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Atenas, historia, mitos y naturaleza

Atenas, historia, mitos y naturaleza

Desde el Partenón hasta el cabo Sunión y desde el Templo de Zeus hasta la isla de Égina, aquí se entrecruzan los aromas y sabores del Mediterráneo y las voces de Homero y de Antígona


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La cuna de la democracia
Desde el monte Licabeto se divisa el Partenón iluminado, la gran ciudad y, a lo lejos, la silueta de la isla Egina.


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Más que un centro cultural
El Centro Cultural de la Fundación Niarchos incluye la Ópera Nacional de Atenas y la Biblioteca Nacional de Grecia.



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Templo de Hefestón
Del año 440 a.C., es el mejor conservado del ágora, centro de la vida social, religiosa y política de la Atenas Clásica.


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El gran bazar ateniense
La atmósfera oriental que envuelve el Mercado Central y el dédalo de calles que lo rodean, en pleno casco antiguo de Atenas, cautivan de inmediato. Hasta 150 puestos de marisco y pescado fresco, 100 carnicerías y 80 que venden frutas y verduras se reparten el edificio del mercado, una construcción de 1875 con techo de vidrio y grandes arcos. Perderse en su interior y orientarse solo por las voces de los vendedores y los olores supone un reto de lo más estimulante.


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Más allá del mercado
Una vez fuera, la sensación de hallarse en un bazar turco o egipcio se intensifica. En la calle Evripídou, las tiendas de especias, frutos secos, queso feta, aceitunas y ouzo seducen con sus cientos de variedades; y al girar la esquina, los orfebres llaman la atención del cliente con sus creaciones de cobre, plata y latón. La mejor manera de llegar a él es desde la plaza Omonia por la calle Athinas.


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legado romano y turco
El emperador Adriano rodeó el ágora de columnas y porches para las mercancías. A la derecha se ve la mezquita de Fethiye, construida por los turcos en el siglo XV.


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Monastiraki
La iglesia Pantanassa (siglo X) formaba parte del monasterio que da nombre al barrio situado entre la Acrópolis y el ágora romana.


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Odeón de Herodes Ático
Fue construido por el cónsul romano en el siglo II d.C. al pie de la Acrópolis. Tenía muros revestidos de mármol, asientos para 5.000 espectadores, suelo de mosaicos y techo de madera.


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Plaka
El camino hacia la Acrópolis discurre por calles encantadoras, con tabernas típicas, iglesias y edificios de la época otomana.


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Al pie del monte de los dioses
Los barrios de Plaka y Monastiraki reúnen una gran actividad comercial. Son las zonas pobladas más antiguas de la ciudad.


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Un tesoro dispuesto para ser admirado
Atenas es una de las ciudades más generosas a la hora de compartir su patrimonio arqueológico con el público. No solo porque es posible contemplar templos en el mismo lugar donde fueron erigidos hace más de dos mil años, sino porque posee los dos museos de arte clásico más interesantes del planeta: el Museo Arqueológico Nacional y el Museo de la Acrópolis. El Arqueológico Nacional exhibe por orden cronológico objetos hallados en Grecia, objetos de la Edad de Bronce, escultura helenística y piezas halladas en Micenas. El Museo de la Acrópolis se ha convertido en una visita indispensable. Casi en la entrada, un suelo de vidrio muestra los restos de un sector de la ciudad antigua de Atenas. Conserva numerosas esculturas y piezas de los edificios de la Acrópolis, como son los Propileos, el templo de Atenea Niké, el Erecteion y el Partenón, además de la Sala de las Cariátides.


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Cabo Sunión
El templo de Poseidón recuerda la importancia de este enclave para los antiguos griegos.


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Mapa del centro de la ciudad de Atenas
De cara al mar Egeo, la capital griega se halla en la costa suroeste de la península de Ática.



Atenas, historia, mitos y naturaleza

Precisamente porque Atenas es el emblema universal del mundo clásico y porque concentra una abrumadora cantidad de monumentos arqueológicos, entre los que destaca el recinto de la Acrópolis, quizá lo mejor sea comenzar por lo más reciente: el nuevo polo cultural diseñado por Renzo Piano para la Fundación Niarchos, donde la Ópera Nacional de Grecia y la Biblioteca Nacional vertebran un espacio único en el mundo.
Desde el punto de vista constructivo, urbanístico y también funcional, la apuesta de Piano por un pulmón verde que una mar y ciudad, reinterpretando los conceptos de la arquitectura clásica, ha supuesto un revulsivo para la capital griega. Desde el litoral hasta la Acrópolis la memoria de la democracia subraya el pasado de Atenas. Con su recuperación del concepto del ágora como lugar de encuentro, el arquitecto italiano hace dialogar a unos metros del Egeo el mito de la Odisea con la silueta de la Acrópolis recortada en el perfil de la ciudad.

Espacios exteriores e interiores combinan el goce de las artes (dos escenarios) con la serena alegría de convivir en la polis, entre plantas autóctonas, áreas para el descanso y una biblioteca con dos millones de volúmenes. La armonía visual del conjunto honra el nombre del barrio, Kalithea, literalmente "bellavista" o "vistahermosa".


La Atenas de hoy
La anterior sede de la Biblioteca Nacional, de 1832, continuará albergando algunas de sus funciones originales. Situada casi al lado de la plaza Syntagma, forma parte de la tríada de edificios neoclásicos –junto al antiguo Paraninfo de la Universidad y la Academia de Atenas– pensada por el danés Von Hansen a principios del siglo XIX, cuando nace la moderna nación griega. Tiene un jardín privado con uno de los cafés más agradables de la ciudad.

Apenas 300 metros separan este lugar de la plaza de Syntagma, centro geográfico de la capital. En homenaje a las constituciones inspiradas en el siglo de Pericles, hace 2.500 años, el centro vital de Atenas se llama Syntagma. Ahí se encuentra el Parlamento, instalado en el antiguo Palacio Real, que fue residencia de los reyes griegos hasta 1935. El edificio muestra sus líneas clásicas ante la Tumba del Soldado Desconocido, custodiado noche y día por la guardia de evzones. Su gran escalera de mármol sirve hoy de punto de encuentro a los atenienses. Metro, autobuses, coches y peatones se reparten este espacio colorido al que asoman hoteles, ministerios y negocios tradicionales.


Los contiguos Jardines Nacionales combinan una belleza retro con una paz casi inexplicable a tan poca distancia de las grandes avenidas que articulan el tráfico. En las inmediaciones, el estadio Panathinaiko, popularmente llamado Kalimármaro por su deslumbrante mármol, las olímpicas columnas de Zeus y la puerta del emperador Adriano invitan a continuar, según la hora del día, hacia un costado o hacia otro. Rumbo oeste se sigue el paseo peatonal de Dionisio Areopagita. En sentido contrario, se descubre la casi secreta arquitectura –rural y vanguardista– del barrio de Metz, el Primer Cementerio y las noches de jazz en el Half Note o de música rebética en los muchos locales que mantienen la tradición, entre marginal y nostálgica, de los griegos expulsados de Turquía en los años 1920.

Los barrios de Plaka y Monastiraki, llenos de agradables tabernas y cafés con espectaculares vistas, resumen la historia de la Grecia clásica. El recinto de la Acrópolis, con el ágora y el areópago, son la cumbre no solo de un terreno elevado que ilumina la cultura occidental desde hace 25 siglos sino el promontorio ideal para contemplar la vasta ciudad que Theo Angelópoulos (1935-2012) inmortalizó en el cine.

Una entrada combinada permite acceder al recinto y a otros monumentos esenciales, como la Biblioteca de Adriano, el Templo de Zeus o el Museo de la Stoa, modélico ejemplo de la restauración arqueológica de mediados del siglo XX. En el ascenso hacia el Partenón se disfruta de la incomparable suma de arqueología, arte y cultura que son los teatros de Herodes Ático y de Dionisos, los propileos, el templo de Atenea Niké y el Erecteion, donde una reproducción de las Cariátides subraya, junto a un modesto olivo arbequino, la grandeza de esta cultura milenaria, inseparable de la tierra y el mar que la baña.


Las auténticas Cariátides esperan al viajero, recién restauradas, a solo 500 metros en el maravilloso Museo de la Acrópolis. Diseñado por Bernard Tschumi, expone una de las mejores colecciones de arte clásico del mundo y algo aún más valioso: la vista del Partenón enmarcado por unos ventanales diáfanos que protegen los frisos originales. Entre ellos hay espacios vacíos reservados a los que Thomas Bruce Elgin se llevó a Inglaterra entre 1801 y 1805 y que hoy se exhiben en el Museo Británico de Londres. Su devolución se ha convertido en uno de los caballos de batalla identitarios de la Grecia contemporánea desde que la gran actriz y ministra de cultura Melina Merkouri tomara la iniciativa en los años 80.

Una ciudad a través de sus barrios

La riqueza arqueológica de Atenas se derrama hacia el mar y deja en el distrito de Kiramerikos uno de sus momentos más luminosos. Paseando desde el barrio de Thisío por la calle peatonal Ermou nos desviamos hasta Psirí, una zona de casitas bajas ahora reconvertida para la diversión, el artisteo y la noche. Viejas ferreterías y talleres conviven con lofts de diseño, hubs de coworkers –en Atenas casi todo el mundo habla inglés– y bares a la última.

El bullicio y la fiesta continúan en el barrio de Gazi. Esta antigua área de fábricas, desde gas y electricidad hasta el mítico chocolate Pavlidis, cuyo aroma impregna el aire, alberga ahora algunos de los mejores teatros, clubs, restaurantes, modernos museos como el nuevo Benaki y espacios polivalentes como Technópolis. La sala Gazarte, por ejemplo, programa espectáculos de fama mundial y en sus barras se deja ver toda figura nacional e internacional que se precie.


La pujante modernidad y el cosmopolitismo no debe distraernos de atractivos tradicionales como la calle Athinás y el viejo Mercado Central. Desde la madrugada hasta bien entrada la tarde es posible pulsar aquí la vida real de la ciudad con sus ofertas de carne y pescado fresco y, a su alrededor, los centenares de pequeños comercios donde comprar especias, embutidos de Asia Menor o cachivaches olvidados ya en otros lugares. Entre las calles de Eurípides, Sócrates y Eolo se pueden pasar horas enteras de compras, asombros, cafés y copas. Y por supuesto souvlakis, imprescindible aportación de los griegos al arte de asar cualquier tipo de carne al carbón.
El mapa de los aromas de Atenas alcanza una riqueza y una intensidad solo comparable a las leyendas de la tradición oriental. Según reza una broma el café es la base de la alimentación de los griegos; sería un pecado no disfrutar de sus infinitas variedades, incluido el griego (helenikó), que se prepara sin filtro en un cacillo de cobre o latón y que bajo ningún concepto debe ser llamado café turco, salvo que se quiera iniciar una larga y acalorada discusión sobre la paternidad del invento.

Otra de las sorpresas de Atenas es la portentosa cantidad de librerías –muchas de ellas internacionales– y la placentera forma en que se combinan con cafeterías, galerías y lugares de encuentro en los que conectarse gratuitamente a internet, estudiar o simplemente descansar de las largas caminatas.

Porque la mezcla de estilos arquitectónicos es otro de los motivos por los que nunca se desaprovecha el tiempo en Atenas. Cada siglo parece haber dejado un testimonio en este gran milhojas donde se superponen las columnas de la Antigüedad y el experimentalismo del siglo XX con horrores de cemento, elegantes villas con jardín del XIX, destellos de la innovadora arquitectura industrial y un ingenioso aprovechamiento de los accidentes del terreno.



Dos miradores imprescindibles

Un moderno teleférico sube desde el corazón del elegante barrio de Kolonaki al monte Licabeto, otra elevación perfecta para observar la vasta extensión de Atenas. En pocos minutos se alcanza la cima (277 metros), desde donde se contempla el golfo Sarónico dominado por la silueta de la isla de Égina, capital del pistacho griego y sede del santuario de Afaya. Esta joya del estilo dórico fue, junto al Partenón y al templo de Poseidón, uno de los enclaves griegos de más relevancia en los siglos IV y V a.C. Viajar a Égina, tanto en los clásicos ferries con cubiertas a cielo abierto como en los rápidos flying dolphins, es una deliciosa aventura que nos adentra en el mundo insular y en la cultura de la navegación, inseparable de la vida griega.
Por carretera, la riviera ateniense serpentea hasta el cabo Sunión regalando inmejorables estampas del azul sobre playas salpicadas de buenas tabernas. Siempre frente a maravillosas vistas del horizonte, estos locales permiten degustar ricos pescados, verduras de temporada y frituras exquisitas. Apenas una hora al sur de la ciudad de Atenas, el templo de Poseidón se alza con la misma elegante entereza con que vio al dios Egeo lanzarse al mar creyendo que su hijo Teseo había muerto en combate con el Minotauro. Y cada día aguarda la puesta de sol –para muchos la más bella del mundo– sobre sus columnas de mármol de Agrileza, en las que Lord Byron dejó su firma y donde hoy se miran y fotografían los enamorados y los que esperan que el dios de los mares cumpla los deseos que la vida, a veces, tarda en conceder.



Recorrido de Atenas a Meteora

La Acrópolis es la primera etapa de este viaje hacia la región del Epiro y los montes de Meteora

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Etapas repletas de atractivos en el viaje a Grecia
1 Atenas. La visita a la Acrópolis y un paseo por los barrios de Plaka y Monastiraki, a los pies del monte, son ineludibles.

2 Delfos. Aquí estaba el oráculo que decidió el destino de pueblos y reinos.

3 Mesolongi. Las lagunas de esta reserva del litoral son el hábitat de cientos de aves. Sus pueblos pescadores conservan antiguas tradiciones.

4 Parga. Destino de playa familiar. Cuenta con calas encantadoras.

5 Garganta de Vikos. La caminata por este profundo cañón es muy recomendable. Se visitan aldeas de montaña de cultura balcánica.

6 Meteora. Hasta 23 iglesias bizantinas erigidas en lo alto de peñas.




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La Acrópolis
El monte sagrado de Atenas es una visita ineludible en todo viaje a Grecia. En la imagen, el templo del Erecteión.


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Monasterio de Osios Loukas
Mosaicos y frescos bizantinos decoran los muros y techos de este conjunto religioso dedicado a san Lucas.


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Atenas
A los pies de la Acrópolis se extienden los barrios de Plaka y Monastiraki, los más tradicionales de Atenas. En la imagen, la plaza Monastiraki.


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Marismas de Mesolongi
Una serie de lagunas saladas conforman este parque natural. En invierno es posible observar aves migratorias, águilas pescadoras y el amenazado pelícano ceñudo. Un paseo en bicicleta o coche por las estrechas lenguas de tierra que separan las lagunas del mar permite ver barcas de pesca, pasar junto a casas sobre palafitos y también degustar las anguilas o el denominado sushi de Mesolongi.


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Delfos
El santuario de Apolo y el de Atenea Pronea fueron uno de los centros espirituales más influyentes de la Grecia Antigua.


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Parga
El principal centro costero de la región de Epiro es una agradable población de tradición pesquera. En los alrededores hay varias playas de roca donde aún faenan las barcas de pesca al atardecer. La carretera litoral que comunica Parga con Preveza pasa junto a algunas de las calas más bonitas.


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Paseo por Ioanina
La capital del Epiro tiene un centro amurallado, famoso por sus artesanos plateros, y un castillo reformado en el XIX por los otomanos que aloja mezquitas y museos. Es agradable llegar a la isla de Nisi, en el lago Pamvotis, para contemplar la ciudad rodeada de montañas y pasear por su única población. Cerca de Ioanina se hallan las cuevas de Perama y poblaciones de interés histórico como Lingiades.


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Garganta de Vikos
Con 12 kilómetros de longitud y casi mil metros de profundidad, es la ruta senderista más bonita del Parque Nacional Vikos-Aoos, en los montes Pindo.


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Meteora
Los seis monasterios que quedan en pie datan del siglo XVI. Aunque restaurados, los interiores conservan la decoración con frescos y maderas policromadas.


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Monasterio de Rousanou
Por su emplazamiento y sus frescos del siglo XVI, es uno de los conjuntos más impresionantes de Meteora. A lo lejos se distingue Varlaam.

Recorrido de Atenas a Meteora

Desde la Acrópolis, la «roca sagrada» de Atenas, la capital griega se divisa como la inmensa urbe que es y que agrupa a casi la mitad de la población del país. A los pies del mítico monte sobre el que se erige la maravilla arquitectónica que es el Partenón se hallan los barrios de Monastiraki y Plaka, dos remansos de paz en algunos de sus rincones, con plazas y calles estrechas flanqueadas por restaurantes tradicionales.

El bullicio de la megalópolis desaparece en cuanto se toma rumbo norte para descubrir los paisajes y las joyas artísticas que Grecia atesora en las regiones de Sterea Ellada, Epiro y Tesalia, desde vestigios de la Antigüedad clásica hasta los monasterios bizantinos de Meteora. Una vez se deja la autopista por el desvío hacia Distomo, aparece el monasterio de Osios Loukas. Este conjunto bizantino del año 1011 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por los mosaicos que decoran el nártex y los frescos de la cripta.

Tras esta primera parada, la carretera se estrecha y se llena de vericuetos antes de penetrar en la región previamente conocida como «tierra ágrafa» o sin registros de población, pues su relieve montañoso desanimaba a las autoridades otomanas a ir a reclamar los impuestos. Allí se encuentra Delfos, protegido por profundos valles y colgado de la ladera del monte Parnaso, hogar de las musas en la Antigüedad y hoy estación de esquí. Su templo de Apolo albergaba el oráculo que cambió la suerte de tantos imperios. Las sentencias de las sacerdotisas alcanzaron tal fama que Delfos se convirtió en ciudad internacional, protegida por una liga de estados. Para asegurarse oráculos favorables, soberanos de naciones diversas la colmaban de regalos que luego eran guardados en unos templetes denominados Tesoros. Un poco más abajo se halla el santuario de Atenea Pronea, cuyo tholos o templo circular era de una perfección arquitectónica tal que incluso fue objeto de estudio en su propia época.

Llega el momento de descender hacia la costa, cambiando así de paisaje y de época histórica. Algo más de cien kilómetros en dirección oeste, se halla la ciudad de Nafpaktos, antes denominada Lepanto, donde las armadas de la Liga Santa (los Estados Pontificios, España y Venecia) se enfrentaron al Gran Turco en 1571. El centro histórico lo componen casas de muros blancos agrupadas en torno a un puerto amurallado. Corona la ciudad un castillo construido y reconstruido por bizantinos, albaneses, venecianos y otomanos.

Recorriendo el litoral
Después de contemplar una hermosa vista de los golfos de Corinto y Patrás desde el castillo de Nafpaktos, la ruta alcanza las lagunas de Mesolongi, donde falleció el poeta inglés lord Byron en 1824 mientras trataba de organizar la revuelta griega contra los otomanos, y recorre la costa hasta la población de Préveza.

La carretera discurre al borde de acantilados asombrosos, atrapada entre altas paredes rocosas y el azul oscuro del mar. La orografía de Grecia es muy curiosa, pues las montañas crecen con tamaño estratosférico junto a la costa, en lugares donde en otras regiones habría suaves arenales o deltas. El paisaje se completa, allá donde las montañas dejan hueco, con llanuras en las que se extienden fértiles tierras de cultivo y pueblos apacibles. Desde lo alto de los acantilados, si el día es despejado, se divisan las Equínadas y las islas jónicas de Zante, Kefalonia, Ítaca y Lefkada. La vista no es capaz de distinguir qué es ínsula y qué tierra firme, pues son tantos los cabos, golfos, bahías, salientes de tierra y entrantes de mar que conforman el accidentado mapa de Grecia, que a vista de pájaro semeja una bandera hecha jirones.

Préveza, que domina la entrada del inmenso golfo de Arta, guarda con Lepanto un parentesco histórico. Si la batalla de Lepanto supuso detener el expansionismo otomano por el Mediterráneo, la de Préveza, que 33 años antes enfrentó a la flota hispanogenovesa y a la otomana, había confirmado el dominio turco sobre el Mediterráneo. Curiosamente, quienes comandaban cada bando, Andrea Doria al frente de las naves españolas y Barbarroja ordenando las turcas, son todavía hoy considerados grandes almirantes en su tierra o crueles piratas en la del contrario.

La Grecia balcánica
Antes de penetrar en la región de Epiro, fronteriza con Albania, conviene descansar en las playas que se alargan hasta Parga. Hacia el interior, el paisaje mediterráneo deja paso al balcánico, con torrentes encajados en cañones escarpados como el de Vikos y pueblos con tejados rojos a cuatro aguas para que la nieve no se acumule en invierno. Un buen ejemplo de esta arquitectura es Ioanina, junto al lago Pamvótis. Esta ciudad fue un importante núcleo comercial y de poder bajo el gobierno del ilustrado pero cruel déspota Alí Pachá (1741-1822), que acabó asesinado en la isla de Nisi por sublevarse contra el sultán Mahmud II. Su figura fascinó a los pintores románticos y lord Byron lo inmortalizó en sus versos.

Desde Ioanina hacia la frontera albanesa el paisaje crece en altura hasta alcanzar su máxima cota en los montes Pindo. Este macizo boscoso alberga el Parque Nacional Vikos-Aoos, una reserva que lleva el nombre de dos gargantas descomunales, la de Vikos y la del río Aoos. La primera, con doce kilómetros de longitud y mil metros de profundidad en algunos tramos, es una de las excursiones más impactantes de Grecia. A lo largo de las siete horas que se tarda en recorrer el cañón se pasa por pueblos de montaña, miradores y ermitas solitarias.

El viaje por la Grecia septentrional continúa 150 kilómetros en dirección oriental, donde las estribaciones de los Pindo se dan de bruces con la llanura de Tesalia. En el siglo IX allí decidió instalarse un grupo de eremitas ortodoxos que, cinco siglos después y buscando protección del avance turco, edificaron una veintena de monasterios sobre las peñas de Meteora, con la sola ayuda de poleas y sus propias habilidades de escalada. Los seis que quedan en la actualidad disponen de escaleras talladas en la piedra para facilitar el acceso. Conviene aprovechar la mañana para iniciar la visita de Meteora en el monasterio de Megalo Meteoro, el mayor, y después ir descendiendo a través de senderos y carreteras hasta ver los otros cinco, especialmente Rousanou y Varlaam. A primera hora del día, cuando las nieblas todavía no se han disipado, se ven los imponentes peñascos y sus tocados eclesiales surgir de entre las nubes. Entonces se comprende por qué este lugar recibe el nombre de Meteora: «rocas suspendidas en el aire».

Para saber más
Documentación: el DNI o el pasaporte.

Idioma: griego.

Moneda: euro.

Horario: 1 hora más que en España.

Cómo llegar: Hay vuelos diarios hasta Atenas. El aeropuerto Eleftherios Venizelos se sitúa a 27 km del centro de la ciudad; dispone de estación de metro y tren.

Cómo moverse: Atenas es la única ciudad griega con metro; el abono de 24 horas permite utilizar autobuses y metro sin límite de viajes. Para trasladarse por la Grecia continental, el autobús y el tren son los medios más recomendables. Los autobuses (diarios) hacia Delfos y Meteora parten de la Terminal B de Liossion. Los trenes interurbanos (IC) son rápidos y modernos, una buena alternativa para llegar a Delfos y a Meteora. Como los taxis de las zonas rurales carecen de taxímetro, hay que pactar el precio antes.

Alojamiento: En la zona continental son habituales los domatia, alojamientos similares a los bed&breakfast pero sin desayuno, con cocina y, en ocasiones, baño compartido. En general los hoteles griegos se dividen en seis categorías: lujo, A, B, C, D y E.




link: https://www.youtube.com/watch?v=QastSumCCiI




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Comentarios Destacados

17 comentarios - Atenas, historia, mitos y naturaleza

-KIN- +8
Qué hermosa que es Grecia mamita !!! Si a eso le sumamos todas las hermosas islas que tiene....
WalterRodriguez2 +1
Si totalmente,Me diste la idea ayer, ya me falta poco para subir de rango.
undopol +3
meteora

maravillosa Grecia
el_perro08 +1
Lindo Grecia, para cvarse unos vinitos y un par de aceitunas.
purgati_cacho
solo entre para ver fotos de los cabalesteros
Rotomate- +2
Buen Post.

Lastima que Grecia también esta siguiendo los pasos del resto de europa y llenandose de africanos y musulmanes.
Rotomate- +2
Te faltó la Magna Grecia en la peninsula italica, la isla de creta, la grecia de Asia Menor.

Te quedaste con las fronteras actuales nada mas y no todo lo que fue la Helade.
UlisesFranchini +1
Grecia tiene todo, arquitectura, cultura, minas, las mejores playas de toda europa junto con Croacia
aticuss +1
Buenisimo, paso mas trade con un 10
hyogadeacuario +1
Puta madre, como me gustaria ir a Grecia. +10 lince.
matikpo +4
LES DEJO ALGUNAS FOTOS PROPIAS

Atenas, historia, mitos y naturaleza

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TIRANDO FACHA COMO BUEN ARGENTINO PROMEDIO, ALTO, RUBIO Y ARIO

atenas
WalterRodriguez2
Que piola,
rutero2004 +1
Creo que Grecia es mi próximo destino, muy lindo, mucha historia, y me encanta la arquitectura antigua. Increible lo que deben haber sido esos imperios en sus épocas de brillo.
raxod +1
Maravilloso lugar. Como para no dejar de conocerlo