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Crisis de salud mental en adolescentes (Artículo traducido)

Crisis de salud mental en adolescentes: la proporción de la depresión, ha aumentado en los pasados 25 años.
¿Cómo la sociedad se ha manejado para producir una generación de adolescentes en quienes los problemas de salud mental son tan frecuentes?
Artículo original redactado por Geraldine Bedell (@geraldinebedell) el 26 de febrero de 2016, y traducido por Callie Sheridan.
Cabe aclarar que no tengo el mejor estudio en inglés, y no conozco muchos de los términos médicos que aparecen en el texto, por lo cual es muy posible que encuentren errores. Les agradecería muchísimo si por favor me informaran de ellos.

Crisis de salud mental en adolescentes (Artículo traducido)

La proporción de la depresión y ansiedad entre adolescentes ha incrementado un 70% en los pasados 25 años. Ilustración hecha por Matt Murphy.

En su mayoría, las vidas de las personas jóvenes, están mejorando. El hecho de beber, fumar y tomar drogas, está reduciéndose en Reino Unido; los embarazos adolescentes están en su más bajo nivel hace casi medio siglo. A pesar de todo, hay una evidencia creciente de que los adolescentes están en las garras de una crisis de salud mental. Es como si, en lugar de actuar, las personas jóvenes están girando sobre sí mismas.

Las proporciones de depresión y ansiedad entre adolescentes ha incrementado un 70% en los últimos 25 años. El número de niños y personas jóvenes que se presentan en A&E (Accidentes y Emergencias) con una condición psiquiátrica, se ha más que multiplicado desde 2009 y, en los últimos tres años, las admisiones a hospitales para adolescentes con desórdenes alimenticios, se ha casi multiplicado. En una encuesta en 2016 para Parent Zone, 93% de los maestros, reportaron ver incrementadas cifras de enfermedades mentales entre niños y adolescentes, y 90% pensó que las cuestiones se hacían cada vez más severas, con 62% tratando con un problema de salud mental en un alumno, al menos una vez al mes y un adicional del 20% en una semana o incluso diariamente.

Para padres y maestros esto es una dificultad que afrontar: una epidemia de gente joven en desacuerdo con el mundo a su alrededor, es difícilmente un reflejo positivo de la sociedad que hemos creado para ellos.
Cuando la salud mental de las personas jóvenes es discutida, tiende a ser un montón de escritura sobre la falta de ayuda temprana y los largos tiempos de espera para el soporte clínico - el cual es suficientemente justo, porque hasta que el Gobierno anunció nuevos fondos el mes pasado, Child and Adolescent Mental Health Services (CAMHS), recibió menos del 0,6% del total del presupuesto National Health Service. Pero quizá la pregunta más interesante es ¿por qué hay una crisis, en primer lugar?

Con celebridades (Stephen Fry, Ruby Wax, Alastair Campbell) hablando abiertamente sobre sus propias enfermedades mentales, hay mayor conciencia de la que solía haber y correspondientemente menos estigma, haciendo fácil para los adolescentes reconocer sus problemas. Esto indudablemente sesga las cifras (en la medida en que hay cifras: fuimos muy malos en la medición de las enfermedades mentales de las personas jóvenes en el pasado). Pero incluso si aceptas que hay más reportes que hace una década o dos, todos aceptan que algo muy inquietante está sucediendo.
Aquellos quienes se preocupan incluyendo a David Cameron, el Primer Ministro, alguna vez hablaron sobre la salud mental adolescente. El pasado mes, personalmente anunció nuevo dinero y la introducción de tiempos de espera para adolescentes con desórdenes alimenticios. Los duqueses de Cambridge han también hecho la salud mental de los jóvenes, uno de sus mayores intereses. Una encuesta de A Girl Guides' Attitudes, halló que la salud mental era uno de loas preocupaciones más urgentes. El 62% de los encuestados, conocía a una chica de su edad quien había luchado con un problema de salud mental.

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Una enfermedad mental puede sentirse como una condena personal hacia los padres. Es sabido que los niños que son cuidados por sus autoridades locales son particularmente susceptibles y, controversialmente, que hay factores protectivos enlazados a una vida estable en casa. Sin embargo, los niños a menudo se resisten a hablar con sus padres, y los padres son lentos para responder, a pesar del hecho de que una intervención rápida es importante para recuperarse. Pero no hay un punto en los padres que se culpan a sí mismos: la enfermedad mental es causada por una combinación de factores y puede atacar en cualquier lado. Ser de media clase, rico, en una casa de dos padres, amado, querido, y exitoso en la escuela, no es garantía de nada.
Fixers, la caridad que ofrece a los jóvenes la oportunidad de crear campañas en los medio de comunicación, dice que el 69% de los 18,000 jóvenes con quienes han trabajado, querían sensibilizar la salud mental. "Somos un barómetro de la opinión pública joven", dice CEO Margo Horsley, "y la mayoría quiere mostrarle a las personas la difícil realidad de vivir con ansiedad, depresión, auto-lesiones, anorexia, bulimia, diabulimia, dismorfia corporal, desorden de atracones... y la lista sigue". Las historias de algunos jóvenes con los que han trabajado, sugieren que cuando la enfermedad mental ataca, se siente elemental, química, e incomprensible; ellos comúnmente lo comparan con la posesión.
Eso no significa que no debamos consultar si hay algo pasando que tiene que ver con la forma en la que vivimos nuestras vidas. La infelicidad y la depresión están concentradas en sociedades muy desiguales. En su libro The Happiness Industry, William Davies reúne evidencia (incluyendo de Wilkinson y Pickett en The Spirit Level y Carles Muntaner de World Health Organisation) para demostrar que el fuerte materialismo y los valores competitivos, tienden a aumentar los niveles de angustia. Cuando las personas se sienten abofeteadas por fuerzas sobre las cuales no tienen control, argumenta, concluimos que son ellos quienes necesitan corregirse, antes que las fuerzas: "En la larga historia del análisis científico, cuando se habla de las relaciones entre sentimientos subjetivos y circunstancias externas, siempre hay una tendencia a ver el primero como el más cambiante que el último".


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Una investigación hecha por la caridad de salud mental Young Minds, ha encontrado que los exámenes son disparadores significativos para las enfermedades mentales en las personas jóvenes.
Bajo presión por conseguir los mejores resultados posibles, las escuelas están inclinadas a darle a los adolescentes la impresión de que ellos solo tienen una oportunidad en los exámenes, que va a determinar el resto de sus vidas (a pesar de que esto no sea cierto). La ansiedad es transmitida a los padres - y esto, según Julie Lythcott-Haims, ex decano de estudiantes en Stanford y el autor de How to Raise an Adult, está teniendo un fuerte impacto en la salud mental de las personas jóvenes, ya que los padres se esfuerzan para maximizar los logros de sus hijos, viéndolos como una indicación de su propio mérito.
La responsabilidad por el sentido de autoestima de sus padres, es una carga difícil de llevar. Natasha Devon, primer campeona por la salud mental en escuelas, quien dirige talleres a través de su organización Equipo Autoestima, dice que a menudo se encuentra con jóvenes en escuelas independientes quienes son "hiper-conscientes de lo mucho que sus padres han gastado en su educación y de la expectativa que ellos tendrán en la universidad".
La Asociación de Salud en Colegios Americanos, encuestó 100.000 estudiantes en 53 campuses y encontró que el 84% de los estudiantes se sienten incapaces de hacerle frente, 79% están exhaustos, 60% se sienten tristes y más de la mitad están experimentando una ansiedad abrumadora. Lythcott-Haims asocia directamente estas conclusiones asombrosas, a la forma en la que los chicos se han convertido en un proyecto, no solo para sí mismos, sino también para el ego de sus padres.

Los estudiantes americanos (e incluso británicos), tal vez se estén preguntando para qué es todo su esfuerzo exactamente. El profesor de Yale, Bill Deresiewicz ha caracterizado la presente generación de estudiantes de alto rendimiento, como "ovejas excelentes", atormentado por el miedo de la falla y el no saber hacia dónde van. Ellos probablemente están preocupados de que en ninguna parte las proyecciones de la OECD para la economía mundial de acá al 2060, son desaceleraciones del crecimiento mundial y casi estancamiento de las economías avanzadas. La escuela de Oxford Martin, ha predicho que 47% de los trabajos en Estados Unidos son susceptibles a la automatización. Sarah Brennan, directora de Young Minds, dice que su organización ve a los chicos jóvenes de 11 años, preocupándose sobre la desocupación laboral.

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Estamos educando gente joven para un mundo que es improbable su existencia en 20 años y, podría decirse, no equipándolos con las habilidades que necesitan por el que va a existir. Y luego está el Internet, el cual ha crecido al mismo tiempo que la explosión de las enfermedades mentales en niños, y es con frecuencia visto como parte del problema, con el cyberbullying y la preocupación por la imagen corporal (creada en parte por la cultura selfie), a menudo citados como disparadores.
Los medios de comunicación no crean el bullying o las ansiedades sobre la imagen corporal (no cuenta que los porcentajes de bullying no hayan aumentado en los últimos 10 años). Pero la tecnología puede amplificar los problemas o darles nuevas formas de expresión. El cyberbullying puede ser particularmente doloroso. Pero la dificultar de ver los medios de comunicación como el problema, es que la tecnología que luego obtiene mayor dirección que las cuestiones subyacentes. Y después de la desintoxicación digital, los problemas permanecen.
Para la mayoría de las personas, los efectos de la tecnología son notables en los cambios, en su mayoría pequeños pero acumulativos, en nuestros estados de ánimo, modales, sentimientos, y las formas en las que llevamos nuestras vidas. El famoso experimento de Facebook, publicado en julio de 2014, en el cual se adulteraron los feeds de algunos usuarios para la propagación de la infelicidad, probaron que los medios de comunicación pueden afectar nuestros estados de humor (como si necesitáramos probar que Facebook nos hace sentir que todos están comiendo mejor comida que nosotros y saliendo con personas más geniales que nosotros).
Eso significa, que los medios de comunicación pueden también proveer apoyo a la gente joven, especialmente a aquellos quienes están debatiendo su sexualidad (44% de personas LGBT entre los 16 y los 24 años han considerado el suicidio) o se sienten aislados.
La tecnología es un blanco fácil para los adultos: es nueva, se mueve más rápido de lo que lo hacemos y es muy visible en la vida de los jóvenes. Pero tal vez algo de la energía que los adultos gastan preocupándose sobre la tecnología, sería mejor gastarla preocupándose sobre el mundo que crean y de las formas tanto de medios de comunicación como la psiquis de nuestros niños.

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Hay mucho sobre las enfermedades mentales que tal vez sea muy difícil de prevenir: susceptibilidad biológica, disparadores inevitables como las pérdidas. Tiene sentido enfocarse en la escasez de las terapias tempranas que son conocidas por hacer la diferencia porque, en este momento, Brennan dice "estamos invirtiendo en tener una población de adultos enfermos: 75% de las enfermedades mentales adultas, emergen antes de la edad de los 25 años y solo 50% de las personas jóvenes, están teniendo algún tipo de cuidado".
Aún cuando estás haciendo frente a una epidemia, necesitas pensar más que sobre el tratamiento. También necesitamos hacer preguntas difíciles sobre por qué los niños se sienten tan en desacuerdo con el mundo que debería, después de todo, ser todo sobre ellos y su futuro.


Caso 1:
Jordan Caldwell, 18.
Carnmoney, Co Antrim
Fui diagnosticado con anorexia a la edad de los 12. Mi abuelo y mis dos tíos habían muerto con una corta distancia de tiempo. Estaba representando a Northern Ireland en los partidos de fútbol; y tuve una llamada diciendo que ellos no me querían de vuelta. Decidí eso porque era muy gordo. Yo siempre he sido un chico muy grande y fuerte para mi edad, pero pensé que si perdía un poco de peso, podría ser capaz de jugar al máximo nivel nuevamente.
Por un tiempo, mi madre y mi padre pensaron que solo estaba siendo caprichoso. Desearía haber sido capaz de decirle a alguien antes que los pensamientos fuesen tan fuertes, pero no quería hacerlo. Luego un día mi madre me vio salir de la ducha y estaba horrorizada. Mis padres me llevaron al médico clínico, quien me trasladó a una clínica para desórdenes alimenticios. En mi primer visita, me hicieron algunas pruebas, sangre y presión arterial y todo eso, y dijeron que estaba muy enfermo para ir a casa. Estuve dos meses en el hospital. Ellos no sabían que hacer. Yo aún no comía.
Luego de que fui dado de alta, era muy agresivo. Estaba constantemente agitándome y gritando. Intentaba golpear mi cabeza con las cosas. Nunca olvidaré por lo que hice pasar a mi familia. Mi hermanita tenía miedo de decirme "hola". La anorexia fue como demonios dentro de mi cabeza, contándome qué hacer. Mi madre dice que había desaparecido. Ella dice que me vio luchar cada día y si hubiera sido una persona (las voces en su cabeza), ella los habría matado.
No había comido o bebido nada o lavado mis dientes por una semana -Pensé que la pasta de dientes tenía calorías- cuando tuve un ataque. Eso fue en mi 14° cumpleaños. Los doctores dijeron que después de todo, fue un milagro que haya sobrevivido. Estuve en un hospital psiquiátrico por algunos meses. Mi hermana pequeña tenía que vivir con mi abuela porque mis padres estaban conmigo diez horas al día y el hospital no quería que ella me viera en ese estado.
Eventualmente comencé a dar señales de mejoras -podía hablar- pero cuando fui dado de alta, las enfermeras predijeron que estaría de regreso en algunas semanas. Yo estaba arriba y abajo luego de eso pero estaba decidido a estar fuera del hospital. Quería que mi hermana fuese capaz de estar en casa. La enfermedad trató de separar a mi familia, pero se unió mucho.
Asistí tres o cuatro veces en la semana a la clínica de trastornos alimenticios de CAMHS, como un paciente externo. Tenía un entrenador personal, quien me ayudaba a ejercitar y hablaba sobre la necesidad de poner comida en mi cuerpo para poder hacerlo. Cuando la primera vez vino a ver, había una marca en la alfombra donde había estado haciendo lagartijas frenéticamente. Necesitaba a alguien severo conmigo. Hasta entonces, si discutía con mi madre y mi padre, no comía. Ahora estoy trabajando en el gimnasio como recepcionista y he pasado mi nivel 2 para ser un instructor. Aún me pregunto "¿por qué yo?" y no sé la respuesta. Siento que es importante hablar de ello. Si puedo ayudar a otra persona, eso es algo.


Caso 2:
Cerys Pumphrey, 18.
Bournemouth.

La crisis comenzó cuando una lapicera que había estado en la boca de alguien una o dos semanas antes, tocó mi mejilla. Comencé a llorar. Estaba en pánico absoluto; sentía que iba a enfermar. Mi corazón estaba en mi garganta: fue como cuando escuchar que un familiar cercano muere. Tenía casi 16 años y el estrés del GCSE (Certificado General de Educación Secundaria), estaba sobre-pasándome.
No puedo determinar con precisión el primer síntoma de mi trastorno obsesivo compulsivo (TOC): es una voz en mi cabeza , como la voz de la consciencia, y cuando era más joven tenía el poder de callarla. Con el tiempo, a los 16, no era capaz de controlarla. Creo que es un aspecto biológico: tengo TOC, mi primo tiene depresión, y ambos están asociados a niveles bajos de serotonina. Pero tiene que haber un disparador y para mí fue el estrés de los exámenes.
Luego del incidente de la lapicera, le conté a mi madre pero fue muy difícil para ella entenderme: estaba jugando rugby, había hecho mi Duque de Edinburgh; en su mente no había forma en la que pudiera tener un problema de salud mental. Reservé una cita con los médicos clínicos y había estado allí como dos minutos antes de que ellos me dijeran que necesitaba ser trasladada a la CAMHS (Child and Mental Health Services). Pensé que era por mis manos: era diciembre y cada invierno se agrietaban y secaban, hasta el punto en que no podía moverlas, porque las lavo demasiadas veces al día -Como unas 30, usualmente.
Fui realmente suertuda: solo tenía que esperar dos meses para mi cita con CAMHS. Todo fue un shock masivo para mi familia: ellos no sabían como tomarlo. El primer año con CAMHS fue un desastre. Continuaba teniendo ataques de pánico. Ellos venían si alguien que se cepillaba al lado mío, me parecía sucio o si pensaba que estaba sentada sobre un fluido corporal. La mayoría de las personas llaman a sus voces como "demonios", pero yo llamaba a la mía Helen.
Cuando cumplí 18, fui dada de alta de CAMHS. Ellos realmente me ayudaron a salir de algunas de mis compulsiones más débiles pero no somos capaces de hacerlo del lavado de manos. Estoy con el servicio adulto ahora. En mi última sesión de terapia, mi psicólogo dijo que la terapia cognitiva conductal podría funcionar bien conmigo.
Le conté a las personas una vez que comencé a ir a CAMHS. No iba a mantenerlo en secreto. Muchas personas pensaron que buscaba atención y otras no me creyeron. Me molesta cuando las personas dicen "soy un poco obsesivo-compulsivo", porque no es un juego. Lucho para explicar por qué hago ciertas cosas. Tengo que lavar mis manos hasta mis antebrazos en la escuela. Se ve muy extraño, lavar la mitad de mi brazo. Uso mucho jabón y tengo que lavarme tres o cuatro veces antes de dejar el baño. A veces tengo que lavar mi mochila si esta toca algo que siento que está sucio.
Estoy haciendo un certificado educacional avanzado y he aplicado para estudiar historia en la universidad. Las universidades para las que he aplicad tienen muy buenos servicios de salud mental; ese fue uno de mis criterios principales. Será difícil adaptarme, pero creo que estaré a salvo.


Caso 3:
Naomi Lea, 17.
St Asaph, Denbighshire.

Me di cuenta que algo estaba mal cuando tenía 14. Estaba estresada por mis exámenes, estaba teniendo ataques de pánico en la escuela y no podía estar en las clases. Estaba predicho que realizaría todos los As y A*s (exámenes para conseguir un certificado) para los GCSE (Certificados Generales de Educación Secundaria) pero mi autoestima estaba demasiado baja, y no pensaba que fuese posible. Estaba aterrada de la idea de que los profesores me preguntaran algo en clase.
Comencé a autolesionarme. Lo escondí bastante bien; nadie notaba lo que estaba haciendo. Me convertí en alguien sumamente tranquila y no socializaba o hablaba en clase. Mis profesores pensaron que eso se debía a que era tímida.
Justo antes de mis GCSEs, decidí que había tenido suficiente y que hablaría con un maestro sobre lo que estaba sintiendo. Una vez que lo hice, la escuela me consiguió una cita con CAMHS. Tuve que esperar al rededor de seis meses -había una lista de espera horrorosa- y tuve cuatro sesiones con un consejero escolar en ese tiempo.
Realmente luché con los primeros exámenes. Perdía la concentración y me quedaba en blanco. A medida que pasaban, me ponía realmente ansiosa de antemano pero una vez que estaba ahí, podía manejarlo. Eventualmente, hace un año, cuando comencé con CAMHS, le contamos a mi madre. Ella no lo comprendía. Es una madre soltera -o lo era en ese momento, ahora está en una relación. Es muy difícil para los padres lidiar con ello.
Una vez que quedé en la lista de espera, tuve una buena relación como mi psicólogo y tuve un curso de terapia cognitiva conductal (TCC) la cual era de mucha ayuda: aprendí habilidades que me ayudaron a manejar mi ansiedad. Cuando me dieron de alta, sentí que no estaba lista pero ellos querían que viera si podía lidiar con ello sola. Los primeros meses sentí que lo podía controlar, pero las cosas se salieron de control recientemente, posiblemente porque estoy trabajando en los certificados de nivel A. Y estoy en la horrible lista de espera nuevamente.
He aplicado para la universidad y deseo que la independencia me ayude a aprender a controlarme mejor. Todo el tiempo que estuve en la escuela, nunca tuve una clase sobre salud mental. Vi posts online sobre un proyecto con Fixers (un grupo de soporte a la salud mental) y quise hacer una película que mostrase a los alumnos en los años inferiores de la secundaria, sobre reconocer los síntomas. Tengo un taller sobre eso en la escuela y lo publicamos en Facebook, y fue mostrado en las noticias televisivas.
El mundo online, apoyó mi red. La mayoría del tiempo fue de mucha ayuda. Hice amigos con los que puedo hablar regularmente y eso me dio a alguien con quien quejarme sobre mi día cuando no puedo contarle a mis compañeros de clase. Creo que ellos me juzgarían.

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