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Relacion Matrimonial (Casados y Felices)

Casados... ¡y felices!


Por Sixto Porras

Estar casados es una invitación a algo mucho más profundo que simplemente convivir juntos en una misma casa.

Llegamos al altar colmados de ilusiones y con fuertes deseos de que esa vida en pareja que iniciamos resulte espléndidamente bien. Sin embargo, los que adquieren ese compromiso emprenden esa aventura en un mundo que ya no cree en el matrimonio.

El matrimonio hoy enfrenta la amenaza de los conceptos mal formados y tergiversados que nuestra cultura formula acerca de él. Esos conceptos se expresan en frases como estas: «si no da resultado, podemos separarnos», «te prometo que estaremos juntos siempre... mientras siga enamorado», «lo lamento, pero ya no te quiero y por eso, esto debe terminar». Afirmaciones como estas ¡destruyen las relaciones! Incluso, ahora, se nos “vende” una nueva versión del matrimonio, la cual ofrece un contrato con cláusula de ruptura: «Si nos separamos, deberás pagarme una indemnización y devolverme mis bienes». ¡Qué error! El matrimonio es una relación que nació para que dure para siempre. No quiero que se confunda con lo que he afirmado. El amor no es algo que simplemente ocurre. El amor lleva de la mano el compromiso.

El amor es el resultado de una decisión que se sostiene a través del tiempo por un compromiso asumido. El amor deberá prevalecer sobre las muchas aguas tumultuosas y sobreponerse a los muchos desánimos. Durante el noviazgo el amor es completamente espontáneo y automático. Más bien es necesario andar con el «freno de mano», pues los muchachos lo quieren experimentar todo. En el matrimonio, sin embargo, el amor necesita ser cultivado, protegido y aun deseado. Es el fruto de un proceso deliberado de ejercitación diaria que lo mantiene vigoroso y hermoso.

Ahora bien, hay tres ingredientes que son muy importantes para un matrimonio que perdura y crece a lo largo de los años: la amistad, el compromiso y la comunicación.


Primer ingrediente: amistad.


En un estudio publicado se entrevistó a centenares de parejas que han tenido matrimonios consolidados. A cada uno se les preguntó cuáles consideraban ellos que eran las bases del éxito de su matrimonio. De los treinta y nueve elementos que identificaron, la gran mayoría ubicó en el primer lugar la amistad. Algunas de las frases que se escucharon una y otra vez fueron: «mi cónyuge es mi mejor amigo»; «me encanta mi pareja como persona». ¿Puede usted afirmar que ocurre lo mismo en su propio matrimonio? ¿Es su cónyuge su mejor amigo? ¿Le ha permitido usted llegar hasta su corazón? ¿Se muestra usted amigo con su pareja?

La amistad se desarrolla a partir de la confianza que crece en medio del respeto mutuo, el tiempo compartido y el deseo sincero de estar juntos. Un amigo es alguien con quien usted se siente bien, cuya compañía disfruta. Pueden trabajar y jugar juntos. Es aquella persona en quien sin reservas deposita su confianza. Es también un confidente. Y alguien a quien respeta y lo respeta a usted.

¿Cómo crecer en la experiencia de ser amigos? Le ofrezco algunos consejos prácticos:

1. Memorias compartidas
Una de las maneras en que crece la amistad es recordar periódicamente aquellos momentos especiales que marcaron sus vidas cuando eran sólo amigos. Recuerden juntos las situaciones que vivieron cuando empezaban a conocerse. ¿Qué convertía en especial esos encuentros? ¿Qué producía la magia en el ambiente cuando hablaban y no querían que esa tertulia llegara a su fin? ¿Qué ocurría en medio de ustedes? ¿Acaso no era la confianza que crecía porque el otro lo escuchaba sin recriminar, ni acusar, ni señalar? Lo vivido en esos tiempos nos dará importantes pistas para entender los fundamentos que sostienen particularmente nuestra amistad.


2. Detalles cultivados
Préstenle atención a los detalles como las salidas en pareja, las sorpresas, las experiencias que, aun siendo pequeñas, aportan una cuota considerable a la riqueza que comparten juntos en su matrimonio. La intención detrás de estos detalles es lo que verdaderamente proporciona gozo a nuestra pareja.


3. Admiración expresada
Si busca ver crecer la amistad entre ustedes, nunca pierda la capacidad de admirar a su pareja. Con el tiempo, inevitablemente los cambios llegarán a sus vidas, sin embargo, la admiración crece porque la aceptación resulta cada vez más fuerte. Deja de ser importante lo superficial, lo externo, para que sea importante lo que está en lo profundo, lo auténtico y que trasciende a la eternidad. Jamás se permita dejar de admirar a su pareja.

4. Intereses compartidos
Los amigos también comparten intereses comunes. Poseen un alto sentido de cooperación mutua. No se trata de que uno de los dos sirva al que permanece sentado en espera de recibir. En esta sociedad llamada matrimonio a nadie se le ha dado el rol exclusivo de servir. Los dos nos servimos mutuamente, nos cuidamos y nos ayudamos en todo. La amistad no consiste solamente en conversaciones intensas. Es creer que podemos aceptarnos, compartir intereses, desarrollar proyectos juntos y también valorar los proyectos personales del otro. En una verdadera amistad el uno no anula al otro. Esta es la clase de amistad que hace que el matrimonio persista a través del tiempo. Amistad es asumir el compromiso de aportar para la felicidad del cónyuge, sin perder las características particulares de nuestra identidad y la propia valoración. Dar no es anularse. Es sinónimo de identificación, aprecio, comprensión y valoración. Unidad no significa que ella o él debe renunciar a sus proyectos para construir sólo los míos. Significa que nos unimos y seguimos manteniendo nuestra individualidad, personalidad y valoración. El pacto de amor que hemos asumido me permite ahora afirmar que lo de mi cónyuge es importante. De hecho, mi compromiso es esforzarme para que sus sueños y deseos se cumplan.

La amistad y el amor promueven la individualidad. No se relaciona en nada a uniformarnos, ni a obligar al otro a que abandone lo que piensa. La amistad abre la puerta para que cada uno deje participar a su cónyuge de sus intereses. Esto obliga a guardar el equilibro entre la unión y la individualidad. En cuanto uno de los dos deja de ser la persona que es, la muerte del matrimonio se aproxima. Por esto, el matrimonio que realmente perdura genera el espacio para que cada uno continúe siendo quien es. El amor no anula las costumbres ni las individualidades, sino que acepta a la otra persona tal como es.


5. Sacrificio practicado
El amor sin el sacrificio y la negación, cuya consistencia se limita a las palabras, es pura espuma. El legítimo amor sufre. Espera a la persona que va más lento, acepta a la otra, sin obligarla a ser como yo soy lo que también implica cierta cuota de sufrimiento. El verdadero amor, el que dura, es generoso, respetuoso, dedicado y comprensivo.

Segundo ingrediente: compromiso.


El amor es un compromiso incondicional en el que dos personas concuerdan. Comprometerse entraña la disposición de cumplir lo pactado. A diferencia de un contrato, el pacto se fundamenta en la libre voluntad de los que adquieren la obligación. Esta relación no puede apoyarse en las emociones, porque fluctúan y dependen de las circunstancias. En algunas ocasiones pueden ser muy intensas y muy débiles en otras.
En medio de las diferencias y los desacuerdos, sin embargo, las emociones se tornan frías. Algunos sostienen: «cuando desaparece el amor, todo termina». El amor, no obstante, no termina cuando las emociones se mueren, porque las emociones engañan. Necesitamos aprender a leer correctamente nuestras emociones.

En algunos momentos, en nuestro matrimonio, aflorarán en nosotros sentimientos extraños y desagradables; incluso, en ocasiones, desearemos salir corriendo. ¡No le haga caso a esas sensaciones! El amor legítimo prevalece en medio de las emociones que suben y bajan. Y cuando usted se da la oportunidad de pasar, sin ahogarse, por el río turbulento de las emociones encontrará, al otro lado, las sensaciones más preciosas, fruto de entender que el amor es una decisión que se mantiene a través del tiempo basada en el compromiso.

El compromiso es una promesa o voto que confiere obligación. De esta verdad surgen los dichos como «quien se casa se pone la soga al cuello». Matrimonio, no obstante, no es yugo, porque la obligación de esta promesa no es por imposición sino por voluntad propia. La obligación del matrimonio no representa pérdida de libertad. El compromiso le otorga valor a la palabra que empeñé. Es un voto que se traslada a la conducta y que debe prevalecer sobre toda diferencia, dificultad y adversidad. Es precisamente en el ejercicio de mi libertad que decido amar cada día. ¡Nadie está condenado a amar! Cada uno elije amar todos los días. Usted no es fiel porque está casado. Usted es fiel porque ha empeñado su palabra, porque es libre para decidir.

Cuando engaño, no engaño a otro sino a mí mismo. La conciencia no incomoda a otra persona, sino a su dueño. Asimismo, cuando soy fiel, lo soy para conmigo mismo, y lo decido así porque soy libre. La persona que pierde la libertad pierde la capacidad de amar. El día que usted se sienta obligado a amar porque porta un anillo, pierde su libertad. Usted se obliga porque es libre, porque un día dio su palabra y eso exige compromiso. Si usted capta la esencia de este concepto usted será capaz de amar intensamente.

Comprometerse es la disposición de seguir adelante a pesar de las decepciones y las fallas. Descubrimos que el amor prevalece sobre las diferencias, las desilusiones y aun sobre los cambios físicos. El compromiso acepta al otro tal cual es, pues prevalece aun sobre el paso del tiempo. Comprometerse es más que soportar. Es aceptar a la persona con sus costumbres, defectos y metas.

Cuando yo acepto me permite ser más tolerante y me resulta más fácil vivir una vida de compromiso. ¿Quiere observar cambios en la otra persona? Acéptela, admírela y concéntrese en sus fortalezas en lugar de estar destacando las cualidades que no ve en ella. Exprese con palabras los aspectos bellos que identifican su carácter, aquellos que cautivaron su corazón la primera vez que se conocieron. Comprometerse es aferrarse a la convicción de que nuestra relación crecerá en las buenas y en las malas, en riqueza o en pobreza, en salud o en enfermedad. El miedo a que nos dejen es uno de los más intensos y es por eso que la vida matrimonial representa para nosotros un desafío permanente. Solo la podrán superar aquellos que verdaderamente se sienten libres. El compromiso facilita que la relación se afirme y otorga libertad para ser uno mismo. Crea el espacio necesario para expresar, sin miedo, los sentimientos y pensamientos más escondidos en nuestros corazones.

El tercer ingrediente: comunicación.


La comunicación es más que el deseo de hablar y escuchar; debe incluir la disposición de lograr objetivos y metas comunes.

En el matrimonio debemos buscar palabras positivas, abundantes, personales, y amorosas. Positivas, porque siempre voy a hablar bien de la persona que amo, en su presencia o ausencia. Abundantes, porque voy a esforzarme en reconocerla con palabras, con miradas y con gestos. Personales, porque existe un código de comunicación en cada pareja que debe pertenecer solo a ellos. Un cruce de miradas, un gesto con una mano, un movimiento de pie. Amorosas, porque estas palabras deben partir de un corazón respetuoso, honesto fiel y perdonador, pues la ira, el enfado, el enojo y el dolor, deben dar paso a la reconciliación y al perdón.

La comunicación también implica un compromiso con la honestidad. Decir siempre la verdad garantiza relaciones sólidas, inspira confianza y permite un conocimiento profundo de la otra persona. Diga la verdad con gentileza y amabilidad y consideración. Comuníquese cuando se sienta triste, no comprendido o cansado. Surgen momentos en los que guardar silencio simplemente se presta para la confusión. Comparta sus temores. Cuando comparto mis miedos estoy más cerca de la persona que amo. Comparta sus frustraciones, las que vienen cuando no entendemos lo que nos ocurre. Converse con su cónyuge, ella puede ayudarlo a sobrellevar la carga. Abra su corazón ante la otra persona y sea sincero en sus palabras. Escuche sin juzgar y criticar aun cuando no está de acuerdo. Escuchar y pensar antes de hablar, es un gesto de consideración que determina madurez, respeto y valoración.

Establecer un buen fundamento para el matrimonio es necesario para alcanzar y mantener el éxito del mismo. Si usted guarda asuntos sin resolver, resuélvalos. Si no ha logrado perdonar, perdone. Si necesita replantear la construcción de su matrimonio, empiece a partir de saberse una persona capaz de sostener en el tiempo la palabra que un día empeñó. ¡Qué hermoso poder confesar que, con el paso del tiempo, este amor creció y está más vivo que nunca!

Si lo hemos cultivado y protegido, trabajando por ser amigos y compañeros, el amor será cada día más intenso y deleitoso. Este tipo de amor nunca deja de ser.

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