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Teoría del Doctor Mcpherson. Parte 1/3 historia de terror


link: https://www.youtube.com/watch?v=6jW67L8N8XY&t=4s

La siguiente historia aquí narrada y titulada: La teoría del Doctor Mcpherson fue escrita por H. E. Perez y Narrada por Territorio Creppy.

Desde joven me hice muy cercano al doctor Hoffmann. Recuerdo que él era jefe del Departamento de Pabellón y Maternidad del Hospital “X”. Lo conocí cuando había terminado mis estudios académicos en medicina y me encontraba realizando mi práctica profesional en dicho recinto hospitalario.



Hoffmann – cuyo verdadero nombre mantendré en absoluta reserva por razones que considerarán obvias al finalizar la lectura – contaba en esa época con cincuenta y cinco años, y poseía vasta experiencia en el ámbito de la medicina. Además, en su trayectoria como médico, recibió varios reconocimientos por su trabajo, tanto a nivel interno como internacional. La publicación de importantes libros de neonatología resultó ser una fuente inspiradora inagotable para muchos de sus colegas alrededor del orbe. Era un orgullo para el sanatorio contar con él entre sus filas, y aquello era mérito suficiente para que Hoffmann, en un futuro no muy lejano, asumiera las directrices del recinto.



Cuando el galeno W. Rice falleció de una cardiopatía pulmonar, en 1830, Hoffmann fue elegido como Director General del recinto hospitalario.



Tras el pesar provocado por aquella inesperada muerte, Hoffmann debió asumir rápidamente sus nuevas funciones al mando del sanatorio. Para ello contrató a un experto y célebre neonatólogo – y amigo personal como me enteré con posterioridad – para que se encargara del puesto que Hoffmann había dejado vacante.



El doctor Mcpherson – también me reservaré su verdadera identidad – era un excelente profesional, con tantos galardones como Hoffmann, y recibió de muy buena gana el puesto que su amigo le había legado.



Mcpherson era un tipo muy delgado, de cara enjuta, nariz aguileña y tez blanca, no medía más de un metro y setenta centímetros. Su cabello no era muy dócil – sus colegas lo apodaron “peluca de clavos” -, y usaba un gran mostacho para ocultar su dentadura imperfecta. A pesar de sus defectos anatómicos, Mcpherson era un excéntrico muy capacitado no sólo en medicina, sino también en física, química, astronomía y algunas otras actividades que él llamaba extrasensoriales.



Aprovechando sus conocimientos y creatividad innatos, Mcpherson creó una máquina que, según él, pues aún no tenía la chance de ocupar su nueva herramienta, por medio de pequeñas descargas eléctricas a través de membranas dirigidas al cerebro del individuo, podía proyectar en un monitor los sueños de los seres humanos.



Si bien este invento no era una idea original de Mcpherson, pues tiempo atrás ya varios científicos intentaron adentrarse en este terreno, él proponía algo distinto, ya que pensaba ocupar su instrumento no en adultos, sino que su objeto de estudio serían niños recién nacidos.



Para ello Mcpherson tenía una hipótesis: planteaba – y con mucha razón – que los humanos representamos en los sueños una imagen real y familiar entremezclada con alucinaciones establecidas por diversos elementos externos que afectan de buena o mala forma en la psiquis y en el cuerpo de la persona. Por ejemplo, un niño de doce años al dormir puede soñar con una cancha de fútbol en la cual se desarrolla un alegre encuentro deportivo. Esa sería su imagen real y familiar. Mientras tanto continúa el partido, el soñador da un gran salto y vuela sobre sus adversarios y anota un golazo que lo hace sudar y lo deja sediento. Esto último puede asociarse a que al infante le maravilla el vuelo de los pájaros o de los aviones, mientras que el excesivo sudor y sed provocados podrían deberse a que su cama tiene demasiadas cobijas. Estos serán los factores externos que afectan su representación real. ¿Pero qué sucede con un neonato, si éste lo único que conoce es la vida al interior del vientre materno? Esa pregunta se la había planteado Mcpherson a Hoffmann hace algunos años atrás, y llamó tanto la curiosidad de éste último que apenas tuvieron la chance llevaron a cabo el experimento.

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