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El Origen Del Pensamiento Positivo Creativo II Parte

Bien, ya has aprendido que el origen del pensamiento positivo creativo está en ti. Y que la realidad es creada en tu interior por el pensamiento. Y el mundo real, exterior, solo es un reflejo de todo cuanto acontece en tu conciencia.

Tu poder interno no tiene que ver con el dinero que ganas, con la educación que has recibido, con tu cerebro o con tu físico. Todo ello no es más que el espejo que muestra tu realidad interna: tus creencias y pensamientos. Y la mente subconsciente enlaza esas creencias con tu comportamiento.

La frontera de hasta donde puedes hacer, es la frontera de lo que eres. Y eres lo que tu pensamiento dice que eres. Eres lo que crees ser: la creencia, el pensamiento creativo de lo que eres. El límite lo marca tu convencimiento, no las circunstancias. Exclusivamente tú tienes el poder de crear tu realidad.

En la mayor parte de nuestras actividades quien toma el control es el subconsciente. Todos tus miedos, tus limitaciones, todos los fallos en tu sistema de creencias los son porque tu subconsciente los aceptó en su momento. Una serie de procesos y mecanismos hizo que se manifestasen de tal manera.

Pero vayamos por partes, cualquier acto que realizas empieza en el pensamiento positivo creativo. Para hablar, para comer con cubiertos o para hacer el ridículo imitando una rana a las cuatro de la mañana (ah, ¿Tú también?). Pero, ¿Realmente piensas c-a-d-a l-e-t-r-a d-e c-a-d-a p-a-l-a-b-r-a c-u-a-n-d-o h-a-b-l-a-s? En verdad, convendrás conmigo que no es tu mente consciente la que realiza esa función.

Sin embargo, el proceso para alcanzar una meta empieza en la mente objetiva, consciente. Vas colocando ideas, información, en tu cerebro. Vas aprendiendo los detalles, el como, una y otra vez. Repitiendo los mecanismos. Lo has hecho siempre, desde la infancia, para aprender a caminar o darte de leches con el triciclo. Algunos con más éxito, mira sino en Inglaterra que desde pequeños ya saben hablar en inglés, no como nosotros. Que burros somos..

Y ese deseo se va convirtiendo en convicción. Esa forma de actuar va impregnando tu ser. El tiempo, la repetición y la constancia van impactando el subconsciente. Van entrando en cada tejido, en cada célula de tu cuerpo. Van ensamblando el pensamiento positivo creativo con los actos. Y ambos se van fundiendo en la actitud. Lentamente van formando parte de ti.

Y toda esa información, filtrada desde el plexo solar pasando por el nervio vago, el sistema nervioso involuntario, va regresando al cerebro. Va retroalimentándose. Y en él, va creando conexiones neuronales relacionadas con el objetivo. Hasta reforzarlas de modo que, llegado el momento, se activan de modo espontáneo.

Y es entonces cuando eres capaz de conducir un coche con el codo en la ventanilla, mientras hablas con un amigo con el teléfono móvil, explicándole que le has llamado para decirle que estás en el coche y no puedes hablar, y que le volverás a llamar más tarde. Que sí, que lo haces. Y hasta hay gente que, milagros del subconsciente, consigue hurgarse las narices mientras tanto. Yo lo he visto, no es por hacerme el importante, palabrita del niño Jesús.

Pero para que el subconsciente tome el mando y realice cualquier acción, debe convertirse en natural. Debe fluir de forma armónica y perfecta. Y para eso debe desbancar a la mente objetiva, al pensamiento consciente. Y este se basa en el razonamiento, en el hemisferio izquierdo del cerebro. Debe, en suma, dejar de subordinarse a la información, al conocimiento adquirido.

Habrás oído la frase de que debes aprender para luego poder desaprender. Eso es exactamente lo que ocurre cuando la mente subconsciente activa sus mecanismos. Cuando empiezas a fluir libremente actuando de modo reflejo. Cuando dejas de pensar en cada detalle y simplemente los realizas. Cuando accionas con naturalidad, inconscientemente. Cuando el pensamiento positivo creativo ha cumplido su misión.

Cuando Miles Davis dejaba correr su creatividad, no pensaba cada nota que tocaba, sencillamente la música fluía de sus emociones a su trompeta. Pero antes tuvo que aprender cada posición de los pistones, cada signo en el pentagrama, cada nombre de los sonidos. Y solo después, cuando los dominó y ya no necesitó pensarlos, pudo traducir sus sentimientos en música.

Solo después puedes dejar de pensar. Y lo haces. Lo haces cuando hablas, cuando caminas, cuando te relacionas, cuando vives. No piensas que vas a poner un pie delante, que vas a doblar la rodilla y alargar tu brazo, y que vas a cerrar los dedos para coger un papel. Sencillamente lo haces. Algo más allá de tu cerebro, de tu mente consciente, lo hace por ti. Tu subconsciente.

Es así en todo cuanto haces y en todo cuanto eres. Porque de igual modo que abres una puerta sin pensar, también crees que eres feliz o desgraciado. Porque tu subconsciente lo asume como real. Porque tus creencias, tu pensamiento, positivo creativo o no, han ido empapando tu ser hasta convertirlo en una verdad. Ya eres tú.

Y si has entendido algo de todo este rollo patatero (“pa que nos vamos a engañar”), ya debes saber que tú no eres tus creencias. Que tus creencias son pensamientos que has asumido como verdaderos y propios. Y que si tus creencias no sirven para los objetivos que deseas, tienes la capacidad de cambiarlas. Tu pensamiento positivo creativo tiene el poder de hacerlo. En tu pensamiento está el poder de crear tu propia realidad.

La mente subconsciente no discute, solo acepta o rechaza. Y acepta aunque los pensamientos o creencias sean equivocados o incorrectos. Y digo incorrectos en el sentido de que no sirvan a tus propósitos. El subconsciente no sabe de eso. Por lo tanto, al detectar una convicción o comportamiento que no se ajuste a lo que deseas, sencillamente cámbialo.

Todo depende de la habilidad que tengas para convencer a tu mente subconsciente de que tus deseos son ciertos. Tu personalidad está fuera de ti. Tu personalidad es el efecto de tu patrón dominante de pensamientos. De lo que ha ido asimilando tu ser a lo largo de la vida. Eres lo que has ido pensando que eres. Y serás lo que ahora decidas ser. Lo que ahora pienses y creas. Eres libre para crear tu futuro si activas el pensamiento positivo creativo.

Utiliza el mismo poder que ha creado la falsa e inútil certidumbre. Utiliza la misma constancia, la misma persistencia, para crear el nuevo hábito. Para visualizar e ir paulatinamente creyendo en la nueva conducta. Hasta que, de la misma manera que forjaste la sensación que no te sirve ni deseas, se moldee y establezca la nueva conducta.

Vivir en plenitud o en amargura es una elección. Te digan lo que te digan. Eres el amo/a de tu pensamiento, de tu realidad, de tu ser y de tu destino. Solo tienes que convencerte y decir “si puedo”. El origen del pensamiento positivo creativo es el inicio del propio conocimiento. O sea, y resumiendo, que a ser buenos o me pongo burro y le pego fuego a todo… positivamente, claro. Claro.

Xavier Arriarán

El Pensamiento Positivo

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