ése- me decidí, señalando el de la extraña mujer-. Por favor.




El señor, amablemente, tomó el cuadro y lo guardó en una caja de cartón. Le pagué y me fui.

El viaje me había dejado exhausto. Al entrar a mi casa, un aroma a madera invadió mis pulmones. Joaquín, mi perro, vino a saludarme y a oler la caja de cartón. En ese momento, la apoyé contra mi banco de la cocina. Me dirigí hacia mi cuarto, donde primero me cambié y luego me recosté a ver la televisión, pero me sentía bastante solo, así que bajé y le abrí la puerta a Joaquín. Subí, pero aún estaba muy triste, así que tomé el cuadro y lo colgué frente a mi cama…

Al día siguiente, me levanté con un fuerte dolor de cabeza, estaba caído en el piso. No recordaba nada de la noche anterior, sólo sus ojos mirándome, llamándome. Decidí saber quién era esa modelo del cuadro. Me comuniqué con el vendedor de la tienda y supe que se llamaba Josefina Larralde, vaya hermosura.

Llegada la noche, me acosté, sentí una especie de murmullo. No sabía bien su origen, pero sólo oía partes de frases que me asustaron mucho. Seguro estaba delirando… pensé.

-A mí…mí…entra…esperándote-. De pronto, escuché mi nombre en ese murmullo-. Sí…Juan Manzana…Ven conmigo…Acércate…Ven, entra al cuadro…-. Sentí un golpe seco en la nuca y me desmayé.

Creo que allí permanecí durante la noche. A la mañana siguiente, me levanté y me vestí para salir rumbo a la casa de mi ex esposa, Juana Bernasconi. Cuando llegué, el calor del hogar me tranquilizó y su sonrisa, también. Enseguida, me invitó a comer unas tostadas y un rico té con leche, como lo preparaba cuando era mi esposa.

Recuerdo todavía esos tiempos, tiempos fáciles y felices. Nos habíamos casado en 1993, pero eso ya era harina de otro costal. Le conté todo los detalles sobre el cuadro, hasta el murmullo y el desmayo. Me ayudó mucho haber hablado con ella, ya que nadie me escuchaba. Me desahogué; ella me invitó a dormir en su casa, y yo, feliz. Pasé la noche con ella, y no me ocurrió nada de lo que me había sucedido las noches anteriores.

La tarde siguiente llegué a mi casa, después de haber merendado unas galletitas de limón. Cuando cayó la noche, me cambié y vi a la mujer del cuadro, en posición distinta… Estaba llorando. Pensé que yo tendría fiebre. Me acerqué y no se movió. Pero al otro día, al levantarme, ella estaba en la misma posición inicial. Estos hechos ocurrieron semana tras semana, mes tras mes, hasta que un día me cansé del miedo, tomé el cuadro y una mano salió de él.

-¡Ah! ¡Auxilio!-grité desesperado.

La mujer me había agarrado y metido en el cuadro para hacerme algo, seguramente espantoso, creí en ese momento.

Ahora me encuentro aquí, dentro del cuadro, con mi esposa “Joss” y mis dos hijos, Luciano y Juan. Llevo una maravillosa vida con mi hermosa familia. Después de todo, Josefina, sí estaba esperándome.


Catacacha

Historias cortas para Taringa!


dizfrutadlo...¡¡¡

6 comentarios - El Extraño Cuadro

cachitovaca
si yo entre a otro post que se llama "Taringueros, es posible esto? NFU con 3 puntos?"