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El diario de Victor Frankenstein

El diario de Victor Frankenstein





Mi nombre es Víctor Frankenstein, casi todo el mundo me conoce gracias a cierta obra literaria; pero lo que pocos conocen es que al comienzo del siglo XXI, todavía estoy vivo; muy vivo. 




rayos


En mi juventud decidí estudiar los orígenes de la vida, el porqué del funcionamiento de los seres vivos, la esencia que mueve a la materia a convertirse en un ente animado y consciente.

Dediqué todas las fuerzas y entusiasmo de la juventud, junto con la fortuna de mi padre, al descubrimiento de los secretos de la creación.




Mi final fue incierto y la gente piensa que morí perdido, solo y arrepentido, yaciendo en la tundra helada o atrapado entre los hielos como justo castigo por mis pecados; pero no fue así: sobreviví a todo ello.



 

Me he dedicado a crear nuevas criaturas cada vez más perfectas. 

Hoy la tecnología que la humanidad desarrolló durante todo este tiempo, me ha ayudado mucho en mis trabajos; ya no tengo necesidad de conjurar los rayos producidos por terribles tormentas para activar mis aparatos, mi laboratorio ya no necesita ocupar el torreón de un tétrico castillo medieval.

Ahora todo es más simple, muchísimo más simple. Mi equipo se alimenta con baterías de litio y cabe completo en un maletín.
La conexión a través de Internet realizada con la tecnología más avanzada vía satélite, me permite acceder a los datos de mi laboratorio secreto desde cualquier punto del planeta, y todo ello simplemente utilizando un ordenador portátil. 
  
¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué maravilloso era sentir erizárseme los cabellos, con los rayos fluyendo a mi alrededor, mientras mi criatura, estremecida por miles de voltios que recorrían su cuerpo torturado, se sacudía en espasmos incontrolados cuando la milagrosa electricidad le infundía nueva vida!  


   Como efecto colateral a mis estudios de creación y reanimación, encontré la forma de alargar la vida, mi vida especialmente. Al principio experimenté con mi querido ayudante Igor. Pobrecillo, ¡cuánto sufrió por sus deformaciones congénitas! 


Hoy a mi querido Igor nadie lo reconocería, nadie imagina que ese robusto actor austríaco que ha llegado a Gobernador en el país más poderoso y odiado por muchos del del planeta, fuera hace dos siglos un jorobado contrahecho con menos luces que un cementerio a medianoche. Físicamente lo reparé y perfeccioné, le alargué la vida de forma inhumana, pero la inteligencia es un don divino y no estaba en mi mano ayudarle. Sólo gracias al culto al cuerpo que se practica este último siglo, ha conseguido hacer realidad su sueño. ¡Mi querido y cándido Igor, ni siquiera ha podido quitarse el horrible acento de su aldea natal

Planeta


No es necesario decir que vivir tanto tiempo tiene sus ventajas. Cuando volví de la búsqueda de mi primera criatura, allá por el año 1814,  en el verano de 1816, entramos en el círculo de amigos que se reunía en la mansión de Lord Byron. En aquel magnífico caserón le relaté a Mary mis estudios, mis experimentos, mis inquietudes y anhelos. Fascinada, me animó a continuar mi trabajo y más tarde incluso me ayudó en mis nuevos experimentos.


Juntos creamos los hijos que nos negó la naturaleza. Durante mucho tiempo fui muy feliz... hasta que en 1851 mi amada Mary murió, siendo completamente inútiles todos mis conocimientos para evitarlo. 




humanidad







Luego, durante varias décadas, vagué por distintas partes del mundo, estudiando, realizando nuevos experimentos. De vez en cuando alguna de mis criaturas conseguía abrirse paso en la sociedad con éxito. No fueron pocos los que llegaron a destacar y marcaron hilos en la historia. 

Emigré donde tenía más posibilidades de continuar mis estudios: en América, el país de las oportunidades, como a ellos le gusta llamarlo. Para mí al menos sí que lo ha sido, aquí el dinero lo puede todo y yo, modestamente, tengo de sobra.  

   
En el nuevo mundo me instalé en la soleada California, tan diferente de mi tierra natal, allá en Europa. Fruto de la influencia de aquellas cálidas tierras, elaboré una nueva criatura a la que llamé Marilyn. ¡
Qué bella era, casi tanto como mi querida Mary! Físicamente perfecta, triunfó en el cine y todavía hoy se la recuerda, se la imita e idolatra. Pero de nuevo la inteligencia brilló por su ausencia en mi creación, lo que generó algunos problemas. Más tarde, un pequeño defecto en su bello organismo la llevó a un colapso fatal y a la muerte.  


   Después de aquel fracaso, centré mis estudios y experimentos en desarrollar los aspectos de mi trabajo que nunca habían fallado en mis creaciones y reunirlos en una nueva criatura.

Hube de sortear algún que otro tropiezo con la CIA y el FBI, por lo que decidí colocar como directores de dichas agencias a algunos de mis más mediocres, aunque adorables, hijos. 



Todo este preámbulo me lleva a hablar de mi última creación, mi hijo más querido, el que más satisfacciones me ha dado hasta ahora; la obra maestra de mi vida.

Es la criatura en la que he reunido todos los conocimientos, adquiridos a lo largo de dos siglos de investigación y trabajo, alcanzando la perfección que he buscado siempre. Es el más apto para la supervivencia. 

estados

No es bello. No tiene gran fuerza física. Carece por completo de inteligencia, pero como mi llorado Adolfo, tiene una gran ambición. Lo bauticé "George" y, tras algunos ajustes, llegó a lo más alto. Sin ir más lejos, a finalizando ya su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos.





unidos

2 comentarios - El diario de Victor Frankenstein

elichapincha -1
pero el bicho ese ni sabia hablar como va a escribir un diario
snakesnake77
¿Tu confundes a Victor Frankestein con su creación?